António Costa y Pedro Passos Coelho, reunidos en 2015
António Costa y Pedro Passos Coelho, reunidos en 2015 - EFE

Portugal acude a las urnas con las batallas de Lisboa y Oporto en primer plano

Las elecciones municipales de este domingo 1 de octubre miden las fuerzas de António Costa y Pedro Passos Coelho

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Tiempo de elecciones municipales en Portugal, cuando han transcurrido dos años de las últimas legislativas y faltan otros tantos para votar un nuevo Ejecutivo, con el actual gozando del respaldo de las cifras macroeconómicas pero varias asignaturas pendientes para no caer en el abismo.

Por ejemplo, la altísima deuda pública. Por ejemplo, el frágil sistema financiero. Pero, naturalmente, los comicios de este domingo 1 de octubre tienen un cariz local y dos grandes batallas en ciernes: las alcaldías de Lisboa y Oporto, las dos principales ciudades del país.

Los socialistas se adueñaron de las dos, pero la mitad del panorama ha dado un vuelco. Mientras Fernando Medina exaspera a los ciudadanos con las decenas de obras que salpican la capital portuguesa, el independiente Rui Moreira ha roto su alianza con el partido fundado por Mário Soares, harto de que se apropiasen de su marchamo.

De modo que la guerra está servida en Oporto. Moreira continúa atrayendo a la gente con su indudable (y polémico) tirón y el socialismo autóctono se vio obligado a sacarse de la manga un candidato de la noche a la mañana… hace menos de seis meses. Es Manuel Pizarro, quien intenta que su contrincante no alcance la mayoría absoluta.

Por su parte, los socialdemócratas de Pedro Passos Coelho no parecen atravesar su mejor momento, en vista de que se les ha adelantado por la derecha la aspirante a alcaldesa de Lisboa del renovado CDS: Assunçao Cristas, relevo del excéntrico Paulo Portas.

Sus propuestas no dan muestras de apoyarse en sólidos cálculos de costes (como cuando se atreve a decir que triplicará el número de estaciones del metropolitano, sin especificar más), pero se ha multiplicado en todos los frentes y ha logrado transmitir que está en todas partes.

Su demostración de fuerza en la mismísima Plaza del Ayuntamiento este pasado jueves 28 de septiembre apunta a una rival de altura, en principio con mayor predicamento que Teresa Leal Coelho, del PSD.

En cuanto al Partido Socialista, vuelve a apostar por Fernando Medina, más beneficiado por la inercia nacional del Gobierno que por sus logros específicos.

A muchos militantes de la izquierda no les hizo gracia que se reuniera en privado con Madonna, recién instalada en Lisboa. ¿Qué hacía un socialista de pro dando garantías a la frívola mujer de negocios y reina del pop?

Mucho más grave para los lisboetas de a pie se revela el hecho de que el transporte público de la ciudad bate récords de ineficiencia y caos.

Una simple muestra: la estación de Arroios ha cerrado para acometer su remodelación y no reabrirá sus puertas hasta 2019… para desesperación de la amplia franja de población residente entre las zonas de Alameda y Anjos.

Para colmo, a Fernando Medina le han sacado a la luz un asunto algo espinoso. ¿Se benefició económicamente con un par de operaciones inmobiliarias? Las dudas y una denuncia anónima han desembocado en que la Fiscalía tome cartas en el asunto.

Hasta el mismísimo José Sócrates ha reaparecido en el «planeta socialista». El ex primer ministro, aquel que fue considerado algo así como «Zapatero portugués», cuenta las semanas para que se haga pública la sentencia por la «Operación Marqués», pero se niega a ahogarse en el pozo de las sospechas de corrupción y reclama su protagonismo de cara a estos comicios.

¿Le hace un flaco favor a Fernando Medina anunciando públicamente su respaldo al actual alcalde? Muchos ciudadanos piensan que sí, entre otras cosas porque puede significar que tal vez António Costa no domina todos los hilos del partido.

El primer ministro se ha escudado a lo largo de los últimos meses en los logros de su ministro de Finanzas, Mário Centeno, que podría ser llamado para cometidos mayores en caso de que prospere su favoritismo para ejercer como nuevo presidente del Eurogrupo.

Costa suspira por el olvido de la población. Sí, porque su nefasta gestión de la tragedia del incendio de Pedrógao Grande en junio (donde fallecieron 64 personas) hizo que su popularidad cayese por los suelos. Su imagen ha quedado tocada, pero el foco de las elecciones municipales puede fijarse en otras metas. Al menos, eso aguarda.

¿Y Passos Coelho? Pues ha elevado el tono antigubernamental, no solo después de la oleada de incendios que retrató las carencias institucionales sino también aprovechando el insólito robo de armamento en el almacén de Tancos, otro asunto para sacar los colores a los socialistas.

Su gran problema, no obstante, puede ser la contestación interna. Las encuestas no auguran buenos resultados para el Partido Socialdemócrata y Rui Rio se postula como su sucesor, que para eso aguarda los resultados electorales con la intención de ir más allá.

Lo que está claro es que las medidas tomadas en su día por el PSD sirvieron de caldo de cultivo para que hoy Portugal pueda disfrutar de la bonanza económica.