Internacional

Los líderes mundiales no son capaces de frenar la guerra en Siria

El conflicto amarga la despedida de Obama de la Asamblea de la ONU, ante la que denunció el peligro de los populismos que construyen muros

Vídeo: Al Assad bombardeó un convoy humanitario nada más terminar la tregua - Atlas
JAVIER ANSORENA Corresponsal En Nueva York - Actualizado: Guardado en:

Hace siete años, Barack Obama subía por primera vez al estrado de la Asamblea General de Naciones Unidas como presidente de EE.UU. para prometer una política exterior basada en el multilateralismo y la cooperación entre países, todavía con los ecos del idealismo de su primera campaña presidencial. Ayer, era la voz más esperada de la apertura de la Asamblea General en la ONU, en su discurso de despedida de este foro, pero el protagonismo se lo llevó la guerra en Siria y la incapacidad tanto de su Gobierno como de los líderes mundiales para asegurar un alto el fuego estable.

La reunión más importante del día tuvo lugar fuera de los magníficos salones de la sede neoyorquina de la ONU. A primera hora de la mañana, el secretario de Estado de EE.UU., John Kerry, se reunió en el hotel Palace con su homólogo ruso, Sergéi Lavrov, y el resto de representantes del Grupo Internacional de Apoyo a Siria (ISSG). El motivo era tratar de reflotar un alto el fuego promovido por Rusia y EE.UU. la semana pasada y que colapsó a las primeras de cambio. El sábado, la coalición liderada por EE.UU. perpetró un ataque aéreo sobre fuerzas de Al Assad, al que apoya Rusia (EE.UU. dijo que fue por error, creían que se trataba de militantes de Daesh). El lunes, un convoy de ayuda humanitaria de Naciones Unidas en territorio de las fuerzas opositoras a Al Assad fue atacado –EE.UU. acusa al Ejército sirio–. Rusia pidió el sábado una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de la ONU. EE.UU. dijo que controlar a las fuerzas sirias para que respetaran el alto el fuego era responsabilidad de Rusia. El Gobierno de Al Assad dio el lunes por roto el cese de hostilidades. La ONU condenó el ataque a su convoy, en el que murieron cerca de 20 personas –entre otros, el responsable de la Cruz Roja de Alepo– y ordenó la cancelación de la ayuda humanitaria en la zona.

Ante esta situación, ¿alguien daba ayer por vivo el alto el fuego? «Está en peligro, está gravemente dañado», reconocía Staffan de Mistura, el enviado especial de la ONU para la crisis siria, pero se agarraba al argumento de que ninguno de sus dos promotores principales –ellos y Rusia– lo han dado por roto. El mismo optimismo trataba de trasmitir Kerry: «El alto el fuego no ha muerto. Vamos a seguir trabajando. Nos volveremos a reunir el viernes para tomar decisiones sobre pasos específicos», dijo al término de la reunión.

No hubo un comunicado conjunto tras el encuentro, pero el Departamento de Estado aseguró que el ISSG se mostró partidario de seguir trabajando por el alto el fuego a pesar de los incumplimientos.

Siria estuvo en boca de las decenas de jefes de Estado que subieron al estrado. También en el discurso del secretario general de ONU, Ban Ki-moon, que dejará el puesto este diciembre y que calificó el ataque al convoy humanitario de "repugnante". Y, por supuesto, en las palabras de Barack Obama: "En Siria, donde al fin y al cabo no hay una victoria militar que ganar, vamos a tener que seguir con el trabajo de la diplomacia para parar la violencia".

La amenaza terrorista

El presidente de EE.UU. alertó de los peligros del populismo y defendió la necesidad de desarrollar «democracias verdaderas» frente a modelos autoritarios guiados por «hombres fuertes», en implícita referencia a Trump, Putin y otros líderes populistas. Y más en concreto y como guiño electoral, afirmó: «Una nación rodeada de muros solo se encarcelará a sí misma». Destacó los logros conseguidos por la comunidad internacional –«el mundo es menos violento y más próspero que nunca»–, pero reconoció que la creciente inestabilidad global provocada por el terrorismo, el miedo y el populismo requiere «un cambio de rumbo». Atacó a Rusia –«vemos cómo trata de recuperar la gloria perdida a través de la fuerza»– y reconoció que queda mucho por hacer en la estabilidad de Oriente Próximo y en combatir la desigualdad global, que también es un riesgo a la seguridad: «Un mundo en el que el 1% de la humanidad tiene tanta riqueza como el 99% restante nunca será estable».

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