Internacional

Obama asegura que Trump no debilitará a la OTAN

El líder chino, Xi Jinping, felicita por teléfono al presidente electo mientras Pekín prepara una guerra comercial por si EE.UU. sube sus aranceles

MANUEL ERICE Corresponsal En Washington - Actualizado: Guardado en:

Los estadounidenses reparten a partes iguales alegría y depresión por la inesperada irrupción victoriosa de Donald Trump. Miles de jóvenes lamentan en la calle el triunfo de su demonio, mientras el presidente electo va rellenando una a una las casillas del imponente organigrama de su Administración. El resto del mundo aguarda expectante. Los primeros actores de la comunidad internacional parecen resituarse. Europa simula un cierre de filas, China cumplimenta al agraciado, Japón no espera y anuncia visita, y Rusia cumple las formalidades. Ante una temida sacudida por el llamado «efecto Trump» y sus primeros anuncios de alcance global, Occidente muestra más inquietud que Oriente. Pero los presidentes que se entrecruzan el camino de entrada y salida acordaron en la Casa Blanca que Estados Unidos no se puede permitir un vacío de poder ahora, pasos atrás en la escena internacional ni un súbito volantazo a la política exterior, que podría dañar la imagen del país.

A la espera de que Trump muestre las cartas de una nueva mirada fuera de las fronteras, Obama empezó ayer a calmar al mundo, antes de la gira europea que le conducirá ante Merkel y el resto de principales líderes europeos: «No habrá debilitamiento en la relación con la OTAN» durante el mandato de Trump. El todavía inquilino de la Casa Blanca aseguró que su sucesor le había transmitido durante su encuentro del martes que su intención era "mantener los estrechos lazos con los aliados". Por si tuviese tentación de no cumplir con ello, Obama le recordó con finura que el presidente de Estados Unidos «tiene muchas limitaciones» para modificar la política exterior, que está sujeta a «la continuidad» que marca el resto de actores institucionales que preservan el poder en Estados Unidos, empezando por el Congreso. Con relación a su visita a Grecia, a donde llegará hoy, y Alemania, recordó a su sucesor que "sólo hay un presidente en cada momento", después de lo cual suscribió su compromiso de terminar la transición entre ambos equipos el 20 de enero, cuando Trump tomará posesión.

Obama pronunció estas palabras poco después de que el presidente ruso, Vladimir Putin, llamara por teléfono al presidente electo para felicitarle. En una de las comunicaciones más esperadas, después de que trascendiera que los servicios secretos estaban convencidos de que Moscú estaba tras los hackeos para influir en el resultado electoral en Estados Unidos, los que esa teoría de la conspiración situaba como secretos colaboradores acordaron ayer mantener una relación de «igualdad, respeto mutuo y no injerencia».

Una relación fuerte

El choque del nuevo presidente con la realidad es cuestión de días. Su reforzada imagen de líder fuerte y decidido tendrá una de sus primeras pruebas de fuego con el gigante chino, un país al que utilizó más que ningún otro (si exceptuamos México) en campaña como blanco de sus críticas. Le venía como anillo al dedo para reforzar su argumento de que la competencia desleal de otros países es el origen de los males de la clase trabajadora industrial estadounidense, de la que se ha erigido en protector. Pero China, siempre con buena memoria, le pasó ayer la primera factura.

Mientras su presidente, Xi Jinping, felicitaba telefónicamente a Trump por su victoria, comprometiendo en la conversación el futuro de «una relación fuerte» entre ambos países, los medios afines al régimen de su país lanzaban la primera andanada. Según los analistas, un aviso de lo que pudiera pasar si el nuevo presidente cumple su promesa de altas imponer tarifas comerciales, de hasta un 45% llegó a hablar Trump, a la entrada de productos chinos en suelo estadounidense. Diversas informaciones detallaban la posible respuesta de Pekín: una drástica reducción en la compra de iPhones, un traslado de los encargos de compras de aviones de la norteamericana Boeing a la europea Airbus y una disminución de las ventas de automóviles de las compañías estadounidenses en suelo chino. El "Global Times", perteneciente al llamado Diario del Pueblo no podía ser más preciso en su editorial, que aludía a la posibilidad de que el presidente electo de Estados Unidos mantuviera las amenazas lanzadas durante los meses previos al 8 de noviembre.

El magnate fue muy agresivo en su descargo contra China, a quien acusó repetidas veces de perjudicar a la economía de Estados Unidos, víctima de una relación comercial en desventaja de la que culpó, por su "debilidad", al presidente Obama.

Durante la breve charla telefónica entre ambos, Trump transmitió su deseo de mantener una relación amistosa. Con intención, Xi Jimping apuntó que la «única oportunidad correcta» entre Estados Unidos y China sería la de la «cooperación», según reflejaron los medios de Pekín.

El baño de realidad de Trump no diferiría apenas del dolor de cabeza que ha supuesto para Obama sus continuos choques con el régimen chino. Por debajo de una correcta relación diplomática, se ha mantenido una tensión constante por los pirateos informáticos contra los gigantes tecnológicos estadounidenses, junto a la política expansiva del país asiático en el mar del Sur de China, un foco de conflicto permanente.

También Japón se ha apresurado a emitir mensajes al nuevo presidente electo de Estados Unidos sin esperar a su toma de posesión. Al día siguiente de la victoria electoral de Trump, el primer ministro Shinzo Abe fue uno de los primeros dirigentes en comunicarse con él. Además, mostró el suficiente interés como generar el primer encuentro entre el futuro inquilino de la Casa Blanca y un gobernante. Ambos ser verán las caras mañana en Nueva York.

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