Internacional

Los pecados y calamidades de Hollande, el presidente francés más odiado en 50 años

El terrorismo yihadista y las lagunas en seguridad, las falsas promesas, una economía en crisis e incluso los líos de faldas marcan el fracaso de la gestión del mandatario socialista

Los pecados y calamidades de Hollande, el presidente francés más odiado en 50 años

François Hollande ganó en 2012 con la etiqueta de «presidente normal» tras los hiperactivos años de Nicolas Sarkozy en el Elíseo. Cinco años después, su proyecto de país ha fracasado y será el primer jefe de Estado galo que renuncia a su reelección desde la proclamación de la V República en 1958 al batir, con su 4% de aceptación, todos los records de impopularidad.

El mandatario socialista llegó a la presidencia de Francia con el paro al alza y la economía atrofiada. Temores que propagó el semanario The Economist llevar a su portada varias baguettes simulando una bomba de relojería. Hollande reconoció ayer su fracaso: atizado a su izquierda y a su derecha, sus detractores le han acusado de no cumplir sus promesas, de engañar al electorado y de llevar a Francia al abismo.

«Invertir la curva del paro en un solo año»

A su llegada, Hollande se comprometió a invertir la curva del paro «en un solo año»: en abril de 2012 era del 9,6%, en cambio hoy es del 9,9 tras haber rebasado el 10,5% en varias ocasiones. Hollande señaló también a los ricos con potenciales subidas de impuestos de hasta el 75%. Trascurrido un tiempo, tuvo que enterrar la medida. Su particular «caza de brujas» llevó a que a la estrella del cine patrio Gérard Depardieu cambiara el 'pastis' francés (bebida alcohólica con sabor a anís) por el vodka, abriendo su propia destilería en Rusia. El actor consiguió la nacionalidad rusa gracias a su amistad con el presidente Vladimir Putin.

Hollande quiso combatir a los ricos y mejorar la recaudación de impuestos, pero en este campo el principal enemigo lo tenía en casa. El primer ministro de Presupuesto del Gobierno socialista, Jérome Cahuzac, le asestó uno de sus primeros reveses: renunció después de confesar que tenía una cuenta opaca en Suiza. Esto ocurrió en el primer trimestre de 2013, ya entonces la popularidad del presidente había bajado bajado al 30%, del 60% de cuando llegó al poder. Después de este acuerdo, los ministros se han visto obligados a publicar su patrimonio y se han aprobado dos leyes en materia de transparencia en la vida pública, informa AFP.

En los meses previos a la Eurocopa del pasado verano, la reforma laboral de Hollande provocó tal controversia que desató una ola de protestas y violencia durante semanas, con decenas de miles de trabajadores, jóvenes y estudiantes en las calles. Tuvo que recurrir tres veces a un recurso constitucional para sacarla adelante pese a la oposición del Parlamento.

Si en 2012 ganó gracias a sus promesas económicas y a los anhelos de devolverle a Francia su estatus de contrapoder frente a Alemania en la UE, su renuncia quedará marcada por los años más duros del terrorismo en Francia desde la guerra civil argelina de los noventa.

Islam y yihadismo

A falta de pocas semanas para las elecciones de 2012, Hollande presenció como candidato socialista una señal de lo que sería su futuro quinquenio. El joven Mohamed Merah, de ascendencia argelina y natural de Toulouse, pasó de la delincuencia común a matar a 7 personas en nombre de Alá en una serie de tiroteos, grabados con una cámara GoPro pegada al pecho, contra militares franceses en activo y más tarde contra un adulto y tres niños de una escuela judía, en Montauban y Toulouse.

Primero Al Qaida y más tarde el autodenominado Estado Islámico apuntaron con su propaganda al «enemigo francés» para desestabilizarlo tras su incursión en el Sahel, la expulsión de los yihadistas de Tombuctú (Mali) y más tarde la entrada en Centroáfrica. Estas operaciones contrastaban con el tinte no intervencionista de su campaña electoral y su promesa de retirar las tropas francesas de Afganistán. «Los primeros días parecía que iba a romper con la presencia exterior de Nicolas Sarkozy, siguiendo unos valores gaullo-mitterrandistes de independencia, soberanía y "grandeza" para Francia», escribió el analista David Roux en un análisis para el Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas (IRIS).

