Jean-Guy Talamoni, el actual presidente de la Asamblea regional corsa
Jean-Guy Talamoni, el actual presidente de la Asamblea regional corsa

Los nacionalistas corsos no quieren saber nada del modelo «indepe» catalán

El vespertino «Le Monde» presenta como un «Puigdemont corso» al radical Jean-Guy Talamoni, el actual presidente de la Asamblea regional corsa

CORRESPONSAL EN PARÍSActualizado:

Las elecciones regionales del 3 y el 10 de diciembre, en Córcega, van a subrayar el abismo que separa el «nacionalismo corso» del Proceso catalán, percibido como el modelo canónico del que hay que huir como la peste política.

Los 140.000 electores de Córcega (324.000 habitantes, el 2016) deberán elegir a primeros de diciembre entre estas listas: Pè a Corsica (Pour la Corse, nacionalista), A strada di l'avvene (La voie de l'avenir, derecha regionalista), Voir plus grand pour elle (derecha tradicional de Los Republicanos) ; Andà per dumane (filial de La République en marche, el partido del presidente Emmanuel Macron), Rassemblement pour une Corse républicaine (filial del Frente Nacional de la familia Le Pen), L’Avenir, la Corse en commun (filial del PCF y la extrema izquierda), Core in fronte (nacionalista) y Corsica libera (independentista)…

Esa fragmentación política excepcional ha favorecido los últimos años y seguirá favoreciendo mañana a las dos «grandes familias» nacionalistas corsas, Pè a Corsica (PaC, Por Córcega), liderada por Gilles Simeoni, hijo de uno de los patriarcas fundadores del nacionalismo corso, y Corsica libera (CL), liderada por Jean-Guy Talamoni, heredero auto proclamado de todos los grupúsculos independentistas corsos del último medio siglo, desaparecidos y refundados, sin cesar década tras década.

Gilles Simeoni quizá sea el nacionalista corso más influyente. Es partidario de una «autonomía reforzada» y estima que «Córcega no es Cataluña, ni en el plan demográfico, ni en el plan político, ni en el plan económico». Aspira a poder negociar un nuevo estatuto administrativo, sin perder nunca las millonarias subvenciones estatales, sencillamente indispensable para el funcionamiento práctico de la vida diaria en Córcega.

Jean-Guy Talamoni, actual presidente de la Asamblea regional corsa, es un «radical» que el vespertino «Le Monde» presenta como un «Puigdemont corso». Quizá sea una comparación excesiva, para ambos. El partido de Talamoni tiene menos de mil militantes oficiales.

PaC, el partido de Simeoni, tiene hoy 24 de los 51 escaños de la Asamblea regional corsa. Es y será la fuerza política dominante. CL, el partido de Talamoni, tiene 7 años. Es y será una fuerza «bisagra». Todos los sondeos sugieren que esa mayoría podría revalidarse o ampliarse, a partir del 10 de diciembre. La derecha tradicional, la derecha de Macron y las izquierdas, tienen una implantación fragmentaria en Córcega.

En su momento, los nacionalistas partidarios de la autonomía reforzada podrán negociar a muchas bandas, comenzando por los «indepes» minoritarios de CL.

Buen año, mal año, Córcega «cuesta» al Estado (en subvenciones directas) entre 3.500 y 4.000 millones de euros, y «recibe» (cotizaciones, impuestos, etcétera) entre 3.000 y 3.500 millones. Un balance presupuestario francamente soportable para el Estado francés, que hace sencillamente impensable cualquier fantasma «indepe»: la modesta economía corsa reposa en el turismo y la agricultura. Sin subvenciones estatales, Córcega lo tendría muy complicado incluso para poder comunicarse por barco o avión con el resto de Francia.