Cuatro años del presidente Al Sisi: ni seguridad, ni economía, ni estabilidad

El aumento de atentados contra iglesias y del sectarismo, la crisis económica y la corrupción han laminado el apoyo popular al mariscal, que sin embargo se enfrenta a unas elecciones presidenciales el próximo año a una oposición casi sin opciones

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El exmariscal Abdelfatah Al Sisi, de 62 años, lleva más de cuatro dirigiendo los destinos de Egipto: un año al frente del gobierno militar de transición tras la asonada de 2013 y tres como presidente electo. Entonces, el rostro del «héroe de Egipto» con sus gafas oscuras, se imprimía en camisetas y tartas, en pancartas y banderas, lo cual no aumentó la bajísima afluencia a los comicios de 2014, que finalmente ganó con un 96,91% de los votos. Al Sisi se presentaba como el «salvador de Egipto» prometiendo regresar el país a la estabilidad de antes de 2011, levantar su vapuleada economía, hacer frente a la corrupción y limpiar el país de la amenaza del terrorismo. Muchos lo apoyaron para que «Egipto no se convirtiera en una Siria o una Libia». Con las elecciones presidenciales de 2018 fechadas para febrero-marzo, las promesas han quedado sin cumplir: ni seguridad, ni economía, ni estabilidad ni libertades en el Egipto de Al Sisi.

Su lema ha sido «la seguridad es la solución»: tras el levantamiento militar que derrocó al entonces presidente islamista Mohamed Morsi, durante su primer mandato centró sus esfuerzos en grandes campañas de detenciones de partidarios de los Hermanos Musulmanes. Después, la acusación de «amenaza a la seguridad nacional» ha caído arbitrariamente sobre cualquier sospechoso de oposición al régimen de Al Sisi, desde activistas proderechos humanos a investigadores, periodistas u oenegés. desde activistas a investigadores, periodistas u ONG. «Se está intentando dificultar todo lo posible el trabajo de la sociedad civil», apunta a este diario la activista Mozn Hassan. El pasado mayo el Parlamento egipcio aprobó una Ley para el control de ONG que termina de cerrar el limitado espacio para los grupos no gubernamentales en Egipto, señala el director para Oriente Medio de Human Rights Watch Joe Stork: «Los enjuiciamientos, las prohibiciones de abandonar el país y la congelación de activos contra los defensores de derechos humanos, además de la nueva represiva legislación, amenazan con erradicar de manera efectiva a la sociedad civil independiente».

Pero desde 2014 la mayor amenaza a la seguridad del país proviene de la península del Sinaí, donde se concentraron grupos terroristas islámicos, incluida la filial egipcia del autodenominado Estado Islámico, Wilayat Sina. Tras atribuirse la explosión en pleno vuelo de un avión comercial con destino San Petersburgo a finales de 2015, Wilayat Sina ha aumentado sus atentados contra fuerzas de seguridad egipcias - hasta 700 ataques sólo en los últimos dos años, según recopila el Centro Tahrir para Políticas de Oriente Medio- y otros objetivos más blandos, como la minoría cristiana en el país. La respuesta del Gobierno de Al Sisi, que ha ampliado el estado de emergencia, ha prácticamente bloqueado el acceso al Sinaí Norte, donde se han registrado numerosos abusos de derechos humanos (ejecuciones extrajudiciales, desplazamientos forzosos) y aprobó una polémica Ley Contra el Terrorismo que coarta el trabajo de los periodistas locales, no ha logrado acabar con el terrorismo.

Disminuyen sus apoyos

La falta de resultados de las medidas de la presidencia de Al Sisi está limando hasta sus más tradicionales partidarios. La comunidad cristiana, temerosa del aumento del islamismo en el país, apoyó a Sisi como candidato que se pintaba «más secular». Sin embargo, los atentados contra iglesias en vísperas de Navidad (2016) en El Cairo y en Domingo de Ramos en Tanta y Alejandría que en total se cobraron las vidas de más de 80 feligreses, la polémica aprobación de la Ley de Construcción de Iglesias y la incapacidad del Gobierno de hacer frente al creciente sectarismo que ha degenerado en más de 500 ataques contra cristianos en provincias rurales de todo el país, según datos del think tank Eshhad, han enfriado el fervor popular de los cristianos hacia Al Sisi.

Un segundo caballo de batalla de Al Sisi ha sido la economía. Ante la desbandada del turismo y la falta de reservas, Al Sisi se apoyó en una serie de megaproyectos en los que destaca la ampliación del Canal de Suez en un tiempo récord de apenas un año. «El regalo de Egipto al mundo· sin embargo no ha dado los frutos esperados: los ingresos, muy por debajo de las expectativas se han estancado por la crisis económica mundial y la disminución de los precios del petróleo. En noviembre 2016 se acordó un préstamo de 12.000 millones de dólares del FMI y poco después se procedió a la flotación de la libra egipcia, que de la noche a la mañana pasó a la mitad de su valor (de 8 libras el dólar aproximadamente pasó a 20 por dólar), multiplicando los precios y aumentando la inflación en un 30%. El precio de los carburantes, muy subvencionados, ha llegado a aumentar en un 80%, mientras que en varias ocasiones se han intentado cancelar los subsidios al pan y el azúcar, medidas que el Ejecutivo tuvo que cancelar ante el descontento generalizado. Millones de egipcios sobreviven con menos de dos dólares al día.

Y sin embargo, ha sido la cesión de las islas Tirán y Sanafir bajo soberanía egipcia al reino saudí del Golfo, ratificada en junio, lo que ha colmado el vaso de muchos egipcios. «Sisi llegó al poder basándose en que es el hombre fuerte del Ejército que protegería el país y en cambio está regalando tierra por la que Egipto fue a la guerra con Israel», sostuvo el precandidato Khaled Ali en una entrevista con Reuters. Sobre este abogado, que llevó la cesión de las islas a los tribunales, pesa una condena de tres meses de cárcel por «violar la moral pública» en una protesta contra la cesión. «El régimen está haciendo que siquiera preocuparse por la política de miedo. Si tenemos elecciones justas, cualquiera podría vender a Sisi».

La popularidad de Al Sisi ha caído bruscamente en hasta un 50% en los últimos años de gobierno según el centro de estadística semipúblico Baseera, y sin embargo «Al Sisi sigue siendo la única opción que perciben los egipcios» sostiene a este diario el profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Americana del Cairo Mustafa Kamel.

No se esperan grandes cambios políticos entre una sociedad hastiada, mientras que el Ejecutivo de Al Sisi se asegura de dificultar al máximo los avances de posibles candidatos de la oposición.