El presidente Jacob Zuma gesticula mientras se dirige al parlamento en Ciudad del Cabo
El presidente Jacob Zuma gesticula mientras se dirige al parlamento en Ciudad del Cabo - REUTERS
África

El futuro del presidente de Sudáfrica, Jacob Zuma, en manos de su partido

El Congreso Nacional Africano se reúne para forzar la salida de su máximo mandatario tras la negativa de éste a renunciar de manera voluntaria por los escándalos de corrupción que se le imputan

Corresponsal en JohannesburgoActualizado:

El futuro político del presidente Jacob Zuma pende de un hilo y las próximas 48 horas serán cruciales para el devenir del máximo mandatario de Sudáfrica y del país. Tras un fin de semana intenso de negociaciones, Zuma habría comunicado a los seis altos cargos del Congreso Nacional Africano (ANC, por sus siglas en inglés) que renunciar no entra en sus planes y quiere terminar su segunda legislatura en 2019. Ante su previsible negativa a abandonar el cargo de manera voluntaria, el partido gobernante ha movido ficha: convocar una reunión extraordinaria del comité ejecutivo nacional (NEC) para discutir su destitución. Dicha encuentro está programado para el miércoles en Ciudad del Cabo, un día antes de que se celebre el Discurso de Estado de la Nación (SONA).

Según la prensa local, en esta reunión se abordarán los preparativos del discurso del jueves, la gestión de la transición entre la 5ª y la 6ª administración del gobierno y otras cuestiones pendientes en el Parlamento.

Jornada intensa y decisiva

El partido gobernante se reunió el lunes en su sede, Casa Luthuli, para tomar una decisión sobre el futuro de su presidente. Dicho encuentro fue convocado con carácter urgente tras el encuentro celebrado la noche anterior entre el máximo dirigente de Sudáfrica y los seis altos cargos del ANC, quienes no lograron convencer a Zuma de que renunciara. Tras comunicar su decisión al partido que gobierna desde el fin del Apartheid (1994), el ANC convocó al Comité Ejecutivo Nacional, su principal órgano de toma de decisiones, para trazar la hoja de ruta.

Los últimos acontecimientos hacen presagiar que Zuma, de 75 años, será apartado del gobierno antes de que se dirija a la nación el jueves. Hace tan solo unos días el presidente defendió que está “constitucionalmente obligado a dar el Discurso de Estado de la Nación”, mientras que la oposición y algunos miembros de su partido han pedido públicamente que se retire antes del SONA.

La presidenta del Parlamento, Baleka Mbete, desestimó la propuesta de Alianza Democrática (DA) de retrasar este discurso hasta que Zuma fuera destituido. Por otro lado, Mbete aceptó la solicitud de otro partido de la oposición, los Luchadores por la Libertad Económica (EFF), para celebrar una moción de confianza, aunque se negó a realizar la votación antes del discurso sobre el Estado de la Nación. Dicha moción, la octava en nueve años como presidente, estaba prevista para el 22 de febrero.

Altercados en Johannesburgo

Mientras se celebraba la reunión extraordinaria para decidir el futuro de Zuma, sus partidarios unidos bajo el lema “Manos fuera de Zuma” y sus detractores, “Zuma debe caer”, se acercaron a la sede del Congreso Nacional Africano para manifestarse. El resultado fue un duro enfrentamiento en el que tuvieron que intervenir las fuerzas del orden y terminó con heridos leves, algunos destrozos y con la suspensión de un miembro del ANC por asaltar a una manifestante.

Ramaphosa, más líder

La reputación de Zuma está en sus horas más bajas: en los últimos meses ha perdido el apoyo de numerosos aliados, ha sido reemplazado como líder del partido y su figura ha sido constantemente cuestionada. Sus escándalos se cuentan por centenares y lleva meses en la cuerda floja. Para muchos, Zuma está aferrado al poder para no afrontar sus problemas con la justicia, con quien tiene 783 causas pendientes por corrupción. El máximo mandatario sudafricano está siendo investigado en un proceso judicial llamado “Captura Estatal”(un término sudafricano empleado para la corrupción gubernamental). Los lazos de éste con la familia Gupta, acusados de usar su influencia para enriquecerse e interferir en las decisiones del gobierno, pueden costarle el cargo. El último escándalo en el que se han visto salpicados es el de la eléctrica Eskom por supuestas irregularidades en la adjudicación de licitaciones a la adinerada familia de origen indio.

Mientras la popularidad de Zuma cae en picado, Ramaphosa, de 65 años, saca músculo. El que está llamado a convertirse en el próximo presidente del país en las elecciones de 2019, ha sido el encargado de lidiar con la crisis que azota Eskom, nombrando a una nueva junta y ordenando que se despidiera a todos los ejecutivos vinculados a la familia Gupta. Además, el actual vicepresidente viajó a Davos, Suiza, para asistir al Foro Económico Mundial la semana pasada como representante del país.

En su ascenso político, Ramaphosa ha estado presionando para Zuma resigne mientras pide que “no haya ningún tipo de humillación hacia el presidente”, según sus propias palabras. El nuevo líder, que promete luchar contra la corrupción y poner en marcha un crecimiento económico, cuenta con el apoyo de los empresarios e inversores. De hecho, la moneda sudafricana (el rand) se ha recuperado a un máximo de dos años y medio desde que Ramaphosa está al frente del ANC. Cualquier señal de que Zuma podría dimitir antes de que termine su segundo mandato ha tendido a levantar los activos sudafricanos, incluida su divisa.

Por todo ello, muchos miembros del ANC consideran que Ramaphosa debería reemplazar al presidente de inmediato para acabar con la mala gestión económica de la administración de Zuma y recuperar la imagen del movimiento de liberación más antiguo de África.