Internacional

Los desesperados intentos para salvar el agónico socialismo a la cubana

Raúl Castro se vio obligado a acometer pequeñas reformas para evitar la quiebra

Una fachada en un barrio deprimido de la Vieja Habana - ABC

«Rectificamos pronto al borde del precipicio o nos hundimos», declaró el presidente de Cuba, Raúl Castro, en el año 2010 ante los diputados de la Asamblea Nacional, admitiendo así los errores cometidos por el Gobierno en medio siglo de comunismo.

De forma temporal y a causa de su frágil estado de salud, cuatro años antes Fidel Castro había delegado el poder en él, en su hermano pequeño. Como presidente interino, Raúl condujo el país como lo hacía Fidel, sin tocar un ápice del «socialismo a la cubana». Pero la situación cambió al asumir formalmente la presidencia en febrero de 2008, cuando decidió implantar un plan de medidas económicas con las que «actualizar» el modelo socialista.

Raúl Castro introdujo cambios para atraer la inversión extranjera y reducir el hipertrofiado Estado, cuyo «exceso de regulaciones» agravaba la crisis económica de la isla. Desde reducir las plantillas estatales hasta la ampliación del trabajo privado a 178 actividades («cuentapropismo»), el régimen parecía intentar modernizarse. Incluso en la compraventa de casas y coches privados a precio de mercado, fuera del alcance del cubano corriente, que percibe un salario medio de 15 euros al mes.

Pero siempre con la ayuda de su gran aliado en la región, Venezuela, uno de los mayores «petroestados» del mundo, que con Hugo Chávez y el precio del barril de crudo por las nubes podía utilizar el petróleo barato para tejer redes de influencia política.

Una de las primeras medidas aprobadas fue el acceso a los electrodomésticos, telefonía móvil —con monopolio de la estatal Cubacel— y a los hoteles para turistas, donde los cubanos más pudientes pueden ya alojarse y acuden para conectarse a internet.

Aunque el principal interés es atraer capitales e inversiones extranjeras, que son las que, después de todo, dan de comer a la élite del poder.

«Estas son reformas maquillaje, lo único que han hecho es devolvernos los derechos que nos habían robado», dice a ABC el conocido bloguero Yusnaby Pérez. Mediante su teléfono móvil con número español (roaming), denuncia la realidad cubana a través de Twitter. Yusnaby asegura que la única reforma que le ha favorecido es la migratoria, que entró en vigor en enero de 2013 y puso fin a engorrosos trámites que el Gobierno imponía a los cubanos para poder viajar. Entre otros, suprimió el «permiso de salida» y amplió de 11 a 24 meses el periodo máximo de estancia fuera de la isla.

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