Internacional

Londres endurecerá el acceso de trabajadores y estudiantes extranjeros

Theresa May advierte que el Reino Unido «no suplicará a la UE» en las negociaciones del Brexit

Vídeo: El Reino Unido quiere obligar a las empresas a hacer listados de sus empleados extranjeros - ATLAS
LUIS VENTOSO Londres - Actualizado: Guardado en:

En un juego de espejos inquietante, mientras el Gobierno conservador endurece su discurso sobre el Brexit en el congreso del partido en Birmingham, la libra se desploma y marcó este martes su mínimo de 31 años frente al dólar (1,2735) y el de seis años y medio ante el euro (1,13747). Como contrapartida, la bolsa, el índice FTSE 100, superó los 7.000 puntos por vez primera desde mayo de 2015, se cree que animado por la subida de las materias primas y la política monetaria expansiva del Banco de Inglaterra.

La ministra del Interior, Amber Rudd, anunció en esta jornada un endurecimiento de las condiciones de admisión en el Reino Unido de trabajadores y estudiantes extranjeros. Incluso dejó alguna frase que sonó a puro Nigel Farage: “Nos tenemos que asegurar de que la gente que viene cubre huecos en el mercado laboral, en lugar de quitar trabajos que pueden hacer los británicos”. Por su parte, May ha dicho retadora que “no suplicará” a la UE durante las negociaciones del Brexit.

La ministra Rudd, de 53 años, fue objeto de polémica hace dos semanas, cuando el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación destapó que en su etapa empresarial, a finales de los años noventa, dirigió dos fondos offshore en Bahamas, algo que nunca había hecho público.

En la campaña electoral de 2015, David Cameron prometió bajar la inmigración neta anual a cien mil personas. Pero en los últimos doce meses se ha triplicado esa cifra y han sido 300.000. La promesa de incumplió flagrantemente (aunque hoy se comenta poco, la ministra encargada de controlar el problema no era otra que Theresa May, entonces en Interior). El descontrol en la llegada de extranjeros se convirtió el argumento medular de la campaña del Leave y cuajó profundamente en la Inglaterra profunda y eterna, a veces con tonos claramente xenófobos. Desde el triunfo del Brexit se han disparado los acosos a extranjeros y un trabajador polaco fue asesinado a golpes por un grupo de adolescentes en la ciudad de Harlow solo por hablar su idioma.

El Reino Unido tiene 64,1 millones de habitantes, de los que 8,6 millones han nacido en el extranjero. En el país viven 5,6 millones de personas que no tienen la nacionalidad británica. El porcentaje de nacidos fuera es del 13% sobre la población total -12,7% en España, una cifra muy similar-; en Londres el porcentaje se eleva a un 37%, lo que le confiere su carácter de metrópoli global.

Las medidas que anunció ayer la ministra del Interior para endurecer la llegada al Reino Unido de inmigrantes no serán aplicables a los ciudadanos comunitarios hasta que se consume la salida de la UE, prevista para el verano de 2019. En contra de lo que suele pensarse, el país recibe más inmigrantes del resto del mundo (54,6%), que de la UE (45,4%).

El Gobierno anuncia controles más estrechos y algunas medidas concretas para bajar “de cientos de miles al año a docenas de miles”. Se endurecerán los requisitos a las empresas a la hora de contratar empleados foráneos. A partir del próximo diciembre, los caseros que alquilen sus viviendas a inmigrantes irregulares cometerán un delito “y podrían ir a la cárcel”, según la ministra Rudd. Habrá controles para evitar la llegada de estudiantes a cursos de baja calidad. Una novedad importante es que se deportará a los ciudadanos comunitarios que cometan varios delitos menores. No podrán regresar al Reino Unido entre uno y cinco años.

Los zapatos de May

¿Se logrará con estas medidas cortar el aluvión de inmigrantes? En realidad nadie lo cree, parecen más bien eslóganes destinados a saciar a las demandas de los brexiters. La propia Theresa May reconoció este miércoles en una entrevista en BBC Radio que la promesa de cien mil inmigrantes al año como máximo no se logrará en 2020.

En esa entrevista, la primera ministra dio la de arena y volvió a decir que buscará el acceso al mercado único europeo tras el Brexit: “Quiero que las empresas del Reino Unido comercien con la UE y operen dentro de ella, y también que las empresas europeas lo hagan aquí. Eso tiene sentido para las dos partes. Pero no se trata de que el Reino Unido suplique ante la UE. Es algo recíproco. Un buen acuerdo nos beneficia a ambos”. Un relevante dato que omite siempre el Gobierno británico es que las exportaciones al Reino Unido suponen solo el 3% del PIB de la UE, mientras que las del país a la Europa comunitaria constituyen el 12,% del suyo. Es evidente quién sufrirá más con una ruptura total.

La entrevista radiofónica de May tuvo sus anécdotas. Por ejemplo, cuando le hablaron de sus vistosos zapatos, su signo de marca, vino a decir que el comentario es un poco machista: “Es interesante que se fijen en mi calzado, porque no veo que miren el del Philip Hammond o Boris Johnson del mismo modo. Pero no me importa. Me dan una excusa para comprarme zapatos”.

Hace unas semanas, el veterano y extravertido ex ministro tory Ken Clarke fue pillado por una cámara indiscreta llamando a May “esa maldita mujer difícil”. La primera ministra se lo ha tomado con deportividad. “Ken y yo tuvimos interesantes debates [ambos eran ministros con Cameron y chocaban mucho]. Si defender aquello en lo que crees es ser malditamente difícil, entonces lo soy”.

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