Internacional

La «Jungla» de Calais toca a su fin

El crecimiento de los campos de refugiados en Francias se ha convertido en un punto de fricción social y político

Imagen aérea de la «Jungla« de Calais
Imagen aérea de la «Jungla« de Calais - REUTERS
JUAN PEDRO QUIÑONERO Corrsponsal En París - Actualizado: Guardado en:

Los campamentos de refugiados e inmigrantes se han convertido en un problema de fondo en París, Menton y otras ciudades francesas, y especialmente en Calais, al norte, donde se levanta la nueva «Jungla», donde la tragedia alcanza dimensiones dramáticas.

Los refugiados que no consiguen instalarse en París o algún centro de acogida en Francia, en algún lugar desconocido, siguen viajando hasta Calais, en el Norte, a caballo entre la frontera belga y la frontera marina con el Reino Unido, donde la nueva «Jungla» se ha convertido en el más famoso de los campos franceses, donde más de 10.000 hombres, mujeres y niños aguardan un incierto destino en unas condiciones de higiene que han comenzado a degradarse.

El Gobierno británico paga al francés varios millones de euros para asegurarse unos controles fronterizos que tienen mucho de campo militar, imponiendo una «paz policial» que se ha convertido en una pesadilla humanitaria, social, económica y política.

En la «Jugla» viven más de 900 menores sin familia, a la espera de soluciones siempre provisionales y sin futuro. El campo se convirtió hace meses en una ciudad sin ley. Policía y fuerzas del orden controlan con mano militar sus fronteras. Mafias toleradas o incontroladas han creado «restaurantes» y «servicios de urgencia».

Las diferencias étnicas y religiosas son motivo de tensión muy frecuente: cuatro hombres murieron durante el último semestre, víctimas de peleas a navajazos o estacazos entre refugiados de bandas rivales. Un número impreciso de mujeres han sido violadas. Se desconoce el número exacto de suicidios o muertes «accidentales», en numerosos intentos de llegar al Reino Unido.

La «Jungla» original fue desmantelada en varias ocasiones durante los últimos años. La nueva solo es el último y más angustioso de los campamentos, con unas proporciones de difícil desmantelamiento. «La nueva Jungla está al borde de la asfixia», repiten a coro las organizaciones humanitarias. Las asociaciones de comerciantes de Calais piden socorro económico urgente, pues la nueva «Jungla» se ha convertido en una amenaza para toda la región. El Gobierno de François Hollande calla y espera. Los flujos de inmigrantes y refugiados siguen su propio, dramático e imprevisible curso.

La otra «jungla»

«En la frontera franco-italiana, de Menton y Ventimiglia, las fuerzas del orden están en una situación límite», comentan algunas organizaciones humanitarias, que llaman la atención sobre el incremento de «asaltos» de decenas de inmigrantes que intentan huir de Italia para instalarse en Francia y en otros países europeos.

A muy pocos kilómetros de Mónaco, Monte Carlo y Niza, Menton es una legendaria ciudad de veraneo aristocrático. Localizada a unos minutos de la localidad italiana de Ventimiglia, la famosa ciudad fronteriza, la antigua «paz» de ese rincón privilegiado de la Costa Azul, está hoy amenazada por una tensión fronteriza permanente, acompañada de la irrupción de tiendas de refugiados en los lugares más inesperados.

Objetivo: llegar a París

Durante los últimos doce meses, la policía de fronteras ha detenido y expulsado a decenas de miles de inmigrantes y refugiados que intentaban entrar en Francia. La sucesión de incidentes se ha cobrado varios muertos. Cuando no son expulsados -por muy diversas razones- los inmigrantes son instalados en «centros de acogida temporal» en un centenar de sitios de toda Francia. El Ministerio del Interior no comunica nunca los lugares de esos campos oficiales de refugiados para evitar el «efecto llamada».

Sin embargo, el primer objetivo de todos los inmigrantes y refugiados que llegan a Francia sigue siendo París. Durante los últimos doce meses, las fuerzas antidisturbios y unidades especiales han desmantelado una treintena de campamentos de refugiados, instalados mayoritariamente al norte y este de la capital.

Los dos campos más nutridos en la ciudad son el situado en el bulevar de la Chapelle, entre el metro Barbés-Rochechouart (una de las encrucijadas más llamativas del París multicultural) y el metro Stalingrad (antiguo feudo comunista, hoy zoco ultramestizo), y el del bulevar de la Villete, entre los metros Jaurés (antiguo barrio proletario, muy multicultural, hoy) y Colonel Fabien (donde se encuentra la sede histórica del PCF). En ese bulevar se encuentra la Oficina francesa de proteccion a los refugiados y apátridas (OFPRA), que concede o no los papeles de asilo.

Hace meses que los funcionarios de la OFPRA han lanzado sucesivos llamamientos de alarma, pues las inmediaciones de la institución se han convertido en un campamento oficioso, donde centenares de refugiados viven en unas condiciones de higiene muy dramáticas.

La treintena de campamentos que han aflorado, aceptados y finalmente desmantelados, en el norte de París, en los bulevares de la Chapelle y la Villete, en los Jardines d’Eole, bajo los puentes de todas las autopistas, han sufrido siempre el mismo proceso… Se instalan media docena de tiendas de campaña, que en cuestión de semanas llegan al centenar. De entrada, el vecindario acepta sin dificultades la implantación de un nuevo o el mismo campamento. Hasta que la falta de higiene y las peleas convierten el primer campamento en un pudridero humano, donde las primeras víctimas son los niños, las madres embarazadas y los ancianos.

Niño errantes

La OFPRA se ha visto forzada a crear una unidad especial, con el fin de tratar el caso creciente de centenares de niños errantes en algunos campamentos, víctimas del abandono, la muerte o desaparición de los padres o abuelos. El caso de las mujeres embarazadas tiene siempre un dramatismo particular en unos campamentos donde la higiene íntima es un lujo y los cuidados médicos inexistentes.

Anne Hidalgo, alcaldesa de París, prometió hace meses, la construcción de uno o varios campamentos oficiales de refugiados en París, cuya apertura ha sido aplazada hasta finales de septiembre o principios de octubre.

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