Internacional

Los asesores de Santos, Uribe y Pastrana comienzan a renegociar

El diálogo a tres bandas en Colombia: FARC y Gobierno por un lado y éste con el equipo que defendió el «no» en el plebiscito, promete no ser fácil

Fotos de desaparecidos o asesinados durante el conflicto interno colombiano, exhibidas durante una marcha por la paz este viernes en Medellín
Fotos de desaparecidos o asesinados durante el conflicto interno colombiano, exhibidas durante una marcha por la paz este viernes en Medellín - Reuters

En menos de 48 horas, Colombia recibe una buena noticia detrás de otra. Tras la concesión del premio Nobel de la Paz al presidente Juan Manuel Santos, el Gobierno y las FARC manifestaron su disposición inmediata a renegociar -o pulir, según se mire- las aristas astilladas de unos acuerdos rechazados en las urnas. Las delegaciones de ambas partes están formadas y, en paralelo, ya están manos a la obra el equipo del expresidente Álvaro Uribe junto a Camilo Gómez, ex Alto Comisionado para la Paz en el Gobierno de Andrés Pastrana.

El comunicado conjunto de las FARC y el Gobierno considera que «las reformas y medidas necesarias para sentar las bases de la paz» están plasmadas en las 297 páginas de los acuerdos finales de La Habana. Pero, a la vista de lo sucedido en el plebiscito del pasado domingo, coinciden en abrir la puerta a «ajustes y precisiones». El mismo comunicado considera «conveniente que sigamos escuchando, en un proceso rápido y eficaz, a los diferentes sectores de la sociedad, para entender sus preocupaciones y definir prontamente una salida».

Tras cuatro años largos de negociación las partes, Colombia y el resto del mundo, aguardan nuevos resultados. El anuncio de Santos de que el alto el fuego se prolongaría hasta fin de mes –en coincidencia con la Cumbre Iberoamericana de Cartagena de Indias– no fue un ultimátum, como se entendió inicialmente, sino una forma de acotar tiempos y plazos renovables. Mantener de forma indefinida el alto el fuego, sin matizar plazos, resulta inviable para las FARC, cuyas columnas de soldados se siguen replegando al interior de la selva, su hábitat natural desde hace 52 años.

Justicia a medida y elegibilidad legislativa para quienes cometieron crímenes atroces son algunos de los «ajustes» a negociar

En esta nueva etapa, el peso de las negociaciones de Santos lo seguirá llevando Humberto de la Calle, exvicepresidente y jefe del equipo negociador en Cuba. Tras el fracaso en el plebiscito fue el único del equipo que asumió la responsabilidad política y presentó su dimisión. El presidente de Colombia, responsable último de los acuerdos, no la aceptó. De la Calle es un político de fino olfato y buenas maneras pero también poeta, escritor, diplomático y excelente comunicador, virtudes que le han permitido reunirse una y otra vez, sin que saltaran chispas, con guerrilleros como «Timochenko», «Iván Márquez» o «Rodrigo Granda», alias de algunos de los interlocutores de las FARC. La ministra de Asuntos Exteriores, María Angela Holguín, severamente criticada por Pastrana y Uribe, permanecerá en el equipo junto al titular de defensa Luis Carlos Villegas.

La comisión «uribista» la forman los tres mosqueteros del expresidente. Óscar Iván Zuluaga, Iván Duque y Carlos Holmes Trujillo. Se trata de candidatos seguros a la presidencia en 2018. Son los hombres de confianza del hombre que, en buena medida, logró frenar en las urnas lo que Santos había acelerado en La Habana y sellado en Cartagena de Indias. La negociación a tres bandas, FARC y Gobierno por un lado y éste con el equipo que defendió el «no», promete no ser fácil. Reparto de tierras, justicia a medida, entrega de canales de difusión y TV para las FARC, amnistía para el narcotráfico y elegibilidad legislativa para los que cometieron crímenes de lesa humanidad, son algunos de los escollos o «ajustes» a negociar.

Entre tanto, la guerrilla terrorista y narcotraficante más antigua y poderosa del continente está dispuesta a comenzar a satisfacer las demandas de los votantes del «no»: entregar niños soldado, sustituir cultivos ilícitos y buscar, con el Gobierno, desaparecidos en combate o en cautividad.

Cuatrocientos secuestrados

Sobre los 400 secuestrados, que presuntamente y según reconocieron las FARC recientemente tienen en su poder, no ha habido comentarios. Estos pasos enfilan el mismo camino, tardío, que las FARC iniciaron al anunciar, el día antes del plebiscito, que entregarían sus «recursos de guerra» para reparar a las víctimas de un conflicto que ha dejado más de 220.00 muertos, seis millones de desplazados y ocho de damnificados. Eso, sin contar los efectos en todo un país que lleva más de medio siglo viviendo en una guerra sin fin.

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