Internacional

Libia recupera el pulso del petróleo

Los buques petroleros internacionales vuelven a amarrar en un país cuyas exportaciones llevan cinco años paralizadas por la violencia

Un bombero junto a tanque de almacenaje de petróleo en llamas en Ras Lanuf
Un bombero junto a tanque de almacenaje de petróleo en llamas en Ras Lanuf - REUTERS

Tras cuatro años de casi total ausencia, los barcos petroleros internacionales vuelven a amarrar en Libia. El pasado viernes, el buque Ionic Anassa llenó sus tanques de crudo con 800.000 barriles en la terminal de Zuetina -el primero desde 2015- con destino a China. A finales de septiembre salió de Ras Lanuf el primer cargamento de crudo del puerto desde 2014, esta vez rumbo a Italia. En declaraciones esta semana en Estambul, el director de la Corporación Nacional de Petróleo libio (NOC), Mustafa Sanalla, afirmó que la producción actual alcanza los 551.000 barriles diarios, y que para finales de año llegarán a los 900.000.

La reapertura de los puertos de Es Sidra, Ras Lanuf y Zuetina, en el llamado «Creciente del Petróleo Libio», permitirá, según la NOC, triplicar la producción media diaria de 2016, que este mes de agosto apenas alcanzaba los 280.000 barriles en el país africano con mayor reservas de crudo y que, antes de la caída del dictador Muamar Gadafi en 2011, producía 1,6 millones diarios.

La caída de Gadafi, que dejó una Libia dividida entre milicias, tribus y señores de la guerra, paralizó la mayoría de las exportaciones legales en los últimos cinco años. En medio de la vorágine en que se convirtió el tablero libio, las principales terminales petroleras acabaron en manos del cacique Ibrahim Jasdran, jefe de la milicia «Guardia de las Instalaciones Petroleras» (PFG), cuyo bloqueo hundió la producción de petróleo al mínimo en los últimos tres años. Su objetivo, según explica a ABC el investigador libio Mohamed Eljarh, de The Atlantic, era «chantajear al Gobierno de turno a cambio de petróleo». Con las tropas leales al Gobierno de Unidad Nacional (GNA) ocupadas en la liberación de Sirte del control del Daesh, el caudillo Jalifa Haftar, al servicio del rival Gobierno de la Cámara de Representantes en Tobruk (HoR) reconocida internacionalmente pero que se ha negado a dar su apoyo al GNA, avanzó el 11 de septiembre casi sin oposición sobre el Creciente Petrolero, haciéndose con el control de los puertos de Ras Lanuf, Es Sidra, Zuetina y Berga.

Lo que podría haberse convertido en un nuevo frente del conflicto interno acabó significando el comienzo del resurgir del petróleo libio: el presidente del GNA, Fayez Serraj, llamó a la calma para evitar «una guerra por el petróleo», y Haftar entregó el control de las terminales al NOC, una entidad «que ha reconocido tanto a unos, como a otros gobiernos».

Con este movimiento, Haftar –líder del Ejército Nacional Libio (LNA)- se asegura una vez más ser pieza clave en un hipotético acuerdo de Gobierno para la nueva Libia, y la HoR el control de los activos del petróleo y sus ingresos, si bien ya ha declarado que «se repartirán entre todos los libios». «Haftar se ha asegurado una posición dominante en Libia. Quiere el control completo del aparato de Seguridad del país: controlando las instalaciones petroleras y el flujo de ingresos», señala a ABC el analista libio afincado en Bengazi Tarek Megerisi.

Tras una serie de reformas y arreglos en los puertos, que también habían sido objetivos del Daesh, el director de la NOC ha insistido en que para diciembre se producirán 900.000 barriles diarios, una cifra récord en los últimos tres años en un país que apenas puede pagar sueldos de soldados y funcionarios. Preguntados por si consideran los 900.000 una cifra factible, expertos consultados por ABC admiten su viabilidad, con la condición de que se mantenga la estabilidad y no se produzca un nuevo rifirrafe entre las milicias por el control de los puertos. La economía libia es fuertemente dependiente del petróleo, y la falta de ingresos ha minado los exiguos apoyos al GNA, el gobierno auspiciado por las Naciones Unidas, que no ha logrado hacer frente a la crisis económica.

Malo para la OPEP

Sin embargo, que Libia recupere el pulso al petróleo no son precisamente buenas nuevas para la OPEP: la organización de estados productores de petróleo abogó en su última reunión en Estambul por medidas para encarecer los precios del petróleo. Con la entrada de Libia de nuevo en el mercado tras la toma de los puertos, los precios globales del petróleo se desplomaron. Rebotaron cuando nuevos combates paralizaron la extracción y, con la partida de los primeros barcos de Zueitina y Es Sidra, volvieron a caer. El aumento de las exportaciones libias «añade más presión para llegar a un acuerdo para congelar la producción», afirmó a AFP un delegado de la OPEP.

Según recogen agencias, los catorce miembros de la OPEP extrajeron una media de 33,39 millones de barriles diarios, un nuevo máximo histórico. A finales de septiembre, Arabia Saudí acordó recortar la producción de petróleo en 700.000 barriles, un acuerdo en el que estuvieron exentos Libia, Nigeria e Irán. Los 900.000 barriles esperados por la NOC pueden, sin embargo, dificultar que otros países petroleros cumplan el acuerdo de recortar la producción y estabilizar los precios del petróleo, cada vez más bajos.

De momento, el ala más dura de la HoR, como el parlamentario Zyad Daghaim, ya ha ofrecido sus nuevos barriles al Gobierno egipcio de Abdelfatah Al Sisi, que ha visto este mes como la petrolera saudí Aramco cortaba el suministro acordado, sacudiendo una vez más la economía egipcia. Egipto ha sido uno de los regímenes que más públicamente han apoyado al general Haftar, y el gobierno de la HoR «puede ofrecer a Egipto el crudo que necesita», señaló Daghaim en declaraciones a la prensa local. El presidente de la HoR, Agila Saleh, no se ha pronunciado al respecto.

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