Descuartizó a una mujer y congeló sus tripas «para comerlas en el futuro»

Nuevo caso de canibalismo en Austria

CORRESPONSAL EN BERLÍNActualizado:

Fue un cortador de juncos quien encontró casualmente el cuerpo de la mujer, sin cabeza ni brazos, en una cabaña situada a 800 metros de la orilla. Horas más tarde la policía localizaba la cabeza en los alrededores pero el avanzado estado de descomposición aún no permitió desvelar su identidad y pidió a los vecinos que aportasen cualquier tipo de pista ocultando un dato que los forenses sospecharon desde el primer análisis de los restos: se trataba posiblemente de un caso de canibalismo. Quedó confirmado cuando, días más tarde, un pescador encontrara un torso femenino en el Lago Neusiedl, ubicado en la frontera entre Hungría y Austria. Y la última y más escalofriante confirmación la ha proporcionado el detenido, Alfred U., cuyas primeras declaraciones se han filtrado ya a la prensa austriaca. «No soy una mala persona. Solo quería que las mujeres me amaran. Pero no me trataron bien y solo me quedaba comérmela», ha dicho a la policía este ciudadano austriaco acusado de descuartizar a la mujer, que finalmente ha sido identificada como de nacionalidad eslovaca.

Tras una exhaustiva investigación en los alrededores y después de que las vísceras de la mujer fuesen halladas dentro del congelador de una cabaña cercana al lugar, el dueño del inmueble y declarado después como único culpable fue detenido. No tardó en confesar ante las autoridades que es caníbal y que su intención era guardar esa carne para comerla «en una fecha futura».

Según su testimonio, Alfred habría conocido a la víctima en una estación de tren en la capital austríaca y, después de conversar, ambos fueron a la casa del hombre para tener relaciones sexuales. «Yo le pedí que fuese amable conmigo, para besarme y hacerme cariños, pero ella se negó. Entonces, la agarré por los senos y, de repente, empezó a gritar», declaró el agresor, que asegura que no planeó la situación y que todo sucedió de forma imprevista.

Al comenzar a llorar, la mujer desató su furia y la estranguló «para conseguir silencio». Posteriormente y siempre según su propia declaración, cortó el cuerpo con un arma blanca y una sierra dentro de su propio baño, para luego tirar gran parte del cuerpo al lago.

Alfred U., de nacionalidad austriaca y residente en Viena, donde tuvo lugar el crimen, se encuentra detenido en la ciudad austriaca de Eisenstadt, pero esta no es la primera vez que pisa la cárcel. Una vez revisado su historial y hechas las sumas pertinentes, consta que ha pasado 32 de sus 63 años en prisión. En 1984 agredió a un hombre con una barra de hierro, violó a su pareja y le arrancó un pezón con los dientes, razón por la que fue condenado. Pero en octubre de 2016 fue puesto de nuevo en libertad después de que dos psiquiatras lo declarasen «inofensivo» y le prescribiesen un tratamiento. Hace menos de dos años fue expulsado del centro para el tratamiento de «delincuentes mentales inestables» al que hasta entonces acudía con regularidad y el en que ya estaba recibiendo una terapia contra el canibalismo que, a la luz de los acontecimientos, no ha funcionado demasiado bien.

En su relato, el detenido asegura que mató a la mujer en su apartamento de Viena a finales de marzo. Una vez desmembrado el cuerpo se trasladó hasta Burgenland, dónde posee una cabaña junto al lago. Ese mismo día transportó parte del cadáver en un pequeño bote eléctrico y lo hundió «Necesitamos profundizar en la investigación. El acusado ha almacenado partes del cuerpo de la víctima en su congelador, y ha declarado que quería degustarlas en algún momento futuro», ha explicado la portavoz de la Fiscalía de Eisenstadt, Verena Strnad, pero hay detalles todavía por aclarar. Los investigadores han encontrado coincidencias del perfil genético de la víctima con las muestras recogidas en un atraco a una bodega en Viena el año pasado. Medios locales afirman que podría tratarse de una prostituta procedente de algún país de la Europa del Este.

«Caníbal de Rotenburbo»

El caso del Lago Neusiedl devuelve a la opinión pública centroeuropea a los días de horror que propició el tristemente célebre «Caníbal de Rotenburbo», que confesó haber asesinado, descuartizado y comido parcialmente a un hombre al que conoció a través de internet y con el que se citó expresamente para ello. En su confesión de los hechos, que trascendió en 2016 gracias a un documental titulado «Docs: Entrevista con un caníbal» y que fue colgado a YouTube, relataba que «maté a un hombre, lo corté en trozos y me lo comí. Desde entonces, él siempre está conmigo». Armin Meiwes contó también ante la cámara que Bern Brandes se había ofrecido para ser comido vivo y que estaba despierto cuando comenzó la amputación.

Según el mapa de A. Hartleben publicado por Deutsche Rundschau en 1893, el canibalismo había dejado de formar parte de la realidad europea y, tomando como epicentro París, no se registraban casos en un área de cinco o seis mil kilómetros. Pero internet y las redes sociales parecen estar despertando un monstruo dormido, gracias a la facilidad de contacto entre personas con estas inclinaciones y seguramente también a la gran publicidad que obtienen estos casos.