Internacional

China y Corea del Norte honran a Castro pese a sus diferencias históricas

Pekín y Pyongyang eran aliados comunistas de Cuba, pero los separaban sus muy distintos vínculos con la Unión Soviética

Vídeo: Líderes internacionales acudirán al homenaje a Castro

Aunque ambos países son aliados por compartir la misma ideología comunista, la muerte del dictador cubano, Fidel Castro, se está viviendo en China con menos pesar, curiosamente, que en algunas democracias capitalistas, que se han lanzado a loar la figura histórica del difunto revolucionario.

Como mandan los cánones de la diplomacia, tanto el presidente chino, Xi Jinping, como el primer ministro, Li Keqiang, ofrecieron sus respectivos mensajes de condolencia al pueblo cubano nada más conocer el fallecimiento de Castro, que en este país se supo el sábado por la mañana. «El pueblo chino ha perdido a un camarada bueno y auténtico», lamentó Xi Jinping en una carta cuyo contenido fue leído en la televisión estatal. En dicha misiva, aseguró que «el camarada Castro fue un gran hombre de nuestro tiempo y vivirá para siempre», pero lo cierto es que China y Cuba han mantenido serias diferencias históricas pese a compartir los mismos valores socialistas.

Al menos en teoría, ya que el autoritario régimen de Pekín abrazó el capitalismo más salvaje a finales de los 70 tras la muerte de Mao Zedong, el «padre de la patria» cuyo espíritu revolucionario y guerrillero se reflejaba también en Castro. Según informan los medios oficiales chinos, el comandante de la revolución cubana admiraba al «Gran Timonel» y lamentó no llegar a conocerlo en persona. Pero, como recuerda la CNN, Castro criticó el «culto a la personalidad y abuso de poder» de Mao –lo que ya resultaba de por sí irónico viniendo de otro dictador– en una entrevista con la periodista americana Bárbara Walters en 1977.

Detrás de estas diferencias subyace la división de los países comunistas en torno a sus dos principales polos de referencia: la Unión Soviética y China. Mientras Mao se distanciaba de Moscú por el revisionismo de los sucesores de Stalin, que ponía en cuestión su propio liderazgo por sus desmanes autoritarios, Castro se aferraba al Kremlin como su única tabla de supervivencia. Además, el acercamiento entre China y Estados Unidos, propiciado tras la histórica visita del entonces presidente Nixon a Mao en Pekín en 1972, sembró nuevas reticencias en Cuba debido al embargo decretado por Washington.

La posterior apertura de China al capitalismo, que ha traído su extraordinario crecimiento económico de las últimas décadas, terminó de separar a ambos países. Solo a partir de los años 90, cuando Cuba se quedó sin apoyos tras la desintegración de la Unión Soviética y la caída del bloque comunista en Europa del Este, se vivió un deshielo entre La Habana y Pekín.

En su único viaje a China, Castro visitó Pekín en 1995 y rindió honores al cuerpo embalsamado de Mao en su mausoleo, ubicado en plena plaza de Tiananmen. Además, recorrió varias zonas económicas especiales y tomó nota de las reformas de mercado llevadas a cabo por las autoridades chinas, algunas de las cuales puso en práctica en su país. Pero, en cierto modo, parecía como si el Comandante despreciara la traición a la causa socialista que veía en el gigante asiático.

Movido por el pragmatismo que desarrolla el instinto de supervivencia, Castro estrechó sus relaciones económicas con China, que tiene ya bastantes intereses comerciales e inversiones en la isla pero no al mismo nivel que en otros países latinoamericanos. Desde entonces, el hermano y sucesor de Fidel, Raúl Castro, ha visitado China en dos ocasiones (2003 y 2012). De igual modo, Xi Jinping ha viajado dos veces a Cuba para reunirse con los Castro; una como vicepresidente en 2011 y otra ya como presidente en 2014. Por su parte, el primer ministro, Li Keqiang, visitó en septiembre al Comandante Fidel.

A pesar de sus turbulentas relaciones históricas, los medios chinos elogian ahora la figura de Castro, galardonado en 2004 con el Premio Confucio de la Paz, mientras Pekín anuncia que enviará una delegación a su funeral este domingo.

Luto en Corea del Norte

Por su parte, el régimen estalinista de Pyongyang ha decretado desde el lunes tres días de luto, en los que las banderas ondearán a media asta, por la muerte de Castro. En 1986, el líder de la Revolución Cubana visitó Corea del Norte y se entrevistó con el presidente Kim Il-sung, abuelo del actual dictador. Mientras Castro juraba lealtad incondicional a la Unión Soviética, Kim jugaba sus cartas aprovechándose de la rivalidad entre Moscú y Pekín para sacar lo mejor de ambas partes.

Al igual que Cuba, donde Raúl Castro ha relevado en el poder a su hermano Fidel tras caer este enfermo hace ya una década, Corea del Norte es la otra dictadura comunista hereditaria del mundo, que va ya por su tercera generación, y su enemigo irreconciliable es el imperialismo estadounidense. Pero Castro jamás se reunió con el sucesor de Kim Il-sung. Como Kim Jong-il no viajaba al extranjero, salvo en contadas ocasiones a China, nunca tuvo oportunidad de encontrarse con el Comandante Fidel, ni siquiera cuando este acudió a una cumbre del Movimiento de los No Alineados en Malasia en 2003 y visitó China, Japón y Vietnam, pero no Corea del Norte.

Tras su muerte, el joven dictador norcoreano, Kim Jong-un, ha lamentado la pérdida de «un amigo cercano y un camarada» mientras la propaganda oficial recordaba la alianza de ambos países «batallando en los confines de la lucha contra el imperialismo de EE.UU.» Como homenaje final a Castro, Pyongyang enviará a su funeral en La Habana una delegación oficial encabezada por uno de los más altos cargos del régimen, el vicepresidente del Comité Central del Partido de los Trabajadores, Choe Ryong-hae.

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