Choi Soon-sil, en la apertura del juicio en enero del año pasado
Choi Soon-sil, en la apertura del juicio en enero del año pasado - AFP

Condenada a 20 años de cárcel la «rasputina» surcoreana, Choi Soon-sil

Asesora de la expresidenta Park, hoy encarcelada, extorsionó a las grandes corporaciones del país

SEÚLActualizado:

En pleno “deshielo olímpico” con el régimen del joven dictador Kim Jong-un, Corea del Sur vive los últimos capítulos del escándalo de corrupción de la “Rasputina”, que el año pasado tumbó a la presidenta Park Geun-hye. Su amiga Choi Soon-sil, apodada como el místico monje de la Rusia zarista por su oscura influencia sobre ella, ha sido sentenciada este martes a 20 años de cárcel por aprovecharse de su cercanía con la presidenta para vender favores políticos a cambio de sumas millonarias.

Condenada a sus 62 años por aceptar sobornos, abuso de poder y coerción, tendrá que pagar también una multa de 18.000 millones de won (13 millones de euros), según informa Yonhap. Arrestada desde noviembre de 2016, estaba acusada de 18 cargos de corrupción por actuar en connivencia con Park para extorsionar a 50 grandes corporaciones surcoreanas, a las que sacaron 77.400 millones de won (58 millones de euros) que fueron a parar a dos fundaciones que ella misma dirigía.

Destituida en marzo por el Tribunal Constitucional, la expresidenta Park sigue en prisión preventiva a la espera de ser juzgada por este caso, que sacudió los cimientos de la política y los “chaebols”, como se conoce en Corea del Sur a sus famosas multinacionales. A tenor del fallo judicial, “la Casa Azul (residencia presidencial) de Park es el principal agente en el establecimiento de las fundaciones” de la “Rasputina”, que se declaró inocente y aseguró que el dinero recibido eran donaciones.

Junto a ella, ha sido condenado el presidente de la gigantesca empresa Lotte, Shin Dong-bin, a dos años y medio de cárcel por pagar sobornos. A tenor de la sentencia, ha quedado probado que entregó a dichas fundaciones hasta 7.000 millones de won (5 millones de euros) para beneficiar a sus negocios de ventas libres de impuestos (“tax free”) para turistas.

De igual modo, el Tribunal del Distrito Central de Seúl encontró a la “Rasputina” culpable de aceptar un soborno de 7.300 millones de won (5,4 millones de euros) de Samsung, que sirvió para pagar los cursos de equitación de su hija. Condenado en agosto a cinco años por este caso, el “heredero” de Samsung, Lee Jae-yong, salió de la cárcel la semana pasada después de que el Tribunal de Apelaciones estimara su recurso. Además, la “Rasputina” fue condenada por coaccionar al presidente del “holding” SK, Chey Tae-won, para que pagara 8.900 millones de won (6,6 millones de euros), pero este se negó. “Parece que las corporaciones tenían poco que beneficiarse de dichas fundaciones”, asegura el fallo judicial, que concluye que “sus contribuciones eran resultado de la coerción de la anterior presidenta a petición de Choi”.

Los jueces también han condenado a seis años de prisión al secretario presidencial de coordinación política, An Chong-bum, por aceptar sobornos y participar en este tráfico de influencias. Aunque la “Rasputina” no tenía ningún cargo en el Gobierno, se aprovechaba de su amistad de varias décadas con la presidenta Park para conocer asuntos de Estados y decidir en su política, incluso en temas confidenciales. Según reveló en octubre de 2016 la televisión JTBC, que tuvo acceso a los archivos del ordenador de la Choi Soon-sil, la confianza entre ambas era tal que esta llegó a corregir discursos de la presidenta Park y veía documentos secretos sobre las relaciones con Japón y Corea del Norte.

Su amistad se remonta a los años 70, cuando Park se convirtió en discípula del padre de la “Rasputina”, el pastor religioso Choi Tae-min. Como fundador de la Iglesia de la Vida Eterna (Yongsaenggyo), considerada por muchos una secta, Choi se erigió en el mentor de Park. Cuando la joven, hija del dictador Park Chung-hee, perdió a sus padres en sendos atentados, pasó a estar bajo su influencia hasta el punto de enemistarse con su propia familia. Tal y como consta en los cables diplomáticos revelados por Wikileaks en 2007, la Embajada de Estados Unidos en Corea del Sur informó a su Gobierno “del completo control que tenía el difunto pastor sobre el cuerpo y el alma de Park en sus años de formación”, pese a ser mucho mayor que ella. Tras la muerte del líder religioso en 1994 a los 82 años, Park continuó su amistad con su hija, que la ha hundido en el mayor escándalo de corrupción de las últimas décadas en Corea del Sur.