Internacional

Instalada la nueva cúpula para aislar el reactor accidentado de Chernóbil

La construcción pesa 36.000 toneladas y cubre el sarcófago construido sobre el reactor 4 por los «liquidadores» soviéticos después del accidente de abril de 1986

El arco que ahora cubre el sarcófago sobre el reactor 4 de Chernóbil
El arco que ahora cubre el sarcófago sobre el reactor 4 de Chernóbil - EFE

Después de cuatro años de intensos y complicados trabajos, ayer por fin se terminó de colocar la inmensa cúpula de acero que aislará del medio ambiente el reactor accidentado hace 30 años en la central nuclear ucraniana de Chernóbil. Tiene forma semicircular, ha costado 2.100 millones de euros y deberá garantizar durante los próximos decenios que las 200 toneladas de magma radiactivo que yace en el interior del reactor pueda contaminar el agua, la atmósfera o el suelo.

Esta gigantesca estructura metálica que recuerda un hangar y ha sido bautizada con el nombre de «arco» está compuesta de cuatro piezas, tiene 162 metros de longitud y una altura de 108 metros. Podría cubrir completamente más de un campo de fútbol y acoger en su interior la Estatua de la Libertad, desde el suelo hasta la antorcha. Pesa 25.000 toneladas y lo ha realizado la empresa francesa Novarka. Se espera que dure por lo menos 100 años y su instalación permitirá acometer el desmantelamiento del recubrimiento viejo y del reactor en su conjunto.

Esta nueva cúpula deberá aún ser dotada de equipamiento, lo que elevara su peso hasta las 36.000 toneladas, y no estará plenamente operativa hasta finales del año que viene. En su interior alojará un compartimento «tecnológico» con los últimos adelantos en materia de seguridad nuclear, dotado de «esclusas sanitarias», y talleres de «fragmentación y empaque». La idea es desmontar el sarcófago viejo para extraer el combustible atómico.

Los 2.100 millones de euros que ha costado la obra los ha gestionado el Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo (BERD) y en la financiación han participado 24 países, España entre ellos. El contrato con Novarka se firmó en 2007.

El proyecto de «desactivación» de Chernóbil, que deberá concluirse hacia 2018, incluye además un inmenso cementerio nuclear para sepultar las 200 toneladas de amasijos radiactivos que se extraigan de debajo del sarcófago, todo el material contaminado que se siga recogiendo en la zona y los desechos de los otros tres reactores de la central. El último dejó de funcionar el 15 de diciembre de 2000, cuando se dio por clausurado todo el complejo. Este otro contrato se lo adjudicó la firma estadounidense Holtec. El almacén recibirá también residuos de los otros 15 reactores que actualmente funcionan en las cuatro centrales nucleares de Ucrania (Jmelnítskaya, Rovno, Zaparozhie y Yuzhno-Ukraínskaya).

La trágica historia

La pérdida total de control sobre un experimento en los sistemas de seguridad provocaron que el reactor número cuatro de la central de Chernóbil saltase por los aires en la madrugada del 26 de abril de 1986. El edificio que albergaba el reactor quedó derruido, se declaró un importante incendio y el material radiactivo empezó a escapar a la atmósfera. Fue el accidente más grave en la historia de la industria nuclear civil. Chernóbil era entonces la planta atómica más grande de la Unión Soviética.

Aparecieron entonces en escena los llamados «liquidadores», bomberos, soldados y voluntarios, que, sin apenas protección contra las radiaciones, se pusieron manos a la obra para apagar las llamas y taponar el escape. Trabajaron sin descanso de noche y de día. Tras10 días de titánicos esfuerzos y 31 muertos en su filas, lograron detener las emisiones de material radiactivo. Hasta ese momento, el reactor tuvo tiempo de escupir más de 50 toneladas de isótopos de uranio, plutonio (con una vida media de 24.000 años), cesio-137 (30 años), estroncio-90 (28 años), yodo-131 (8 días) y americio (decenas de miles de años) que contaminaron una superficie de más de 200.000 kilómetros cuadrados en Ucrania, Rusia y, sobre todo, Bielorrusia. Se calculó que la radiactividad liberada equivalió a 500 bombas atómicas como la de Hiroshima.

El «sarcófago» de hormigón y acero levantado precipitadamente para sellar la fuga nuclear, pese a que fue reforzado años más tarde, empezó a agrietarse y permitir que el agua de la lluvia penetrase en el interior del reactor y arrastrase hacia afuera y hacia el subsuelo partículas radiactivas. Fue entonces cuando los especialistas tomaron conciencia de la necesidad de construir lo antes posible un nuevo recubrimiento más hermético.

Más de 30 años después del accidente de Chernóbil siguen sin conocerse a ciencia cierta cuáles fueron sus consecuencias reales. La mayoría de los científicos continúan opinando que habrá que esperar décadas antes de poder llevar a cabo una evaluación correcta de la incidencia que tuvo el desastre. No hay unanimidad sobre las cifras de afectados ni sobre la tipología de las enfermedades ligadas directamente al escape radiactivo ni tampoco sobre la magnitud exacta del daño causado al medio ambiente.

Los organismos ligados a Naciones Unidas calculan el número de muertos causados directamente por la fuga radiactiva en 56. Greenpeace, sin embargo, eleva la cifra a 200.000. En lo que sí coinciden los médicos es en que la explosión provocó miles de enfermos y discapacitados, especialmente entre los «liquidadores».

Además de los cánceres, al accidente de Chernóbil se le achacan muchas otras enfermedades como insuficiencia del sistema inmunológico, afecciones coronarias, respiratorias, renales y hepáticas así como también malformaciones cromosómicas. Algunos especialistas, sin embargo, consideran que la aparición de tales cuadros clínicos no fue consecuencia de la radiación, sino que son de naturaleza somática.

En cuanto al impacto medioambiental, casi todos los estudios coinciden en que la zona contaminada tiene una superficie de 150.000 kilómetros cuadrados, la mitad de Italia, y afecta a Bielorrusia, la ex república soviética más castigada, Ucrania y la región rusa de Briansk. En toda esa extensión viven cinco millones de personas. Incluso en la zona de exclusión alrededor de la central, pese a permanecer oficialmente cerrada, hay gente viviendo, ancianos sobre todo.

Toda la actualidad en portada
publicidad

comentarios