El embajador de Corea del Norte ante la ONU, Han Tae-song, durante la reunión en Ginebra
El embajador de Corea del Norte ante la ONU, Han Tae-song, durante la reunión en Ginebra - REUTERS

Corea del Norte enviará más «regalos empaquetados» a EE.UU. tras su prueba nuclear

Mientras Putin tilda las sanciones de «inútiles», el líder surcoreano cree que no es el momento para hablar

CORRESPONSAL EN PEKÍNActualizado:

El presidente de EE.UU., Donald Trump, no va a tener más remedio que reconocer a Corea del Norte como una potencia nuclear, algo que ya es desde hace años, porque la otra opción que le queda es todavía peor: ir a una guerra contra un enemigo con armas atómicas. Tras su último y más potente ensayo nuclear, el sexto desde 2006, el joven dictador Kim Jong-un sigue tensando la cuerda.

Con una ironía más que macabra, así lo anunció ayer el embajador de Corea del Norte ante la sede de la ONU en Ginebra, Han Tae-song, aprovechando su presencia en la Conferencia sobre Desarme que se celebra en Suiza. Según informa Reuters, en tan poco apropiado foro se mostró «orgulloso de decir que la República Democrática Popular de Corea ha probado con éxito una bomba de hidrógeno para misiles intercontinentales dentro del plan para construir una fuerza nuclear estratégica». Alardeando de dichos proyectiles, que fueron probados en julio y en teoría pueden recorrer hasta 10.000 kilómetros, aseguró que «las recientes medidas de autodefensa de mi país son un ˝regalo empaquetado˝ que no se dirige más que a EE.UU.». Y avisó de que «EE.UU. recibirá más ˝paquetes empaquetados” mientras siga con sus provocaciones temerarias e intentos fútiles de presionarnos».

Una amenaza que podría materializarse esta misma semana porque los servicios de Inteligencia de Corea del Sur sospechan que el régimen estalinista de Pyongyang planea disparar otro misil intercontinental de aquí al sábado, cuando se celebra el 69 aniversario de la fundación del país. Citando fuentes sin identificar, el periódico surcoreano «Asia Business Daily» informa de que se ha detectado en dirección a la costa oriental una lanzadera móvil de lo que parece ser un proyectil intercontinental, que solo se mueve de noche para evitar la vigilancia. Teniendo en cuenta la afición del régimen a festejar sus efemérides con demostraciones de fuerza, otra posible fecha para un ensayo balístico sería en torno al 10 de octubre, cuando se conmemoran los 72 años de la creación del Partido de los Trabajadores.

Con la tensión en alza por estas sospechas y nuevas sanciones en el horizonte, el presidente de Rusia, Vladímir Putin, volvió ayer a criticar la creciente presión de Trump sobre Kim Jong-un. «Rusia condena las pruebas de Corea del Norte y consideramos que son una provocación… Pero redoblar la histeria militar no llevará a nada bueno. Llevará a una catástrofe global», advirtió Putin al término de la cumbre en Xiamen de las potencias emergentes BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). En su opinión, las sanciones contra Corea del Norte son «inútiles» y están «agotadas». Tras ampliarse estas a empresas rusas que tienen negocios con Pyongyang, denunció que es «ridículo que nos pongan en la misma lista que a Corea del Norte y luego nos pidan ayuda para imponerle más sanciones». Para Putin, «esto lo hace gente que confunde Australia con Austria», por lo que insistió en la necesidad de reabrir el diálogo.

Demostraciones de fuerza

Pero el presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, quien precisamente llega hoy miércoles a Rusia para participar en un foro económico en Vladivostok, cree que no es el momento para hablar. Así lo aseguró ayer Moon en una entrevista a la agencia rusa Tass, donde explicó que «la situación es frustrante y difícil, pero nuestro Gobierno seguirá adelante en su política para alcanzar la paz y la prosperidad en la Península coreana con paciencia y una visión a largo plazo». Intentando apaciguar a Kim Jong-un, señaló que «no buscamos derribar al régimen de Corea del Norte ni buscar la reunificación por absorción. Buscamos formar una comunidad económica donde el Norte y el Sur puedan prosperar y esto además contribuirá al desarrollo del Lejano Oriente Ruso». Un claro guiño para lograr la ayuda de Putin, con quien se verá en Vladivostok.

Mientras, el Gobierno surcoreano continuó ayer sus demostraciones de fuerza con maniobras navales. Además de acordar con EE.UU. doblar la carga explosiva de sus misiles, que pasará a ser de un tonelada, le ha pedido refuerzos, como un portaaviones nuclear y bombarderos. Aunque Seúl lo niega, dicho despliegue hace temer el regreso a Corea del Sur de las armas atómicas que el Pentágono se llevó en los años 90.