Internacional

Clinton: «Me acusaránde muchas cosas, pero nunca de abandonar»

Tras su enfermedad, la candidata demócrata dice estar «satisfecha de no ser un showman como mi rival»

La aspirante a la Casa Blanca, Hillary Clinton, vuelve a la campaña electoral - AFP

El establishment demócrata y sus seguidores la esperaban con ansiedad. Un día de desmayo sonoro, alimentado por una neumonía mal disimulada, y tres de obligado descanso, habían conducido la campaña de Hillary Clinton a un creciente debilitamiento. En unas pocas semanas veraniegas, Donald Trump, el candidato sin apenas opciones de victoria, ha enjugado casi toda la diferencia en las encuestas. Hacía falta una reacción… Y Hillary Clinton reapareció en uno de los estados más disputados, uno de los que puede decantar la balanza, Carolina del Norte, con esta sentencia: «Me han acusado de muchas cosas, pero nunca podrán acusarme de abandonar».

Cientos de entregados seguidores que abarrotaban el pabellón de deportes de Greensboro pudieron escuchar y ver a una candidata renovada. Hillary Clinton reapareció con un buen aspecto, aunque con una cara algo más pálida y una poco apreciable ronquera como leves secuelas de la enfermedad. En su única alusión a la semana de las disputas por los historiales médicos de los candidatos, la senadora se distanció de Trump en lo que más diferencia a ambos y se remitió a la comparecencia televisiva del magnate con el doctor Oz: «Estoy satisfecha de no ser un showman como mi rival».

La candidata demócrata anunció ayer un antes y un después ante los 54 días que restan para la elección presidencial: «A partir de hoy, me voy a centrar en lo que de verdad interesa a los estadounidenses. En mis propuestas para garantizar un futuro para los jóvenes y los niños de este país». Y contrapuso su proyecto con el ofrece Trump, que es el de «poner en riesgo a las próximas generaciones y dividirnos en vez de trabajar juntos». Es su intento de contrarrestar el auge del candidato republicano.

Las últimas encuestas han encendido la luz de alarma en el cuartel general demócrata. Ayer, «The New York Times» y CBS News» situaban en dos puntos, 46%-44% la diferencia entre Clinton y Trump. En el primer sondeo que recoge el errático episodio de la enfermedad ocultada por la senadora (9-13 de septiembre), la inclusión del libertario Gary Johnson, el único que aún tiene opciones de ser tercer candidato, se traduce en un empate, con el 42% de intención de voto. Los estados «swing», decisivos por ser los menos fieles, aportan poca tranquilidad a la todavía favorita. Bloomber Politics sitúa por delante Trump por primera vez en Ohio y en Florida, con cinco y tres puntos respectivamente.

Desde julio, la aspirante a primera presidenta de Estados Unidos se ha debilitado sobremanera. Su estrategia de contadas apariciones públicas, que acumuló 275 días sin una rueda de prensa, se ha convertido en un lastre. Su equivocación al llamar «deplorables» a «la mitad» de los seguidores de Trump, explotada por el millonario, en nada favoreció a Clinton, casi la víspera de que su desmayo en los actos del 11-S desatara la tormenta por su torpe manejo de la comunicación.

Mayor presencia pública

Obligada a recuperar el protagonismo mediático, pese a su reciente enfermedad, va a multiplicar sus apariciones. Horas después de Carolina del Norte, anoche tenía prevista una comparecencia en el caucus Instituto Hispano, en Washington DC. Visita a la capital estadounidense que completará hoy con una jornada organizada por asociaciones de mujeres afroamericanas. Una agenda apretada con la que Clinton intentará llegar fortalecida al primer debate presidencial, el lunes 26 de septiembre, en Hempstead.

En el mismo estado, Trump retomó ayer su programa económico, con el que intenta ensanchar su base de electores. Su reto es convencer a las élites de que puede liderar el país, con una imagen cada vez más «presidenciable». En contraste con la subida de impuestos para los ricos que anunció durante las primarias, el candidato republicano ya ha abrazado una reducción fiscal genérica. Su promesa de un recorte cifrado en más de 4 billones en una década permitiría «devolver el crecimiento al 3,5% (el actual ronda el 2%) y la creación de 25 millones de empleos», en esos diez años. La reforma fiscal del magnate reduciría del 35% al 15% el máximo de impuestos que pagarían los negocios. También propone disminuir de siete a tres los tipos existentes para la declaración de impuestos individual.

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