Internacional

Londres y París acusan a Moscú de crímenes de guerra en Siria

La presión internacional es incapaz de parar el baño de sangre y los bombardeos sobre la ciudad sitiada de Alepo

Matthew Rycroft, representante británico ante la ONU se dirige al Consejo de Seguridad
Matthew Rycroft, representante británico ante la ONU se dirige al Consejo de Seguridad - AFP
MIKEL AYESTARAN Corresponsal En Jerusalén - Actualizado: Guardado en:

La ofensiva a gran escala lanzada el jueves por el Ejército sirio para recuperar el control de la zona oriental de Alepo obligó a movilizarse a una comunidad internacional incapaz de frenar la guerra en Siria. La reunión de urgencia del Consejo de Seguridad de la ONU evidenció la falta total de sintonía entre Estados Unidos y Rusia, que se culpan mutuamente del fracaso del último intento de alto el fuego.

Esta tregua, fruto de un acuerdo entre Moscú y Washington, entró en vigor el 12 de septiembre, pero apenas duró una semana. Los días posteriores han traído «los bombardeos más duros» de los últimos meses sobre los distritos del este de la segunda ciudad del país, según denuncian los opositores. El resultado ha sido la muerte hasta el momento de al menos 139 civiles, según el balance de la ONU, que calificó los últimos siete días como «la peor semana» en Alepo desde que el conflicto estallara en la segunda ciudad del país en verano de 2012. Desde entonces los barrios del oeste, donde quedan 1,5 millones de personas, están bajo control del Gobierno del presidente Bashar al Assad, y los del este, con unas 250.000 personas, son feudo de los distintos grupos de la oposición armada y desde hace dos meses están cercados por el Ejército.

Escalada militar

El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, afirmó que la población civil está siendo castigada por «el bombardeo más sostenido e intenso desde el inicio del conflicto sirio» y se mostró «consternado por la escalofriante escalada militar» en esa ciudad que, dijo, supone un «día negro para el compromiso global a fin de proteger los civiles».

Ban, cuyo mandato expira a finales de año, preguntó en voz alta: «¿Qué excusa hay para hacer algo menos que tomar fuertes medidas para detener un crimen deliberado? Cuánto tiempo más quienes tienen influencia permitirán que esta crueldad continúe? Urjo a todas las partes involucradas a trabajar firmemente para poner fin a la pesadilla».

Una actitud mucho más dura fue la adoptada por el Reino Unido y Francia que afirmaron que Rusia podría ser acusada formalmente de crímenes de guerra si no obliga a Al Assad a detener los bombardeos sobre Alepo. El ministro de Exteriores francés, Jean-Marc Ayrault, señaló que Rusia e Irán «podrían convertirse en cómplices de crímenes de guerra si continúan con su actual estrategia». En tanto que el titular de Exteriores británico, Boris Johnson, afirmó que las fuerzas militares rusas podrían ser «culpables de crímenes de guerra», en caso de estar atacando a objetivos civiles sirios de manera deliberada.

En medio de este panorama desolador en Alepo el Consejo de Seguridad mantuvo su segunda reunión de urgencia de los últimos días para intentar resucitar el cese de las hostilidades, pero Nueva York está demasiado lejos de la realidad siria. El enviado especial de la ONU a Siria, Staffan de Mistura, se dirigió al Consejo de Seguridad para informar de que «son días escalofriantes. No hay nada que justifique lo que está sucediendo ante nuestros propios ojos». Tras lo que subrayó que entre los muertos de Alepo y su cinturón rural son al menos 213 las víctimas desde el jueves.

Ataques a centros médicos

De Mistura denunció que «los centros médicos son objetivo» militar. Aseguró que en los bombardeos aéreos se emplean «bombas incendiarias y otras de gran impacto» y realizó tres peticiones de urgencia: «Un cese de la violencia contra civiles e infraestructuras, una tregua de 48 horas para que los convoyes de asistencia puedan llegar a Alepo oriental y que se permita una evacuación médica de los casos más graves».

Las palabras de Ban o De Mistura no sirvieron para acercar posturas o ablandar las posiciones de las dos potencias mundiales. «En lugar de buscar la paz, Rusia y Al Assad hacen la guerra», apuntó la embajadora de EE.UU. ante la ONU, Samantha Power, quien calificó de «bárbaras» las acciones de Moscú en Alepo. El embajador ruso, Vitali Churkin, fue rotundo y lamentó que «en Siria operan centenares de grupos armados. Todo el que quiere está bombardeando su territorio. La vuelta de Siria a la paz es una tarea casi imposible». Churkin insistió en la exigencia que realiza Moscú como condición previa a cualquier nuevo acuerdo, que consiste en que Estados Unidos logre la separación total de los opositores a los que etiqueta de «moderados» del Frente Fatah Al Sham, nombre que adoptó en julio el Frente Al Nusra, brazo de Al Qaida en Siria.

EE.UU. y Europa

La falta de acuerdo en el Consejo de Seguridad fue el epílogo esperado de una jornada marcada por la crítica unánime de Occidente a Rusia, el gran aliado del presidente Assad. EE.UU. y la UE emitieron un comunicado en el que acusaban a Moscú de alentar el reinicio de las hostilidades. «Rusia debe probar que está dispuesta y que es capaz de tomar medidas excepcionales para salvar los esfuerzos diplomáticos», pedía el texto conjunto.

El distanciamiento entre Estados Unidos y Rusia, los artífices del último acuerdo de alto el fuego, comenzó el fin de semana pasado con el ataque aéreo de la coalición que lidera Washington contra el Ejército sirio en Deir Ezzor, en el que murieron 82 soldados. El lunes por la noche llegó el segundo punto de inflexión tras el ataque a un convoy de ayuda humanitaria en la provincia de Alepo del que Estados Unidos culpó a Rusia, aunque Moscú negó cualquier implicación de sus aviones o de los de su aliado sirio. La ayuda de la ONU estuvo congelada durante 48 horas, pero el viernes los convoyes volvieron repartir comida y medicinas en zonas cercadas por Gobierno y oposición.

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