Livni (derecha) y Herzog (izquierda) en una imagen de archivo
Livni (derecha) y Herzog (izquierda) en una imagen de archivo - REUTERS

Tzipi Livni, subalterna de Herzog para no desaparecer del mapa político israelí

La oposición de centroizquierda israelí que lidera junto a Herzog parte como favorita para protagonizar un vuelco electoral

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Tzipi Livni, ex ministra de Justicia y Exteriores, se presenta a los comicios del 17 de marzo como subalterna del líder del Partido Laborista, Isaac Herzog, en un acuerdo de rotación que podría darle la jefatura del gobierno en los dos últimos años de la vigésima legislatura del Parlamento.

Afectada por un desgaste político que hubiera hecho desaparecer de la escena política a su partido de centroderecha «Hatnuá», la que fuera «princesa del Likud» en tiempos de Ariel Sharón, decidió a principios de diciembre agarrarse al flotador que le echó Herzog poco después de ser cesada como ministra por Benjamín Netanyahu.

«Un centro sionista contra los partidos de la derecha extremista», fue el eslogan al que recurrió para justificar su unión con el Laborismo, ocasión en la que lamentó el que la palabra «paz» hubiera desaparecido del léxico político israelí.

De 57 años y abogada de profesión, Livni encabezó las últimas negociaciones con los palestinos en 2013 y defiende que la separación de los dos pueblos en dos estados es la única manera de que Israel pueda «sobrevivir como estado judío y democrático».

Además de desarrollar unas conversaciones que acabaron en un sonado fracaso y que en realidad dirigía Netanyahu a través de su abogado Itzjak Moljo, en el último Ejecutivo fue ministra de Justicia, cargo al que llegó con una amplia experiencia de Gobierno y desde el que promovió una serie de leyes civiles que retaban a la ultraortodoxia.

Jefa de la diplomacia israelí

En una meteórica carrera política impulsada por Sharón, fue ministra sin cartera, de Agricultura y Desarrollo, de Inmigración, de Vivienda y de Justicia en los ejecutivos que aquel primer ministro lideró entre 2001 y 2005, y ya con Ehud Olmert (2006-2009), fue jefa de la diplomacia israelí.

Como titular de Exteriores negoció en agosto de 2006 con el entonces secretario general de la ONU, Kofi Annan, el cese de hostilidades entre Israel y la guerrilla libanesa Hizbulá tras la resolución 1701 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

Bajo el mando de Olmert también tuvo bajo su responsabilidad las conversaciones de paz con el presidente palestino, Mahmud Abás, entre 2007 y 2008, que llegaron probablemente al punto más avanzado hasta la fecha entre las partes.

Su gran fracaso político se produjo a finales 2008, cuando tras la dimisión de Olmert por sospechas de corrupción, Livni tuvo en sus manos la posibilidad de formar Gobierno sin acudir a elecciones al frente del ya desaparecido Kadima, oportunidad que sorprendentemente desperdició.

Su insistencia en no pagar el habitual «soborno político» al partido ultra-ortodoxo Shas -que pedía más presupuestos para sus instituciones religiosas- en una defensa a ultranza de la corrección política y la lucha contra la corrupción, llevaron al país a unas elecciones en las que Netanyahu obtuvo el mandato para gobernar.

Su partido Kadima se hizo en esas elecciones con el mayor número de escaños, pero el cada vez más derechizado Parlamento israelí no la respaldó ante el jefe del Estado.

Desde entonces, Livni se ha visto despojada del liderazgo del Kadima, creó una nueva formación de corte liberal -Hatnuá- con la que ganó sólo seis escaños en los comicios de 2013, y ha visto languidecer su otrora prometedor horizonte político hasta tal punto que, para salvarse, ha preferido la unión con el Laborismo, partido del que ideológicamente ha estado siempre alejada.

«Herzog es una persona correcta, capaz y valorada y será un primer ministro excelente. Creo con todo mi corazón que esa es la base de esta asociación», ha argumentado.

Nacida en Tel Aviv en 1958, Livni es hija de dos militantes del grupo armado revisionista «Etzel», que lideró Menahem Beguin, y se considera a sí misma una política derechista pero pragmática.

Formó parte del servicio de espionaje Mosad entre 1980 y 1984, y su carrera política la inició en 1999 cuando fue elegida por primera vez diputada de la Kneset, donde trabajó en los Comités de Justicia y Leyes y del Desarrollo de la Mujer.

En la actual campaña electoral ha sabido asumir un papel de «subalterna entre iguales» con el único objetivo de destronar a Netanyahu, y aunque según las encuestas la lista del «Campo Sionista» podría ser la más votada, es probable que no tenga la capacidad para formar gobierno.