Los corsos no quieren saber nada de Cataluña

Sus pretensiones están muy lejos de las aspiraciones de los independentistas catalanes, y ellos mismos han dejado claro en la campaña sus diferencias

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“Pè a Corsica” (PaC, Por Córcega), la coalición autonomista y nacionalista moderada que ha ganado la primera vuelta de las elecciones regionales, con el 45,36 % de los votos, anunciando una amplia mayoría absoluta, en la segunda vuelta, el domingo día 10, no aspira a la independencia de la isla si no a la negociación de un estatuto de “auténtica” autonomía, con nuevos poderes fiscales y legislativos, locales.

Durante su victoriosa campaña presidencial, el gran patrón de PaC, previsible presidente de la futura autoridad política local, Gilles Simeoni, repitió en varias ocasiones el programa político de su coalición: “Digámoslo con claridad: Córcega no es Cataluña. Ni en el plan demográfico, ni en el plan económico, ni en el plan político. La reivindicación institucional de nuestra coalición es la de una autonomía plena, incluyendo cierto poder fiscal y legislativo, a través de nuestra asamblea regional”.

Córcega (324.000 habitantes) tiene el estatuto de colectividad territorial, dividida en dos departamentos, donde la primera autoridad local es el prefecto, representante del Estado. La Asamblea regional y el presidente de la colectividad territorial tienen, desde 1982, modestos poderes en materia de desarrollo económico, infraestructuras y transporte, gestión del agua, cultura, formación profesional, educación, y muy poco más. Para poner en práctica tales políticas locales, bajo férrea tutela estatal, la colectividad territorial tuvo este año un presupuesto de 1.230 millones de euros. Sin las subvenciones del Estado, Córcega tendría problemas incluso para comunicarse con el continente. Córcega “cuesta” al Estado (en subvenciones directas) entre 3.500 y 4.000 millones de euros, y “recibe” (cotizaciones, impuestos, etcétera) entre 3.000 y 3.500 millones. Un balance presupuestario francamente soportable para el Estado francés, que hace impensable cualquier fantasma “indepe”: la modesta economía corsa reposa en un turismo y una agricultura muy modesta.

La previsible mayoría parlamentaria absoluta corsa es muy consciente de tal realidad. Solo un micro grupúsculo “indepe” (barrido en la primera vuelta electoral del domingo) propone una “independencia”, sin eco social, político ni cultural significativo.

La coalición ganadora de la primera vuelta, por el contrario, desea conseguir un estatuto de “plena autonomía” en un plazo de tres años, aspirando a poder gestionar las ayudas del Estado con mayor autonomía, intentando conseguir alguna forma de poder fiscal y económico, más allá de las actuales y minúsculas competencias.

Entre 1975, cuando nace el nacionalismo “indepe” corso, durante los “acontecimientos” de Aleria, y el 2014, cuando desaparece definitivamente el Frente Nacional de Liberación de Córcega (FNLC, indepe, partidario de la “lucha armada”), el nacionalismo corso ha evolucionado masivamente hacia el regionalismo, el autonomismo y el “nacionalismo” muy moderado. La primera vuelta de las elecciones regionales, el domingo día 3, ha confirmado el triunfo de la nueva vía, que debiera confirmarse en la segunda vuelta, primer paso de la nueva organización administrativa de la isla, a primeros del 2018.