El primer ministro húngaro, Viktor Orban, celebra el triunfo de su partido, este domingo en Budapest
El primer ministro húngaro, Viktor Orban, celebra el triunfo de su partido, este domingo en Budapest - Afp

Orban tomará medidas contra las ONG que apoyen la inmigración

La victoria del «premier» húngaro, golpe al consenso socialdemócrata en la Unión Europea

Enviado especial a BudapestActualizado:

Gobernantes y medios en Europa y EE.UU. han recibido con consternación la noticia de la apabullante victoria electoral de Viktor Orban en las elecciones generales húngaras del domingo. Se habla de la victoria del «hombre más peligroso de Europa» y de un peligroso racista y dictador. La mayoría desprecia la voluntad de los húngaros expresada en las urnas como fruto del engaño y la propaganda del odio. Homófobo, ultraderechista, amenaza letal para la democracia en Europa y hasta comparaciones con Hitler, nada es excesivo para atacar a Orban. La prensa hegemónica de la socialdemocracia en Europa reaccionaba así tras quedar traumatizada por la victoria de Orban. Y los ecos políticos y sus consecuencias para todo el continente.

Con la altísima participación, que creían el arma secreta para derribar a Orban, habían comenzado a especular ya sobre la situación que se creaba con la pérdida de la mayoría absoluta por Orban. Había optimismo a media tarde en medios de la oposición. A las once de la noche se les hundió el mundo a ellos y a la mayor parte de la prensa extranjera tan feroz opositora a Orban como sus peores enemigos. Al final, la alta participación disparó el voto a Fidesz hasta esos 133 escaños de los 199 del parlamento que le dan práctica mano libre para gobernar y para legislar.

Hubo consternación pero después también realismo. Fueron muchos, y no solo los notorios dirigentes de la ultraderecha de Europa, también los grandes gobernantes de la UE, muchos muy enfrentados al triunfador, los que felicitaron muy pronto al primer ministro. Todos estaban pendientes de las elecciones y todos coinciden en que es un inmenso golpe para los defensores de la ortodoxia política del consenso socialdemócrata en la UE. Y es un revulsivo para todas las fuerzas de una derecha contraria a los grandes dogmas de la izquierda liberal que dominan actualmente el discurso político y cultural en Europa. Desde la ideología de género, el multiculturalismo, la inmigración como solución demográfica, la cultura LGTB, son muchos los campos en los que la resistencia ha comenzado a articularse en las sociedades europeas. Para esos focos, descalificados como ultraderechistas o no, Orban es ya el principal referente y lo será mucho más a partir del pasado domingo.

En lo que coinciden sus enemigos, cada vez más furiosos, como sus seguidores, cada vez más numerosos, es en que el primer ministro húngaro va a jugar un papel en el continente que trasciende en mucho al de un gobernante de un país tan pequeño como Hungría. Y si hasta ahora se le ha odiado tanto en la izquierda occidental, es de esperar que se llegue a nuevas cotas, porque el partido ya anunció ayer que con este resultado tiene un claro mandato de la ciudadanía para cumplir con sus promesas electorales en materia legislativa. Y esto incluye medidas para limitar las actividades de organizaciones que fomentan la inmigración, ONG habitualmente financiadas desde el exterior. Y que sirven pata promover todos esos campos de los que Fidesz es radical adversario como son el multiculturalismo, las fronteras abiertas y la ideología de género. Las medidas llegarán con el provocador nombre de Paquete StopSoros, en honor del enemigo íntimo de Orban que es el multimillonario, magnate de la especulación financiera norteamericano George Soros, mecenas de todos los movimientos «progresistas» en todo el mundo, pero especialmente en Hungría su patria de origen. Ahí ya se anuncian nuevos conflictos con Bruselas.

Enemigo de izquierdistas

Está claro que Orban es ya el enemigo favorito para todas las organizaciones y activistas izquierdistas en Europa y para todos los partidos que quieren gozar de las simpatías en las mismas. Aunque esas descalificaciones como dictador no resisten la prueba de los hechos. Orban ganó en 1998 y cuando perdió las elecciones en 2003 se fue a su casa y tardó dos legislaturas en volver a ganar. Ahora lleva tres elecciones ganadas en unas elecciones de ejecución impecable. Aunque ciertas ONG han protestado porque consideran que el ambiente de agitación contra la inmigración y la propaganda del partido Fidesz intimida, asusta y genera odio. Denuncian que una mayoría de los medios defienden posturas afines al gobierno. Eso no es algo que pase solo en Hungría. Lo cierto es que todos han podido defender sus posiciones.

Los partidos de la oposición no han hecho protestas sobre el transcurso de las elecciones aunque tuvieran críticas para el contenido de la campaña del partido de Orban, plenamente enfocada a subrayar como máximo objetivo del gobierno impedir una sociedad multicultural en Hungría y por ello todo tipo de inmigración. Ese debate se ha centrado en el contenido de la propaganda electoral no en el fondo. Porque tanto los socialistas del MSZP como la extrema derecha de Jobbik, tercero y segundo partido después de Fidesz, defienden la negativa a las cuotas y la defensa de la valla que fortifica la frontera y construida por Orban a partir de 2015. De hecho es más fácil defender en Hungría posiciones a favor de la inmigración que defender en Alemania posturas contrarias a la inmigración o favorables a Orban.