Por este orden: Nacia Chaabane, Faten Abdelkefi y Mounir Baatour
Por este orden: Nacia Chaabane, Faten Abdelkefi y Mounir Baatour - FOTOS: Nadia Chaabane, F J Calero y Alicia Alamillos

«¿Para qué sirvió la revolución democrática de Túnez?»

Tres activistas de la sociedad civil tunecina, del feminismo, de la ciberdisidencia y de los derechos de los homosexuales, hablan para ABC de los siete años de democracia en Túnez y de las manifestaciones contra la austeridad de esta semana

Actualizado:

La campaña «Fech Nestannew?» («¿A qué esperamos?», en árabe) ha logrado movilizar a tunecinos de todas las regiones del país contra la nueva ley de Finanzas, que prevé el alza de los precios de productos básicos como el arroz, las frutas o el café y que presumiblemente afectará a los más pobres. Cerca de 800 personas han sido detenidas en esta última semana de manifestaciones contra los altos precios y la austeridad en Túnez, justo cuando este domingo se cumplían siete años de la claudicación del dictador Ben Ali por las masivas protestas contra su dictadura. Y una pregunta sobrevuela cada marcha y cada tuit en contra de la gestión del gobierno de unidad nacional: «¿Para qué sirvió la revolución?».

Los militantes de Fech Nestannew?, que convocaron para el domingo -día de la Revolución- manifestaciones por todo el país, presentan el movimiento como una campaña ciudadana sin líderes e integrada esencialmente por los jóvenes, especialmente golpeados por la crisis económica y cuando además un tercio de los parados (15%) cuentan con una titulación de enseñanza superior. Para los manifestantes, la ley de Finanzas exacerba los problemas de gestión pública de la coalición de gobierno: «Ellos dicen que no le toca al pueblo tunecino pagar el precio de la corrupción y las políticas fallidas», explica a ABC Nadia Chaabane, una de las principales impulsoras de la ley que acaba con la impunidad de los violadores en Túnez aprobada en verano y acordada por el Gobierno de unidad nacional de Nidas Tounes (liberales laicos) y por varios miembros del partido islamista Ennahda.

«Esta deriva autoritaria se explica en parte por la nostalgia del régimen de Ben Ali», señala un informe del think tank International Crisis Group publicado hace unos días, que enumera los «pecados» económicos del Gobierno de unidad nacional y que han sacado a miles de tunecinos, especialmente de los barrios populares, a protestar contra las élites políticas: pese a que el crecimiento económico no supera el 2%, el dinar tunecino se ha depreciado un tercio en un año sin beneficiar la competitividad externa de la producción nacional o el déficit comercial, que sigue aumentando. La corrupción, la burocratización y la hipertrofia del sistema público suponen auténticos agujeros negros para las finanzas públicas: el pago de los salarios del sector consume casi la mitad del presupuesto anual y deja poco espacio para impulsar proyectos con los que desarrollar la anquilosada economía tunecina.

REUTERS
REUTERS

«¡Entiendo completamente su furia! ¡En siete años se les ha prometido que las cosas cambiarán, que crearemos empleos para ellos, que sus situaciones cambiarán ... y nada! Sin horizonte, sin apertura, sin esperanza… Los pobres se han vuelto más pobres. Los jóvenes de barrios y regiones de bajos ingresos se quedan atrás, marginados, desesperados», exclama Faten Abdelkefi, una de las blogueras más influyentes de la Revolución y que ahora lidera Be Tounsi (Hecho en Túnez), un proyecto para recuperar la artesanía tunecina.

Si bien no todas las manifestaciones son violentas, el primer ministro Youssef Chahed ha criticado a los «agitadores» y ha acusado a los movimientos de extrema izquierda y de «la mafia» de estar detrás de las protestas. Abdelkefi, que formó parte de un partido progresista tras la revolución y recuerda cómo los policías afines a Ben Ali acribillaron a balazos al marido de una amiga tras el 14 de enero y encarcelaron a otros blogueros como ella, incluidas menores de edad, desconfía del origen de las protestas: «Yo estoy por el derecho a manifestaciones pacíficas, garantizadas por la constitución, pero estoy en contra de los actos de vandalismo, el saqueo y el robo de propiedades. ¡Estos jóvenes que salen de noche no tienen nada que ver con los manifestantes que se enojan con el alto costo de la vida! Estos jóvenes son pagados por partidos políticos que ocultan sus planes, ¡quieren el caos!», denuncia.

A diferencia de hace siete años, el objetivo de las protestas no parece ser derribar el régimen o propiciar un cambio de gobierno. «La justicia social no es un lema sino una necesidad. Implica una mejor distribución de la riqueza y una contribución justa de todos al esfuerzo colectivo. Dado que el IVA es el impuesto más injusto, no puede ser el instrumento para lograrlo. La justicia social también presupone la imposición de grandes fortunas», expone Chaabane, que vivió la revolución exiliada en Francia, organizando comités de apoyo a los habitantes de Sidi Bouzid, donde el vendedor de frutas Mohamed Bouazizi se quemó a lo bonzo en diciembre de 2010 y desató las protestas en el mundo árabe. Muy crítica con los islamistas de Ennahda, esta activista, que fue diputada de la Asamblea Constituyente desde 2011 hasta la aprobación de la constitución tres años más tarde, les culpa de buena parte de las dificultades económicas del país. «Ellos (como líderes de la coalición de la Troika (2011-2014) son en gran parte responsables de la situación del país debido a las responsabilidades que dejaron en 2014. solo estamos subiendo la pendiente de lo que destruyeron». Para Chaabane, los manifestantes le están pidiendo al Gobierno que mire más por los más desfavorecidos y no tanto por la élite liberal del país.

«Por supuesto que ahora hay muchos derechos que son positivos, la ley sobre la tortura que no había con Ben Ali, un crimen imprescriptible, la ley sobre las asociaciones, partidos políticos, libertad de prensa… Muchísimos avances y no lo negamos», considera Mounir Baatour, presidente de la asociación Shams, que aglutina decenas de organizaciones LGTB y que aboga por la despenalización de las relaciones homosexuales. Baatour, que como abogado se manifestó junto a otros magistrados frente al Palacio de Justicia y junto a otros miles de tunecinos marcharon en 2011 sobre la avenida Habib Burguiba frente al Ministerio del Interior que simbolizaron la lucha contra Ben Ali, abrazó el activismo tras su paso por la cárcel condenado por sodomía, donde se negó a pasar un test anal por la policía. «Sí, estoy decepcionado con el balance de estos años tras la Revolución, pero aunque la calidad de vida de los tunecinos se ha deteriorado materialmente, hemos ganado la libertad de expresión de reunión y asociación».