Internacional

Laboristas y conservadores acusan a Theresa May de asustar a los mercados

La primera ministra acepta que el Parlamento controle las negociaciones, pero se niega a que vote la activación del artículo 50

Theresa May sale ayer del Parlamento para dirigiirse a su domiciio
Theresa May sale ayer del Parlamento para dirigiirse a su domiciio - REUTERS
LUIS VENTOSO Corresponsal En Londres - Actualizado: Guardado en:

Jeremy Corbyn, de 67 años, es un veterano «apparatchick», que lleva treinta y tres años con su nómina en la Cámara de los Comunes. Como líder laborista viene ejerciendo una oposición meliflua, sin pegada. En las sesiones de control a la actual primera ministra se limita a leer correos electrónicos con preguntas que le mandan los ciudadanos.

Pero ayer, el vegetariano y abstemio Corbyn cobró otra energía, como si por una vez se hubiese desayunado un plato de bacon con una pinta de pale: «Los empleos y los ingresos de millones de personas están en juego. La libra está cayendo en picado y el Gobierno no tiene respuestas», le espetó a Theresa May. Ella respondió diciendo que es «optimista» en relación al Brexit.

A iniciativa laborista, el Brexit protagonizó por fin ayer un gran debate en los Comunes. La acusada depreciación de la divisa ha cambiado el curso del debate político y le ha complicado el panorama a May, de 60 años recién cumplidos, que hoy visita a Mariano Rajoy en Madrid, el décimo segundo líder europeo con el que se encuentra.

Consecuencias negativas

Desde el referéndum del 23 de junio, la libra esterlina ha caído casi un 18 por ciento, con lo que empeora el dato de la crisis de 2008, cuando bajó un 16 por ciento. La consecuencia será inflación y merma del poder adquisitivo de los hogares.

Los laboristas presentaron ayer una moción para pedir que el Parlamento mantenga un debate «completo y transparente» sobre la estrategia del Gobierno en los meses previos a la invocación del artículo 50, que se activará a finales de marzo. May ha aceptado esa propuesta, en lo que supone una rectificación en toda regla respecto a lo que había dicho en su fogoso discurso en el congreso de su partido. Pero puso un límite: no permitirá que la Cámara vote sobre la activación de ese artículo 50.

May alardeó hace dos semanas ante los suyos de que la negociación con la UE solo correspondía al Gobierno, vino a decir en tono altanero que el Parlamento no pintaba nada ahí. Esa postura suscitó muchas voces críticas en el seno de su propia bancada, donde los cameronistas han comenzado a revolverse. Un diputado conservador, Stephen Phillips, llegó a tachar sus intenciones de «tiranía». Dominic Griev, antiguo fiscal general del Estado, advirtió que el Gobierno podría caer si se obcecaba en ignorar a la Cámara.

Temerosa de perder su primera votación parlamentaria por una revuelta en sus propias filas, en la noche del martes May aceptó la propuesta laborista de que la Cámara analice las negociaciones. Eso sí, añadió una enmienda: el Parlamento deberá respetar el voto del pueblo británico y no minar la posición negociadora del Gobierno. Con cesiones de ambos partidos, la moción fue aprobada ayer sin votarla.

Fin de la indulgencia

El clima político ha cambiado desde la llegada de May al poder el pasado 11 de julio. Se han acabado los días de indulgencia y cortesía. La espiral de la libra ha puesto nerviosos a los suyos y ha despertado al Partido Laborista, que estaba casi hibernado en sus debates internos. Ayer, diputados de la oposición y conservadores acusaron al Gobierno de «asustar a los mercados» con su Brexit duro. Claire Perry, una tory que en su día fue secretaria de Estado, reprochó al ministro para la salida de la UE, el eurófobo David Davis, que ponga «su estrecha ideología por encima del interés nacional».

May llegará a Madrid con grandes preocupaciones a cuestas. Europa, que ya fue el campo de minas que se llevó a tres primeros ministros tories (Thatcher, Major y Cameron), comienza a dividir a su partido. City y JP Morgan han dicho esta semana que se llevarán a sus altos ejecutivos de la City de Londres a otras plazas europeas si el Gobierno rompe con el mercado único. Hace diez días, Nissan, principal fabricante de coches del país, habló en términos similares. La CBI, la patronal, ha exigido conservar el acceso a la unión aduanera y la patronal de supermercados y grandes almacenes advierte de brusca dura subida de precios si se va al Brexit drástico.

«Nos están dirigiendo a un Brexit tory ruinoso solo para apaciguar a la bancada que tiene detrás», le reprochó Corbyn. Ella reiteró que buscará «el máximo acceso al mercado único», pero añadió su apostilla de siempre, «sin renunciar a controlar la inmigración». Los mercados irán marcando si May cede o no.

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