Internacional

Los asesores intentan disciplinar a Trump ante el segundo debate

El magnate reprocha a su equipo que asumiera públicamente su derrota tras el primero

El establishment republicano pide a su candidato que no remueva el pasado sexual de Bill Clinton

El candidato republicano Donald Trump en un acto de campaña en Waukesha, Wisconsin
El candidato republicano Donald Trump en un acto de campaña en Waukesha, Wisconsin - REUTERS

La sucesión de encuestas más o menos fiables que han situado a Trump como derrotado en el primer debate (todas menos las promovidas en internet y las redes sociales), no ha desanimado al magnate, que insiste en que salió victorioso. «Yo estuvE bien y ella no lo pudo hacer peor», es el mensaje que reitera en su cuenta de Twitter y que martillea ante sus fieles en los mítines. No importa que ayer los sondeos sobre el debate en todos los estados decisivos volvieran a colocar por encima a Hillary Clinton. Es su particular forma de mantener vivas las opciones de victoria, por mucho que vengan mal dadas, con la que se ha plantado en la carrera presidencial, después de derrotar a nada menos que 16 rivales en las primarias republicanas.

Víctima de esa convicción ha sido su propio equipo, que ha recibido un rapapolvo del millonario por asumir desde el principio que su rival había salido mejor parada y no sostener contra viento y marea un buen resultado del debate. No sólo fueron los miembros del equipo de campaña. Los asesores más reconocidos, los fichajes de primera línea, como el propio Rudolph Giuliani y la experta en campañas Kellyanne Conway, la última incorporación, como estratega de campaña, lo hicieron por activa o por pasiva. El ex alcalde de Nueva York fue el primero que arremetió contra el moderador, Lester Holt, por su presunta parcialidad, dando a entender que el resultado no había sido bueno para su Trump. Conway reconoció que su candidato había estado demasiado a la defensiva, en una suerte de intercambio de papeles, como si fuera él el político y Clinton la que acaba de llegar a la política.

Pero el propio Trump, más allá de la estrategia propagandística, ya ha reconocido a su más cercanos haber estado «mejor en la primera media hora» del cara a cara, en la que mostró una imagen contundente pero comedida, más presidencial, antes de que la estudiada manera de comportarse de su rival acabara desencajando su imagen. Es la esperanza con la que cuentan sus asesores para que el candidato se pegue más al guión, después de que, aseguran, dejara de golpear puntos débiles de Hillary Clinton que habían estudiado previamente.

Pero el equipo de campaña del candidato neoyorquino, consciente de que la contrincante demócrata hizo mejor los deberes, se ha puesto manos a la obra. Entre las iniciativas, han enviado un e-mail a sus seguidores reclamándoles sugerencias y preguntándoles sobre los asuntos que esperan escuchar de su candidato, sobre todo los relacionados con el pasado oscuro de Hillary Clinton, la mayoría de los cuales fueron casi obviados por Trump durante el primer debate: su contestada gestión del ataque a la embajada de Estados Unidos en Bengasi (Libia), el escándalo de los e-mails, la controvertida gestión familiar de la Fundación Clinton y el pasado mujeriego del expresidente Bill Clinton, cuestión sobre la que vuelve la sombra de Monica Lewinsky. Después de que el magnate asegurara, el día después del primer debate, que sería más duro en el siguiente cara a cara (San Luis, Misuri, el 9 de octubre), y alegara no haber tocado algunos temas delicados por respeto a la hija del matrimonio Clinton, Chelsea, el «establishment» republicano teme que la campaña pueda derivar hacia asuntos personales. Miembros del «establishment», en particular congresistas, piden a su candidato que deje fuera de campaña los asuntos de faldas del expresidente Clinton. David Perdue, miembro de la Cámara de Representantes por Georgia, asegura que «esos asuntos no le importan a la gente, sino que le preocupan los que tienen que ver con la economía y la seguridad». Roger Wicker, senador por Misisipi, sugiere a Trump que se centre en «lo que va a hacer la vida mejor a los trabajadores americanos».

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