Los responsables, sentenciados a cadena perpetua en la «Megacausa» de la ESMA, el mayor juicio de la historia del país
Los responsables, sentenciados a cadena perpetua en la «Megacausa» de la ESMA, el mayor juicio de la historia del país

Cadena perpetua para los responsables de los «vuelos de la muerte» en Argentina

La conocida como «Megacausa» que lleva su nombre incorporó la desaparición y asesinato de figuras emblemáticas de la resistencia y de la sociedad civil argentina

BUENOS AIRESActualizado:

Era la sentencia más esperada. El simbolismo de la ESMA (Escuela Mecánica de la Armada) va más ala de cualquier otro centro clandestino de la última dictadura argentina (1976-83). La conocida como «Megacausa» que lleva su nombre incorporó la desaparición y asesinato de figuras emblemáticas de la resistencia y de la sociedad civil argentina. También, sentó en el banquillo a los nombres que representan el rostro más cruel del régimen militar. Jorge Eduardo, alias «El tigre», Acosta, el ex capitán de la Armada, Alfredo Astiz alias el «angel rubio», los ex militares Adolfo Miguel Donda, Juan Antonio Azic, Carlos Guillermo Suárez Mason, Juan Carlos Rolón o el extraditado desde España y ex capitán de corbeta, Ricardo Miguel Cavallo. Todos ellos, fueron condenados a cadena perpetua. En total 29 ex represores, torturadores, viejos militares -en su mayoría ya estaban en prisión- recibieron la pena máxima mientras otros 10 imputados tendrán que cumplir un mínimo de 8 años y un máximo de 25 entre rejas.

Familiares de las víctimas y sobrevivientes celebraron la victoria en la justicia contra aquellos que actuaron al margen de la ley cuando debían representarla. El terrorismo de Estado ejercido durante los años de plomo en la década del 70 en Argentina se cobró miles de desaparecidos (oficialmente en torno a los nueve mil). La cifra no tiene comparación al ser muy superior a la registrada en el resto de las dictadoras del cono sur de la época como Chile, Bolivia, Uruguay o Paraguay donde en el peor de los casos no llegó al millar (sin contar las ejecuciones). Estos países participaron del denominado Plan Cóndor, también investigado en esta causa donde, una vez más, se puso de manifiesto la complicidad entre los regímenes de entonces para intercambiar desaparecidos, secuestrar personas y ejecutarlas.

En la causa ESMA (Escula Mecánica de la Armada) considerada el principal centro clandestino de torturas y desaparición por el que penaron más cinco mil personas, se revisaron 789 casos de crímenes de lesa humanidad. Entre estos figuraban los emblemáticos de las monjas francesas Léonie Duquet y Alice Domon, el de la fundadora de Madres de Plaza de Mayo, Azuzena Villaflor, el de la joven sueca Dagmar Hagelin o el de la dirigente de la guerrilla montonera Norma Arristito. Todas estás murieron en los llamados «vuelos de la muerte», aviones que partían de Buenos Aires con los desaparecidos sedados para arrojarlos al rio primero y como éste empezó a devolverlos a la orilla de Uruguay y Argentina, posteriormente al mar.

En la lista de los delitos atroces que cometió la dictadura figura una colección de diferentes maneras de someter a sus víctimas con suplicios (desde descargas eléctricas a ahogamiento seco) pero también de los abusos a éstas y a sus familias a las que, en especial la Armada que por entonces dirigía con mano de hierro el almirante Emiio Eduardo Massera, saqueó y desvalijó.

En este juicio, el tercero por actos cometidos en lo que hoy es un centro histórico de la memoria donde funcionan con normalidad oficinas del Gobierno, quedó absuelto Juan Ernesto Alemann, ex secretario de Hacienda de la Dictadura identificado con el rostro civil del régimen. Alemann siempre sostuvo que se limitó a cumplir con sus funciones profesionales. Julio César Poco, marino retirado también extraditado desde España, los ex militares Ricardo Jorge Lynch Jones, Roque Ángel Martello, Rubén Ricardo Ormello y Emir Sisusl Hees, corrieron su misma suerte.

A lo largo de los cinco últimos años el tribunal reviso miles de documentos y testimonios. La lectura de la sentencia se extendió por cuatro horas. Con ésta podría decirse que se cierra un capítulo de la historia argentina escrito a sangre y fuego. Como dijo Julio César Strassera, el fiscal del juicio a las Juntas Militares y escribió Ernesto Sábato en el prólogo de la CONADEP (Comisión para la Desaparición de Personas): Nunca Más.