Lloyd Lee Welch is pictured en una imagen fechada en 1977
Lloyd Lee Welch is pictured en una imagen fechada en 1977 - Reuters

Condenan a un hombre tras reconocer, 42 años después, el asesinato de dos hermanas de 10 y 12 años

El secuestro y asesinato de las hermanas Lyon conmovió a Estados Unidos en 1975

A pesar de esta confesión del sospechoso, quedan aspectos del crimen por resolver

MadridActualizado:

La Justicia es lenta pero la verdad también. Lloyd Lee Welch, un hombre de 60 años preso por abusos sexuales, ha tardado más de cuarenta en reconocer el secuestro y el asesinato de las hermanas Lyon, de 10 y 12 años, en uno de esos sucesos que alimentan con vigor la crónica de sucesos estadounidense.

Todo ocurrió el mediodía del 25 de marzo de 1975. Lloyd Lee Welch secuestró a Katherine y Sheila Lyon en Kensington (Maryland), un suburbio de Washington. Las pequeñas salieron a un centro comecial cercano para pasear con unas amigas. Dijeron en casa que volverían en torno a las cuatro de la tarde, pero nunca más se supo.

42 años después, Lloyd Lee Welch ha confesado el crimen aunque asegura que no actuó solo. Las autoridades piensan que el sospechoso, que hoy está en prisión por un abuso sexual posterior, quemó los cadáveres de las niñas en una montaña del condado Bedford, Virginia, donde su familia tenía tierras. El caso es que los cuerpos de las niñas nunca aparecieron, dejando un cabo suelto más en la investigación del suceso.

En uno de los crímenes posteriores cometidos por Welch, los investigadores se dieron cuenta de una cosa: Welch se parecía mucho a un retrato robot elaborado con motivo del crimen de las hermanas Lyon.

Los investigadores entrevistaron varias veces a Welch hasta que en 2015 aseguró que fueron familiares suyos quienes secuestraron a las niñas y deshicieron sus cuerpos en un sótano de la casa familiar. Allí se encontraron restos humanos, trazas de ADN que, por su antigüedad, no se pudieron atribuir a las niñas.

El tío y el padre de Welch pasaron a ser sospechosos pero nunca hubo indicios suficientes para imputarles un crimen que, pese a la confesión de este veterano criminal, sigue casi tan abierto como el primer día.