El primero ministro libanés, Saad Hariri
El primero ministro libanés, Saad Hariri - REUTERS

La victoria de Hizbolá en Líbano da alas al chiísmo proiraní

La mayoría en el Parlamento permitirá a los radicales controlar al «premier» suní

CORRESPONSAL EN BEIRUTActualizado:

Las primeras elecciones parlamentarias en Líbano en nueve años celebradas el domingo pasado arrojan como primeros resultados provisionales una mayoría para el partido-milicia chií Hizbolá y sus aliados.

El ministro de Interior libanés, Nuhad Machnuk, informó de que la tasa de participación fue un discreto 49,2% frente al 54% del año 2009. La creciente corrupción y una economía estancada explican el escepticismo de una buena parte del electorado.

Hizbolá, situada en la esfera de los regímenes de Teherán y Damasco, en suma con las agrupaciones que la apoyan habría conseguido al menos 67 escaños de los 128 con los que cuenta el Parlamento libanés, lo que se traduce como un claro espaldarazo para el movimiento de Hassan Nasralá y la constatación de que su implicación en la guerra de Siria, del lado del presidente Bashar al Assad, no parece haberle pasado factura al grupo.

El número de diputados obtenidos asegura además la posibilidad de veto para cualquier ley que se les oponga. Entre los aliados de Hizbolá se cuentan dos pesos pesados de la escena política libanesa: el chií Nabih Berri, al frente del movimiento Amal y jefe del Parlamento a sus 80 años, y el presidente del país, Michel Aoun, de 84, que dirige el cristiano Movimiento Libre Patriótico.

La insatisfacción cundió, por otro lado, en las filas del líder suní y primer ministro, Saad Hariri, quien anunciaba ayer en rueda de prensa que su partido Futuro había pasado de 33 escaños a 21. Aunque los analistas apuntan a que Hariri probablemente liderará el próximo Ejecutivo -el cargo de primer ministro está reservado en el Líbano para un musulmán suní-, su posición se ha vuelto más débil y sólo podría ejercer un control sobre Hizbolá aún menor que en el pasado. No se descarta que al hijo del asesinado premier Rafiq Hariri el extraño episodio de su secuestro y dimisión forzada en Riad en noviembre de 2017 le haya restado votos.

Pulso por la supremacía

Dispuesto al diálogo, Hariri remarcó en su comparecencia que el Líbano sólo puede ser gobernado teniendo en cuenta a todas las facciones políticas. De hecho, se prevé que las conversaciones para formar nuevo gobierno se prolonguen durante bastante tiempo e incluyan a los principales partidos.

Los resultados preliminares indican asimismo que al menos dos candidatos de listas de la sociedad civil habrían conseguido escaño en el Parlamento.

El triunfo conseguido por Hizbolá pone de relieve la influencia, cada vez más consolidada, de Irán en la región frente a Arabia Saudí. En su búsqueda de la supremacía regional, tanto iraníes como saudíes se han involucrado en distintos conflictos a través del apoyo a sus respectivos aliados locales. Ha sido Irán quien hasta el momento se ha impuesto en Siria, Irak, Yemen y el Líbano, mientras los saudíes fracasan en su intento por contrarrestar la influencia de Teherán en la zona.

Ayuda en el alero

La noticia ha sido igualmente recibida con suspicacia en Israel. El ministro de Educación israelí, Naftali Bennet, sostuvo este lunes que «el Líbano es igual a Hizbolá» y que su país no diferenciará entre ambos como responsables de «cualquier acción terrorista» contra Israel. Esta victoria podría suponer, además, un revés para la paralizada economía libanesa, ya que el país es receptor de ayuda militar estadounidense así como de numerosos préstamos occidentales.

El Líbano celebró el domingo sus primeras elecciones parlamentarias desde 2009 y las primeras desde que estalló la guerra en la vecina Siria en 2011. El conflicto ha conllevado la entrada en el país de más de un millón de refugiados y la división de la población entre los partidarios del bloque chií de Hizbolá y los seguidores suníes de Hariri. Los partidos cristianos han quedado divididos y absorbidos por ambas coaliciones.