Fin a la unidad frente al terrorismo

Desde los atentados contra Charlie Hebdo y un supermercado kosher en enero de 2015, una serie de ataques terroristas sin precedentes, reivindicados e inspirados por grupos yihadistas, han causado la muerte de 238 personas en tan solo dos años. La respuesta de Hollande ha sido bombardear posiciones de Daesh en su «califato» y renovar desde la masacre del 13 de noviembre de 2015 el estado de emergencia, con cuatro prórrogas, hasta 2017. Cuando quiso levantarlo en julio, el tunecino Mohamed Lahouaiej Bouhlel, al volante de un camión frigorífico, asesinó a 86 personas en el Paseo de los Ingleses de Niza en las celebraciones del 14 de Julio, el día nacional francés.

El asesino de Niza consiguió, además de matar a ochenta y cuatro personas, romper la unidad de los partidos franceses frente al terrorismo. Cuatro días después, durante la celebración del minuto de silencio en el Paseo de los Ingleses, donde Mohamed Lahouaiej-Bouhlel arrolló a una muchedumbre con su camión, el primer ministro, Manuel Valls, fue abucheado tanto a la llegada como a la salida, en medio de los silbidos de un sector de la zona donde se congregaron 42.000 personas para rendir homenaje cuatro días después a las víctimas. Tras el minuto de silencio, los servicios de socorro y los bomberos fueron despedidos por una ovación del público.

Muchos de los presentes en el Paseo de los Ingleses no sabían quién era el abucheado. Si Christian Estrosi, antiguo alcalde de Niza y hoy presidente de la región por los Republicanos, o Manuel Valls. «Es que lo están haciendo muy mal», dijo a ABC André, de unos cincuenta años de edad, que junto a Albane, ambos de Niza, y Susanna, suiza, discutían sobre los fallos de seguridad en la noche del 14 de julio. «¿Cómo es posible que a mí me registraran todo aquella tarde, hasta el más mínimo recoveco de mi silla de ruedas y luego dejaran pasar así el camión del asesino?», expresó indignado André. «¿Por qué? Es la pregunta que nos hacemos todos», replicó Albane. Los tres estuvieron en el Paseo de los Ingleses tres horas antes de estallar todo el 14 de Julio.

El burkini y la inmigración

Pese a algunas conquistas de la izquierda como el «matrimonio para todos», desde el primer gabinete del primer ministro Jean-Marc Ayrault -tuvo dos-, al último de Manuel Valls, otros dos, las políticas del Gobierno se fueron alejando más y más de las promesas y el espíritu de la campaña que lo llevó al Elíseo. Hollande reconoció en su alocución de despedida que fue un grave error proponer la retirada de la nacionalidad a los acusados de terrorismo, debido a la «división» que ha generado en la sociedad francesa.

Los suburbios o «banlieues», la gestión del islam francés, como la polémica del burkini, y la inmigración han martillado la gestión de Hollande. Tres años después colea todavía el arresto y expulsión a Kosovo de la adolescente Leonarda y su familia gitana que sacudieron la credibilidad de su mandato.

Líos de faldas

Hollande se ha quedado solo. Siempre leal al presidente hasta hace no mucho, el primer ministro Manuel Valls mencionó hace días, como para preparar su candidatura presidencial, la «rabia» y «vergüenza» que sienten los militantes socialistas. No obstante, su partido solo aguanta con un 9% de intención de voto, según las encuestas.

Las turbulencias de la gestión del presidente «normal» han salpicado incluso su vida personal. Tiene cuatro hijos con la actual ministra de Ecología, Ségolène Royal, de la que se separó cuando ésta se lanzó a la carrera por el Elíseo en 2007. Hollande fue portada por su separación de Valérie Trierweiler en enero de 2014, después de que una revista destapara el soterrado «affaire» del presidente con la actriz francesa Julie Gayet. Con ese escándalo, Hollande consiguió que se agotara el modelo de casco de moto de la página web donde se vendía. El presidente creó tendencia.

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