Internacional

Bhumibol de Tailandia, el decano de las monarquías

Venerado en este país del Sudeste Asiático, llevaba 70 de sus 88 años en el trono, más que la Reina Isabel II de Inglaterra

Una tailandesa llora la muerte de Bhumibol Adulyadej, Rey de Tailandia fallecido hoy 13 de octubre
Una tailandesa llora la muerte de Bhumibol Adulyadej, Rey de Tailandia fallecido hoy 13 de octubre - Reuters

A los 88 años de edad, de los que se ha pasado 70 en el trono, este jueves ha fallecido el Rey Bhumibol Adulyadej de Tailandia, el decano de las monarquías del mundo. Aunque la reina Isabel II de Inglaterra es un año mayor, el soberano tailandés era hasta ahora el monarca que más tiempo había reinado.

Nacido el 5 de diciembre de 1927 en Estados Unidos y educado en Suiza, el noveno miembro de la dinastía Chakri (que significa «la fuerza de la tierra» e «incomparable poder») subió al trono tras el oscuro asesinato de su hermano mayor, el Rey Ananda Mahidol, el 9 de agosto de 1946. Tras una regencia que duró hasta su coronación el 5 de mayo de 1950, el soberano Rama IX era venerado en Tailandia, donde los delitos de «lesa majestad» castigan incluso con pena de cárcel cualquier ofensa contra el Rey.

Buena prueba de ello es que el país está plagado de retratos de Bhumibol Adulyadej que más bien parecen altares y lo representan de las más variadas maneras: en el trono, tocando el saxofón, mirando por un microscopio, cazando mariposas o visitando una cooperativa para inventar alguno de los 3.000 proyectos agrícolas y ganaderos que la propaganda le atribuía para mitificar aún más su imagen entre los tailandeses.

En los cines, los espectadores debían levantarse y rendir sus respetos mientras se proyectaba un bloque con imágenes de la Familia Real antes de la película

Aunque Tailandia es uno de los países más abiertos y relajados del mundo, la idealización de su monarquía se podría comparar con la alienante propaganda de Corea del Norte. Como en este régimen estalinista, resulta imposible dar más de diez pasos sin tropezarse con un retrato del Rey Bhumibol Adulyadej. Portando la corona real, mirando a través de un telescopio o tomando fotos con su cámara, el soberano está omnipresente en las fachadas de los edificios y en cuadros colgados en tiendas, restaurantes, casas particulares y hasta en algún que otro salón de masajes con «final feliz». En los cines, los espectadores debían levantarse y rendir sus respetos mientras se proyectaba un bloque con imágenes de la Familia Real antes de cada película. Y, todos los lunes, los tailandeses visten polos amarillos, el color real.

Gravemente enfermo y totalmente apartado de la vida pública, el longevo Rey de Tailandia ha agonizado durante los últimos años mientras esta bella nación del Sudeste Asiático quedaba rota por su división política, que podría recrudecerse tras su muerte. A un lado están los «camisas rojas», partidarios de los depuestos primeros ministros de la familia Shinawatra (el magnate Thaksin y su hermana Yingluck) y, al otro, los «camisas amarillas», que han apoyado los golpes de Estado del Ejército contra los anteriores amparándose en su lealtad al ya difunto Rey.

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