La ministra francesa de Trabajo, Muriel Pénicaud, interviene en un debate sobre la reforma del código laboral en la Asamblea Nacional en París
La ministra francesa de Trabajo, Muriel Pénicaud, interviene en un debate sobre la reforma del código laboral en la Asamblea Nacional en París - EFE

Macron flexibiliza el despido y la contratación por decreto

Su gobierno aprobará sin debate parlamentario una serie de medidas para «liberalizar y modernizar» el mercado de trabajo

CORRESPONSAL EN PARÍSActualizado:

Emmanuel Macron comienza sus reformas a paso de carga, con cinco «decretazos» que impondrán sin debate parlamentario digno de ese nombre una reforma laboral que pretende «liberalizar y modernizar» el mercado nacional del trabajo, uno de los más «rígidos» entre las democracias industriales avanzadas.

Nicolas Sarkozy tardó meses y sufrió muchas huelgas intentando realizar algunas reformas laborales. François Hollande tardó seis meses en realizar una reforma laboral, finalmente desguazada, tras un centenar de jornadas de huelga y manifestaciones, entre enero y julio del 2016.

Consciente de tal riesgo de bloqueo de fondo, Macron anunció que realizaría sus reformas esenciales (laboral, pensiones, seguridad social) a través de las «ordenanzas», una forma nacional de «decretazo».

El Derecho constitucional francés permite imponer con ordenanzas leyes que sería muy difícil o imposible adoptar a través de un debate parlamentario tradicional. Es una forma más o menos «soft» de decretazo, cuyos orígenes se pierden en la monarquía absoluta del Antiguo Régimen. El general de Gaulle consumó las grandes reformas de la posguerra (1945) con ordenanzas. Todos los gobiernos de izquierda y derecha han recurrido a las ordenanzas, durante el último medio siglo, cuando se encontraban en una posición delicada. Basta con hacer aprobar una ley que utiliza el uso de las ordenanzas y cualquier gobierno puede legislar con esa forma francesa de «ordeno y mando».

Saliendo al paso de posibles movilizaciones sindicales, a lo largo del otoño, Edouard Philippe (conservador clásico, ex portavoz de Alain Juppé, candidato conservador a la presidencia), presentó ayer las primeras ordenanzas / decretos que apoyará el Consejo de ministros, antes de ser presentadas a la Asamblea Nacional, como mero trámite rutinario.

Estos serán los cinco grandes capítulos de la reforma laboral de Macron:

Despido laboral más rápido y más barato… Se recortará de 24 a 12 meses el plazo necesario para presentar un recurso ante los tribunales contra un despido laboral. Se recortará el techo de las posibles indemnizaciones, que oscilarán entre un mes (menos de dos años de antigüedad) y veintidós meses de salario (en caso de treinta años de antigüedad).

Se recortará la influencia de los sindicatos… En las pequeñas y medianas empresas (6 millones de asalariados), los patronos podrán negociar directamente con los empleados, sin necesidad de participación sindical ni recurso a los acuerdos de distintos sectores, donde los sindicatos han tenido mayor influencia, recortada. Los sindicatos seguirán siendo influyentes en el sector público, pero corren el riesgo de perder mucho poder de convocatoria en el sector privado.

Se crean nuevas formas de representación laboral, que pueden contribuir a marginar relativamente a los sindicatos tradicionales… Se fusionarán todas las «instancias representativas del personal». Los delegados sindicales tradicionales tendrán que «cohabitar» con otras instituciones de diálogo: comité de empresa, comité de higiene, comité de seguridad, delegados de personal… Diluyendo y «fusionando» la representatividad, los sindicatos perderán influencia.

Se «nacionaliza» el «perímetro» de las razones económicas que justifiquen los despidos… Cuando la empresa tenga una dimensión nacional, la crisis justificará los despidos. Cuando la empresa tenga dimensión internacional, el despido solo será justificado según las cuentas nacionales del grupo. Se pretende ofrecer «más garantías» a los empleados, «limitando» las «razones económicas» de los despidos en las empresas multinacionales.

Recortada profundamente la influencia y el poder sindical, está previsto ofrecer a las centrales sindicales otro tipo de actividades no reivindicativas, como la creación de nuevas reglas que faciliten la reconversión en terrenos como la formación profesional, la creación de un «observatorio de la negociación colectiva», «estudio» y «mejora» de los acuerdos laborales.

Sin ser una «revolución», la primera reforma de fondo de Emmanuel Macron consuma un giro de carácter «liberal bonapartista». Se liberaliza prudentemente el mercado del trabajo, a paso de carga: las ordenanzas, la versión francesa del «decretazo» intentan recortar o soslayar la eventual resistencia o contestación social.

A la espera de los detalles concretos de la forma, por lo menudo, solo la CGT ha convocado una jornada de protesta. Los sindicatos CFDT y FO critican pero no participarán en la primera jornada de protestas. Francia insumisa (FI), el partido de extrema izquierda populista ha convocado una manifestación denunciando un «golpe de Estado social».