Internacional

Las «ciudades santuario» desafían a Trump al rechazar las deportaciones

Los alcaldes de Nueva York, Chicago y Los Ángeles se niegan a coordinar sus fuerzas con las autoridades federales para boicotear la expulsión de inmigrantes anunciada por el presidente electo

Estudiantes de la Universidad George Washington protestan contra la política migratoria de Donald Trump frente a la Casa Blanca, este martes en Washington
Estudiantes de la Universidad George Washington protestan contra la política migratoria de Donald Trump frente a la Casa Blanca, este martes en Washington - AFP

Con el país dividido y los derrotados demócratas sin brújula, las ciudades emergen como escenario de contestación al presidente electo, Donald Trump. Miles de ciudadanos, jóvenes más ruidosos que mayoritarios, siguen saliendo a la calle para rechazar la victoria del candidato republicano, con la esperanza de que muchas de sus promesas electorales no se lleven a efecto. Con el viento a favor de alcaldes como el de Nueva York, Bill de Blasio, que anima a los ciudadanos a «seguir protestando, para defender causas justas». Entre los choques de trenes que se avecinan, uno asoma ya por el horizonte: la frontal oposición a colaborar con el plan de detenciones de inmigrantes de Trump. Cumpliendo su propuesta de campaña, el presidente electo, que prevé la deportación de los casi tres millones de indocumentados con antecedentes penales, la mayoría hispanos, va a llamar a la cooperación a los alcaldes de las llamadas «ciudades santuario». Es la denominación del papel que juegan algunas grandes urbes a la hora de proteger a los sin papeles de su detención y expulsión del país. Pese a la amenaza de una retirada de fondos federales, los primeros ediles ya han anunciado su radical oposición a que sus policías colaboren. Las ciudades pueden convertirse en la gran oposición política a Trump.

El agresivo mensaje antiinmigración del magnate ya derivó en reacciones de contestación de los alcaldes, la mayoría demócratas. La inesperada victoria electoral del millonario ha puesto a las ciudades a la defensiva. El de Chicago, Rahm Emanuel, fue el primer en abrir fuego, después de que se filtrara que el llamado plan de transición que maneja el equipo de Trump, contempla las deportaciones masivas y la exigencia de coordinación de la Policía federal con las locales, a fin de agilizar la búsqueda y detención de los indocumentados con antecedentes. Emanuel, quien fuera el primer jefe de gabinete del presidente Obama, avanzó entonces que su ciudad y su policía no colaborarán, pese a la espada de Damocles de una retirada de fondos federales.

«La nuestra es una ciudad tranquila, lo último que quiero es empezar a entregar a nuestros vecinos»Ed Murray, alcalde de Seattle

Las llamadas «ciudades santuario» se remontan a la implantación de comunidades de inmigrantes en las urbes y a la ayuda que proporcionaban a los nuevos habitantes, que llegaban huyendo de la violencia en sus países de origen, sobre todo en Centroamérica. Hoy, las comunidades cuentan con el amparo de leyes santuario ex profeso, desarrolladas por sus ayuntamientos. Además de Los Ángeles, Houston, Nueva York, Riverside/San Bernardino, Chicago (estas cinco son las que más hispanos albergan), Washington DC, y hasta una veintena, mantienen una política que sus actuales dirigentes no están dispuestos a cambiar. Ed Murray, alcalde de Seattle, se ha sumado públicamente a las palabras de su homólogo de Chicago: «La nuestra es una ciudad tranquila, lo último que quiero es empezar a entregar a nuestros vecinos».

De momento, el presidente electo Trump no se ha explayado al respecto, pero durante la campaña electoral, argumentó que la presencia de ilegales con antecedentes en las ciudades santuario son «una desgracia y uno de los principales focos que causan muertes innecesarias».

En la diversa respuesta política y legal que han ido adoptando, algunas ciudades como San Francisco han optado por declararse «refugios seguros para los inmigrantes sin permiso de residencia» y emitir tarjetas de identificación locales que dan acceso a los diferentes servicios públicos. En la mayoría de ellas, los agentes de policía no preguntan a los sin papeles por su situación. Por ejemplo, en Chicago, una normativa que data de 1983 prohíbe a los empleados municipales preguntar por el estatus legal de las personas, bajo amenaza de sanciones disciplinarias. En el caso de que la Administración Trump pusiera en marcha el plan de detenciones y deportaciones, la policía local de una ciudad no estaría obligada en principio a cumplir las órdenes de los agentes federales, sino la de las autoridades municipales.

El presidente con más expulsiones

Los últimos años, las deportaciones se han llevado a cabo de una manera más espaciada y selectiva, y por eso no han contado con la colaboración expresa de la policía local. Lo que no excluye que Obama haya sido hasta ahora el presidente de la historia de Estados Unidos con más expulsiones durante su mandato: dos millones y medio. Aunque el número está decreciendo, sólo en 2015 fueron deportados algo más de 227.000 indocumentados.

El combate a las «ciudades santuario» que Donald Trump ha llevado a su programa electoral tiene antecedentes. Los republicanos en el Congreso llegaron a presentar un proyecto de ley en el que se preveía la supresión de fondos federales a los ayuntamientos que no colaborasen. Finalmente, el Senado bloqueó la propuesta, a pesar de la mayoría republicana, lo que abre las dudas a un nuevo intento.

El Departamento de Seguridad Nacional de los Estados Unidos calcula que en el país viven 11,4 millones de ilegales en el país, aunque otras fuentes reducen ligeramente la cifra, hasta los 11 millones.

Toda la actualidad en portada
publicidad

comentarios