Donald Trump y Steve Bannon
Donald Trump y Steve Bannon - Afp

Bannon da marcha atrás en las críticas para salvar su relación con Trump

El ex estratega jefe de la Casa Blanca., aislado tras sus críticas al presidente y su familia, muestra ahora arrepentimiento y corrige los ataques a Donald Jr

Corresponsal en Nueva YorkActualizado:

Donald Trump desató la semana pasada una campaña furiosa contra Michael Wolff, el autor del libro que levanta la falda a las intrigas de palacio de la Casa Blanca «trumpista». Pero incluso mostró mayor cólera contra Steve Bannon, el que fuera su mano derecha en la campaña electoral y en los primeros meses de su presidencia. Bannon realiza declaraciones explosivas contra Trump y su familia en sus páginas, y muchos apuntan a su persona como inspirador del libro, después de que las diferencias con Trump forzaran su salida de la Casa Blanca el pasado verano.

Bannon, un astuto manipulador que maneja como nadie las intrigas de palacio, parece reconocer ahora que lanzó un órdago sin cartas. Este domingo publicó un comunicado a través de «Axios» con el que trata de dar marcha atrás a su ruptura con Trump. En él enmienda una de las afirmaciones más graves que vertió en el libro: que la reunión del hijo del presidente, Donald Trump Jr., con agentes de Rusia en la Torre Trump en el verano de 2016 fue «traidora» y «antipatriótica». Ahora dice que el vástago de Trump «es un patriota y un buen hombre» y reafirma su «apoyo inquebrantable al presidente y a su agenda».

Bannon asegura que sus comentarios sobre la reunión con agentes rusos se referían a Paul Manafort -exdirector de la campaña electoral de Trump, al que él sustituyó, y con amplias relaciones en Ucrania y Rusia- y no al hijo de Trump.

La corrección de Bannon es parcial -no dice nada sobre detalles escabrosos de Trump ni sobre otros insultos a su familia, como decir que su hija Ivanka es «tonta como un ladrillo»- y parece forzada por las circunstancias.

El presidente gana el pulso

Se produce cinco días después de que se conocieran las principales revelaciones del libro, un retraso del que ahora dice arrepentirse, después de que los periódicos y las televisiones de EE.UU. desmenuzaran el ácido retrato de Wolff trufado de detalles escabrosos proporcionados por Bannon. Y llega, sobre todo, después de que Trump le declarase la guerra abierta y Bannon se viera aislado.

El presidente de EE.UU. llegó a decir que Bannon no tenía nada que ver con él o con su presidencia, le acusó de filtrar información negativa a la prensa desde la Casa Blanca y aseguró que «lloró» cuando fue despedido. Ahora, cada vez que le manda un recado por Twitter, Trump utiliza un mote de su propia cosecha, de esos que solo dedica a los enemigos a los que guarda más inquina: «Sloppy Steve», algo así como Steve «el chapucero».

Más grave para Bannon fue que pronto se vio sin apoyos. Tras abandonar la Casa Blanca, ha iniciado lo que él ha llamado una «revolución» para acabar con el «establishment» del partido republicano, al que cree que Trump se ha convertido en lugar de permanecer fiel a la agenda populista y nacionalista que le elevó a la Casa Blanca.

Pero sus declaraciones en el libro le costaron el abandono definitivo de Rebekah Mercer, la donante más poderosa del partido republicano y de varios de los candidatos a las elecciones legislativas del próximo noviembre que él había abanderado. Se llegó a especular con que su intervención en el libro podía costarle la presidencia de «Breitbart», una influyente plataforma de medios de extrema derecha en la que Bannon fue clave en su ascenso y que tiene a Mercer entre sus principales accionistas.

El episodio supone una victoria para Trump. El distanciamiento de Bannon podría abrir una brecha en su base de votantes más leal, la clase media blanca, en la que su ex mano derecha ha inoculado la ideología ultranacionalista. Tener a Bannon en su contra podría ser un inconveniente para las legislativas este otoño e incluso cabría la posibilidad de que apoyara a otro candidato republicano en la reelección de 2020. Su arrepentimiento muestra que quien tiene la sartén por el mango es Trump.