Emmanuel Macron, en una visita en 2016 a una panadería en París
Emmanuel Macron, en una visita en 2016 a una panadería en París - EFE

Macron quiere la «baguette» como patrimonio mundial

El presidente de la República apoya a la confederación nacional de la panadería francesa en su original petición a la Unesco

Corresponsal en ParísActualizado:

Emmanuel Macron desea que la «baguette» sea declarada patrimonio mundial por la Unesco. Se trata de dar al gran arte nacional del pan nuestro de cada día una suerte de «aura» cultural y universal. La «baguette» es un clásico de la panadería francesa: una barra de pan de harina de trigo, que, según el canon oficioso, suele tener entre cinco y seis centímetros de ancho, tres o cuatro de alto y ochenta y cinco de largo, con un peso en torno a los 250 gramos.

Respondiendo a una petición de la Confédération Nationale de la Boulangerie-Pâtisserie Française (Cnbpf, Confederación Nacional de la Panadería - Pastelería Francesa), el presidente Macron ha terminado anunciando que Francia pedirá oficialmente que la «baguette» de la tradición francesa sea declarada patrimonio mundial por la Unesco, por estas razones: «Nuestra “baguette” nacional es la envidia del mundo entero, un símbolo por excelencia de nuestro saber hacer. Forma una parte esencial de la historia particular y la vida diaria de todos los franceses, presente desde el desayuno a la cena en todos nuestros hogares», ha declarado.

El presidente de la Cnbpf, Dominique Anract, ha agregado: «Con la Torre Eiffel, la “baguette” es uno de los grandes símbolos franceses. Estoy convencido de que la Unesco aceptará la proposición del presidente de la República».

Hay otro tipo de barras de pan, no solo en Francia. Pero la «baguette» suele encarnar el modelo más universal, de una popularidad sin tacha y excepcional. La «baguette» tradicional es la más clásica y popular. Pero todas las panaderías de Francia proponen variedades, con distinta fortuna, con cereales u otro tipo de granos, incluso olivas o queso.

Se trata, en cierta medida, «laica», una suerte de pan con el que millones de franceses consuman cada día la «comunión» del desayuno, la comida, el bocata y la cena en familia. Con mantequilla salada (bretona, claro está, a mayor gloria nacional), la «baguette» forma parte del más canónico de los desayunos franceses. El café con «croissant» es una alternativa, claro está; pero mucho más turística, «pintoresca».

Sin duda, Francia no tiene el monopolio del buen pan. Españoles, italianos y alemanes, entre muchos otros pueblos, han creado panes excelsos para las más diversas sensibilidades. Los franceses tiene, además, la «soberbia», el talento y la determinación imprescindibles para convertir un pan artesano, la «baguette», en símbolo nacional. Grandes creadores contribuyeron a forjar esa leyenda.

En lo más crudo de la inmediata postguerra, entre 1945 y 1950, los más grandes fotógrafos, comenzando por Robert Doisneau, inmortalizaron las imágenes de hombres, mujeres y niños saliendo de la panadería, orgullosos, enarbolando legendarias «baguettes» que Macron desea convertir en patrimonio mundial de la Unesco.