El Gobierno británico perdonará las penas de las sufragistas cien años después

La ministra de Interior ha asegurado que estudiará caso por caso de las mujeres condenadas a prisión en la lucha por el sufragio femenino en Reino Unido, de cuya aprobación se cumplen cien años

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Las sufragistas que fueron encarceladas mientras luchaban por ganar el voto para las mujeres podrían ser indultadas por sus crímenes, dijo la ministra del Interior Amber Rudd tras la lucha de los activistas por el reconocimiento de estas mujeres en el centenario de la aprobación del derecho a voto para las mujeres británicas.

Más de 1.000 mujeres fueron arrestadas y muchas fueron encarceladas durante la lucha por la igualdad y hoy la Sociedad Fawcett, así como familiares de sufragistas y diputados conservadores, pidieron al Ministro del Interior que anule sus penas. Rudd ha asegurado, en declaraciones citadas por el diario «The Telegraph», que revisará caso por caso y que consideraría concederles el perdón cien años después. Los comentarios de la titular de Interior suponen una gran victoria para los activistas que dicen que los sacrificios de las mujeres no deberían haberlas convertido en criminales.

Hace un siglo, las mujeres británicas ganaron el derecho al voto, después de años de lucha liderada por las sufragistas, cuyas espectaculares acciones conmocionaron al país y cambiaron el mundo. Entre los activistas que lucharon por este derecho, las sufragistas emplearon una violencia sin precedentes para la época.

El 6 de febrero de 1918, el Parlamento británico aprobó la «Ley de 1918 sobre la representación popular»: 8 millones de mujeres -de más de 30 años- fueron tenidos en cuenta por los registros electorales. Pasaron otros diez años para que las mujeres pudieran votar a los 21 años, como los hombres.

«Hechos, no palabras»

El éxito de las sufragistas británicas se enmarca en un movimiento social más amplio que ya había llevado a reconocer el voto femenino en Nueva Zelanda (1893), Australia (1902), Finlandia (1906) y Noruega (1913) y la Unión Soviética (1917), y sería pronto imitado en Alemania (1918) y Estados Unidos (1920).

Los primeros grupos favorables al sufragio de la mujer se formaron en el Reino Unido a finales de la década de 1860, pero no adquirieron relevancia hasta que la activista Emmeline Pankhurst fundó en 1903 el Sindicato Político y Social de las Mujeres (WSPU, en inglés).

En los primeros años del siglo XX, tan solo el Partido Laborista, una joven organización fundada en 1900, estaba a favor de otorgar el derecho al voto a las mujeres en el Reino Unido, mientras que el Partido Liberal y el Partido Conservador se oponían, explicó a Efe Sarah Richardson, investigadora de Política e Historia de Género en la Universidad de Warwick.

«Los conservadores estaban, en general, en contra de cualquier extensión del derecho a voto. Entre los liberales, aunque muchos de ellos apoyaban una ampliación de la democracia, cundía la preocupación de que las mujeres votarían de forma abrumadora a los conservadores», indicó Richardson.

El grupo liderado por Pankhurst renunció a las medidas de presión política que habían utilizado hasta entonces sus compañeras, basadas en tratar de convencer con cartas y argumentos a los diputados, e inició una campaña radical bajo el lema: «Hechos, no palabras».

En los siguientes años, las sufragistas quemaron el contenido de cientos de buzones de correos, rompieron las ventanas de miles de comercios y cortaron cables telefónicos, entre otros actos violentos y sabotajes.

También llamaron a los ciudadanos a invadir la Cámara de los Comunes y lograron reunir frente al palacio de Westminster a cerca de 60.000 personas en octubre de 1908, aunque la policía logró impedir que accedieran al edificio del Parlamento.

La ausencia de resultados tangibles a favor de su causa las llevó a partir de 1913 a radicalizar aún más sus acciones y colocaron diversas bombas que provocaron daños materiales.

El acto de militancia más conocido fue el de la activista Emily Davison, que se convirtió en una mártir del movimiento al arrojarse bajo el caballo del rey Jorge V durante una carrera en el hipódromo de Epsom Downs, un atropello que le provocó la muerte pocos días después.

Muchas sufragistas acabaron en la cárcel y comenzaron huelgas de hambre, ante lo cual el Gobierno del Partido Liberal trató de forzarlas a alimentarse.