El presidente de Irán, Hassan Rohaní
El presidente de Irán, Hassan Rohaní - REUTERS

Incógnitas y consecuencias de la decisión de Trump de romper el acuerdo nuclear con Irán

Solo uno de cada tres estadounidenses aprueba el acuerdo nuclear con Irán, aunque únicamente un 25% de la población ha oído hablar mucho del conocido como Plan de Acción Integral Conjunto

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Solo uno de cada tres estadounidenses aprueba el acuerdo nuclear con Irán, aunque únicamente un 25% de la población ha oído hablar mucho del conocido Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA por sus siglas en inglés), según datos de la encuesta publicada ayer por el think tank Pew Research Center. Aunque el rechazo es levemente inferior al que mostraban los sondeos en verano de 2015, cuando se aprobó el pacto entre las siete potencias, la decisión del presidente Donald Trump no debería haberle hecho mucho daño políticamente cuando son más los estadounidenses que rechazan el acuerdo que los que lo aprueban. Eso sí, el 52 % de los encuestados no confía en la gestión de Trump con respecto a una hipotética crisis con Irán.

Pese a las extravagancias de Trump, la decisión sobre el acuerdo con Irán «es algo que todo el mundo esperaba desde que llegó a la Casa Blanca», sostiene el profesor de Relaciones Internacionales de Comillas ICAI-ICADE Alberto Priego. «Responde a una lógica que está aplicando el presidente Trump en política exterior que no difiere mucho de la que aplicaría cualquier presidente republicano, es lo mismo que podría hacer McCain o cualquier otro», agrega.

La posición de Trump acerca del acuerdo multilateral socava la credibilidad de EE.UU. como interlocutor

A falta de poco más de medio año para el tercer aniversario de la entrada en vigor del acuerdo, el JCPOA sigue cumpliendo su propósito esencial: Teherán siguió escrupulosamente sus obligaciones nucleares el pasado año, según sostiene la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), lo que en principio ha anulado toda posibilidad para una carrera armamentística del régimen de los Ayatolás. «La posición de Trump acerca del acuerdo multilateral socava la credibilidad de EE.UU. como interlocutor; cuando algo no le interese romperá unilateralmente cualquier pacto», afirmó a ABC el experto del Consejo de Asuntos Internacionales de Rusia Maxim A. Suchkov.

Paradójicamente, la decisión unilateral de Trump alinea a dos enemigos íntimos, UE y Rusia, en la defensa del acuerdo. Como miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, Reino Unido, Francia, Rusia y también China, a los que se sumó Alemania, firmaron junto con EE.UU. este histórico acuerdo. Europa e Irán doblaron sus intercambios comerciales el pasado año. Pero es China, un implacable consumidor del petróleo mundial, el que abarcaba a finales de 2016 hasta el 41% de las importaciones, especialmente petróleo iraní (60%). A la gigante asiática le siguen Corea del Sur, con un 8,6%, Turquía, con un 8,2%, India, con un 7%, y Alemania con un 5% -España no pasa del 0,60%-, según datos del Observatorio de Complejidad Económica, organización respaldada por el grupo MIT Media Lab Macro Connections. Todos estos país eran, a priori, favorables a mantener el pacto y las buenas relaciones con Teherán.

El acuerdo nuclear sin EE.UU. no tiene sentido, aunque la parte positiva es que puede enfriar las ambiciones nucleares de Arabia Saudí

El tablero del histórico acuerdo nuclear con Irán se tambalea ahora por el pilar decisivo. «El acuerdo nuclear sin EE.UU. no tiene sentido, aunque la parte positiva es que puede enfriar las ambiciones nucleares de Arabia Saudí», señala Priego. Como recuerda la analista Itxaso Domínguez en «Es Global», Israel fue el primer Estado de la región en desarrollar una bomba atómica. Aunque para Priego, «Israel emplea este programa nuclear como arma defensiva, teniendo en mente la Guerra de los Seis Días; si Israel pierde militarmente, ese programa nuclear está pensado para evitar una eventual invasión del territorio».

El acuerdo firmado en 2015 permitía a Irán descongelar fondos y dedicarle mayor parte de la energía al consumo interno. «Puede limitarse la acción exterior de Irán. Hemos visto en las dos últimas semanas que Hizbolá ha estado presente en el Sáhara Occidental y Venezuela. La segunda consecuencia será la subida del precio de petróleo, que ya está pasando», continúa.

La decisión de Trump supone de nuevo la imposición de las sanciones de EE.UU. a quien compre petróleo iraní. Estados Unidos no importa crudo directamente de Irán y no hay garantía de que los principales clientes de Teherán cambien sus hojas de ruta. Según apuntan los primeros análisis de la prensa estadounidense, China - en plena disputa comercial imprevisible con EE.UU.- parece tener poco interés en hacerle un favor a Trump y seguirá haciendo negocios con Teherán.

A España le afecta muchísimo porque desde 2001 ha apostado mucho por Irán como socio comercial y político

Así y todo, incluso con la entrada en vigor del acuerdo nuclear, la mayoría de las sanciones estadounidenses han continuado bloqueando las actividades comerciales entre Washington y Teherán, donde no es posible, por ejemplo, utilizar tarjetas de crédito occidentales como MasterCard y Visa. Desde la firma del acuerdo, ha habido un proceso de levantamiento progresivo de las sanciones, pero que casi no se había iniciado. «A España le afecta muchísimo porque desde 2001 ha apostado mucho por Irán como socio comercial y político, tenía hasta posibilidades de instalar una refinería en Algeciras», continúa Priego.

El líder supremo de Irán, Ali Jameneí, en un discurso publicado en su web oficial y citado por Efe, ha asegurado que aceptan el JCPOA, pero las enemistades (de EE.UU.) no se acabaron. «Ahora están mencionando nuestra presencia en la región y nuestros misiles. En caso de que también aceptemos, empezarán a crear problemas con otro asunto», ha denunciado.

Más allá de la subida del precio del barril de Brent, Arabia Saudí parece ser el gran beneficiado de la decisión del presidente de EE.UU., mientras que la UE, muy comprometida en la gestión del acuerdo, sale malherida. Las relaciones con Irán pueden volver no solo a 2015, previo al acuerdo, sino a 2005 con la llegada al poder del radical Ahmadineyad. Horas después de la decisión de Washington, las filas ultraconservadoras iraníes han aprovechado la decisión de Trump para quemar banderas de EE.UU. en el Parlamento y gritar «¡Muerte a América!».

El último «bombazo» del presidente de EE.UU., que desde que se postuló como candidato ha criticado duramente el acuerdo, ha llegado cinco meses después del estallido de las protestas contra las políticas económicas del Gobierno reformista de Rohani en todo Irán, que se cobraron más de 20 muertos y cientos de detenciones.