Donald Trump está acercándose a las posiciones demócratas en materia de inmigración
Donald Trump está acercándose a las posiciones demócratas en materia de inmigración - AFP

La inmigración aviva la guerra de Trump con los republicanos

Su flirteo con los demócratas sobre los «dreamers» indigna a la mayoría

CORRESPONSAL EN WASHINGTONActualizado:

Las aguas bajan revueltas en la derecha estadounidense. El último acercamiento de Donald Trump a los líderes demócratas en materia de inmigración, que ya tuvo en el pacto para elevar el techo de deuda hasta diciembre su primer desaire, ha indignado a la cúpula y a algunos congresistas republicanos. El presidente flirtea con la minoría en el Congreso a modo de castigo y de presión a la mayoría que supuestamente le sustenta en la Casa Blanca, a la que acusa de bloquear su agenda desde el fallido intento de acabar con el Obamacare (el modelo de cobertura sanitaria de su predecesor).

Aunque su ensayo de política bipartidista encalló el pasado jueves entre afirmaciones, supuestos acuerdos y desmentidos, el presidente está dispuesto a seguir tensando la cuerda con los republicanos. Ayer, en el día después, el núcleo duro de los fieles a Trump, la América más conservadora, tornaba sus críticas al presidente en una ofensiva en toda regla contra el establishment conservador, casi siempre objeto de sus iras. El exgobernador de Arkansas Mike Huckabee acusaba a Paul Ryan y Mitch McConnell, presidente del Congreso y líder de la mayoría, de ser «incapaces de legislar en favor del presidente».

La política estadounidense cada vez se parece más a un laberinto, en el que un inexperto Trump intenta encontrar la salida con más ruido que acierto. La necesidad de buscar una solución para los 780.000 «dreamers», los indocumentados que entraron en EE.UU. cuando eran niños, después de que el presidente firmara el fin del programa que los protegía, ha complicado el tablero de juego.

Revuelta de sus fieles

El presidente tuvo que rectificar un presunto acuerdo con los demócratas para legalizar a los jóvenes inmigrantes, ante la revuelta de sus fieles en las redes sociales. Los republicanos, cada vez más contrariados con su presidente anti establishment, advertían ayer a Trump de que tendrá que contar con la mayoría republicana si pretende sacar adelante algún acuerdo. Una minoría demócrata en crisis parece tomar oxígeno tras la derrota electoral.

Pero la batalla de la inmigración en el Congreso va a ser larga. Como ha defendido abiertamente, Trump está dispuesto a legalizar a los «dreamers» si la ley recoge también un compromiso de endurecer las fronteras. Es decir, con partidas concretas para el muro con México que los demócratas le niegan, pero que sus acólitos le exigen.

Enfrente, la mayoría republicana, dividida, es más partidaria de asegurar y continuar con las «actuales defensas» fronterizas que de emprender un proyecto personal de Trump que le genera más desunión que unidad. La solución puede venir de un acuerdo bipartidista, pero la suma de demócratas y republicanos para alcanzar los 60 (de cien senadores) no se antoja fácil. Y los «dreamers», a la espera.