El chavismo sofoca una rebelión militar de apenas veinte hombres

La revuelta comenzó esta madrugada en Valencia (región de Carabobo), la segunda ciudad de Venezuela

Al menos un muerto y otro gravemente herido en el asalto a la Brigada 41 de Blindados del Batallón Paramacay

Enviada especial a CaracasActualizado:

El cerco contra el Gobierno de Nicolás Maduro se estrecha. En Naguahagua, junto a la ciudad de Valencia, a unos 200 kilómetros de Caracas, se registró un intento de asonada militar que fue abortado de madrugada y concluyó prácticamente antes de empezar. La «operación David de Carabobo» sacudió a Venezuela. El capitán Juan Carlos Caguaripano, con orden de busca y captura desde 2014, asaltó con una veintena de hombres el emblemático cuartel Fuerte Paramacay. Desde allí transmitió un vídeo en el que anunciaba: «No es un golpe de Estado, es una acción cívica y militar para restablecer el orden constitucional». E instaba al pueblo a unirse a la sublevación y acudir a los cuarteles para «salvar al país de la destrucción total».

Acto seguido, añadió que es necesario «detener los asesinatos de nuestros jóvenes» y se sometió a la autoridad de la Asamblea Nacional, elegida en las urnas y controlada por la oposición. La rebelión de los militares se produjo al día siguiente de la instalación de la Asamblea Constituyente, repudiada por la mayoría del pueblo venezolano y no reconocida por Estados Unidos, la Unión Europea y buena parte de los países de Latinoamérica.

Las palabras del capitán Caguaripano tuvieron eco en la población de Valencia que, de madrugada, se arrojó a las calles en dirección a diferentes instalaciones militares. También en Caracas y otras ciudades se registraron esporádicas manifestaciones contra el régimen que fueron duramente reprimidas.

Valencia está bajo control chavista y el gobernador Francisco Ameliach sofocó la revuelta, según testimonio de Diosdado Cabello, sin cargo oficial en el Gobierno pero con mucho poder en la sombra. El «halcón» del régimen comunicó que «las fuerzas armadas han controlado la situación» y «detenido» a los «atacantes terroristas» en alusión a los rebeldes y al pueblo que salió a las calles.

Despliegue de tropas

Diosdado Cabello habló antes de que lo hiciera el ministro de Defensa e incluso antes que el presidente Maduro, quien esperó varias horas antes de afirmar que se había aplatado «un ataque terrorista». Cabello confirmó que se había restablecido el orden y anunció «el despliegue de tropas» para «garantizar la seguridad interna». Dicho de otro modo, se puso en marcha un dispositivo de alerta frente a un efecto contagio en las Fuerzas Armadas.

Al menos un hombre murió y otro resultó gravemente herido en el asalto al cuartel del que partió la sublevación. Asimismo fueron detenidos ocho de los veinte sublevados, entre ellos tres oficiales de tropa de bajo rango, un sargento de la reserva de paracaidistas, un teniente que desertó hace tres meses de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) y un miembro de la Milicia (civiles armados), según Efe. También habrían sido detenidos cinco civiles.

Cabello, en su peculiar jerga, responsabilizó de la asonada a Estados Unidos y a la oposición venezolana. Aseguró que lo ocurrido fue un ataque «terrorista, paramilitar, mercenario pagado por la derecha y sus colaboradores, pagado por el imperio norteamericano».

El acontecimiento del día sirvió en bandeja a Julio Borges, presidente de la Asamblea Nacional una aclaración al Gobierno: «Deberían tener una profunda reflexión -dijo-. Queremos saber la verdad, que no vengan con cuentos chinos ni cacerías de brujas», anticipándose así a cualquier eventual explicación oficial que acusara directamente a la oposición de la frustrada asonada. Borges advirtió de que la sublevación, aunque la encabezará, un capitán proscrito, significa algo determinante: «Las fuerzas armadas son el espejo de un país que quiere un cambio».

Fiscal Ortega

Con ese ruido de sables de telón de fondo, la oposición dio ayer un paso adelante al formar un frente común con el chavismo disidente. La figura estelar del acto, en el que participaron los principales líderes de la opositora Mesa de Unidad Democrática (MUD), fue Luisa Ortega, la fiscal general destituida la víspera en el primer acto de la Asamblea Nacional Constituyente que únicamente reconoce el chavismo en Venezuela y sus aliados habituales en el exterior (Bolivia, China y Rusia).

Ortega no reconoció su destitución por la Constituyente por considerarla ilegítima, denunció el acoso y derribó al que esta sometida y las múltiples irregularidades cometidas en la elección de esa Asamblea con la que Maduro quiere garantizarse su perpetuidad en el poder. «Veinticinco instituciones del país obligaron a sus trabajadores a votar (la Constituyente). Entre ellas el poder judicial», lamentó. «Quieren hacernos creer que esa Constituyente es igual a la otra de Hugo Chávez», pero eso «es insultar la inteligencia de los venezolanos», remachó.

Enérgica y sin flaquear, la mujer que decidió la prisión de Leopoldo López, renegó del chavismo que encarna Maduro: «Pensé que tenían principios, ética y valores, pero no fue así». «No puede ser que la primera decisión de esa Asamblea -añadió- fuera remover de manera ilegítima a la fiscal general», denunció. Ortega cerró así filas con Julio Borges, presidente de la Asamblea democrática, con Henrique Capriles, excandidato presidencial, y el resto de los oradores de la oposición. «Debemos pensar y trabajar unidos. Es necesario e imperativo. Nuestro único objetivo es la democracia».