DE LEJOS

El ajuste de cuentas populista

Italia se enfrenta a lo que pasa cuando la mitad del electorado decide votar antisistema

MADRIDActualizado:

El populismo que ronda y cuestiona a las democracias occidentales no solamente ilustra la desafección hasta niveles tóxicos generada por líderes y partidos que durante décadas han tenido como dañina prioridad el beneficiarse a sí mismos. Además de estas frustraciones más que justificadas, el actual ciclo político tiene bastante de ajuste de cuentas contra los abusos de ese status quo o un business as usual tan antipáticos. Con suficientes votos en las urnas como para generar mandatos de ajuste de cuentas, mucho más encaminados a destruir que a construir. Hace más de dos meses, la siempre entretenida y defraudada Italia se sumó a esa vendetta en las urnas. Y ahora se enfrenta a lo que pasa cuando la mitad de su electorado decide votar anti-sistema. Ya sea «el sálvese quién pueda» de la Liga Norte. O el «ahora se van a enterar» del M5 E. Lo cierto es que las fuerzas «anti» pueden terminar por entenderse a partir del deseo compartido de acabar con el establishment.

El filtrado borrador de un acuerdo de gobierno en Italia, facilitado por la retirada de Berlusconi y la amenaza de otro gobierno de tecnócratas, no tiene desperdicio. Se cuestiona el euro, los tratados de la UE y el Pacto de Estabilidad. Por pedir que no quede: mucha xenofobia, mucho soberanismo y que el Banco Central Europeo cancele 250.000 millones de la elefantiásica deuda pública italiana. Y ya puestos, porqué no darle un cheque en blanco a Putin abandonando cualquier pretensión de sancionar los «pecadillos» de Rusia.

Dos prestigiosos think-tanks de Estados Unidos -American Enterprise Institute y Center for American Progress- nos han recordado este mes que el populismo de partidos de la extrema derecha o la extrema izquierda dirigido contra las instituciones europeas no es precisamente algo nuevo. La novedad es que esos partidos están logrando avanzar desde los márgenes del paisaje político de Europa hasta su núcleo, aprovechando los cada vez más borrosos recuerdos de lo que fue el colapso y tragedia de la Segunda Guerra Mundial y el comunismo soviético.

PEDRO RODRÍGUEZPEDRO RODRÍGUEZ