El ministro de Unificación de Corea del Sur y delegado en jefe Cho Myoung-gyon (i) y el principal delegado de Corea del Norte Ri Son-gwon (d) se reúnen con sus respectivas delegaciones en el pueblo de tregua de Panmunjom - EFE

Corea del Norte participará en los Juegos Olímpicos de invierno en el Sur

En su primera reunión desde 2015, el régimen de Kim Jong-un rebaja la tensión ofreciendo una delegación para las Olimpiadas de PyeongChang en febrero

Corresponsal en PekínActualizado:

Corea del Norte participará en los Juegos Olímpicos de invierno, que se celebrarán en el Sur en febrero. Según informa la agencia de noticias Yonhap, así lo ha acordado el régimen del joven dictador Kim Jong-un en la reunión con representantes del Gobierno de Seúl este martes (durante la madrugada en España).

Dicho encuentro, celebrado en su frontera de Panmunjom, dentro de la Zona Desmilitarizada del Paralelo 38, es fruto del deshielo que han traído estas Olimpiadas, ya que ambas partes no se reunían desde 2015 y habían cortado sus comunicaciones directas. Tras dos años de ensayos nucleares y lanzamientos de misiles que han disparado la tensión militar, el régimen estalinista de Pyongyang intenta ahora el acercamiento con Corea del Sur dentro de su habitual estrategia diplomática del palo y la zanahoria.

Para ello, enviará una delegación de alto nivel a los Juegos Olímpicos que tendrán lugar del 9 al 25 de febrero en la ciudad surcoreana de PyeongChang, que se escribe así para distinguirla de la capital del Norte. Además de una pareja de patinadores, los únicos deportistas norcoreanos que se han clasificado para dichas Olimpiadas, la delegación incluirá a representantes del régimen, un conjunto de animadoras, un grupo artístico y un equipo de taekwondo para hacer una demostración de este deporte nacional.

Por su parte, Corea del Sur quiere aprovechar la ocasión en pos de la distensión. «Hemos manifestado la necesidad de acabar con los actos que puedan elevar la tensión en la Península Coreana para retomar el diálogo sobre la desnuclearización del Norte y traer la paz», explicó el viceministro del Sur para la Unificación, Chun Hae-sung, informa Yonhap. El clima del encuentro ha sido bastante bueno porque, según señaló, «Corea del Norte ha propuesto resolver los asuntos relacionados con los lazos intercoreanos a través del diálogo y las negociaciones por la paz y la unidad de la Península». Con este objetivo, ambas partes retomarán sus contactos militares.

Como gesto de buena voluntad, el Ejecutivo de Seúl ha propuesto que ambos equipos desfilen juntos bajo una misma bandera en las ceremonias de inauguración y clausura. Además, Corea del Sur quiere que se vuelvan a celebrar los encuentros de familias separadas por la guerra coincidiendo con estos Juegos Olímpicos. La fecha propuesta sería a mediados de febrero, coincidiendo con el Año Nuevo Lunar.

«He venido aquí con esperanzas en que las dos Coreas hablen con una sincera y fiel actitud para dar resultados preciosos al pueblo coreano, que tiene altas expectativas en este encuentro como el primer regalo de año nuevo», destacó el jefe de la delegación del Norte, Ri Son-gwon, quien dirige el Comité para la Reunificación Pacífica de la Patria. Minutos antes, los emisarios de Pyongyang habían cruzado la línea del Paralelo 38 que separa a las dos Coreas en el denominado «Pueblo de la Paz» en Panmunjom, justo el mismo lugar donde los soldados del Norte tirotearon a un compañero que logró desertar malherido en noviembre.

A pesar de la tensión militar constante durante los dos últimos años, este nuevo ambiente de diálogo forma parte de la estrategia habitual de Corea del Norte. Dentro de su «diplomacia atómica», el régimen de Pyongyang sabe manejar perfectamente los tiempos para poner al mundo al borde de una guerra nuclear y luego mostrarse dispuesto a hablar para obtener concesiones en la mesa de negociaciones.

Siguiendo el ejemplo de su abuelo y su padre, anteriores caudillos de Corea del Norte, así lo hizo la semana pasada Kim Jong-un en su discurso de Año Nuevo. En este cambio de actitud parecen haber influido las sanciones internacionales sobre el régimen, que la ONU ha endurecido tras su ensayo nuclear de septiembre y están ya dañando la economía nacional. Además, Estados Unidos ha reforzado su retórica belicista desde la llegada del presidente Trump al poder, haciendo temer una intervención militar que desataría una desastrosa guerra con armas nucleares en el nordeste de Asia. Junto al baño de sangre que provocaría, sería una catástrofe para toda la economía mundial porque afectaría también a China, Japón y Rusia.

Intentando evitar este escenario, en el que su única opción sería morir matando, Kim Jong-un tiende la mano al presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, quien lleva abogando por la distensión desde que ganó las elecciones en mayo. Como primera concesión, Pyongyang ya ha conseguido que Seúl y Washington retrasen sus maniobras militares conjuntas de febrero, que suelen avivar la tensión porque el Norte las considera un simulacro de invasión. Y, para cuando vuelva a la mesa de negociaciones, Kim Jong-un ya tendrá en su poder bombas atómicas y misiles capaces de llegar a territorio estadounidense.