Netanyahu en uno de los actos de su campaña
Netanyahu en uno de los actos de su campaña - EFE
Elecciones israel 2015

Netanyahu se aferra a los colonos para intentar mantener el poder

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Carteles de Casa Judía y más carteles de Casa Judía. El asentamiento de Kiryat Arba es una sucesión de bloques de viviendas desde cuyos balcones el rostro de Naftali Benet, líder del partido ultranacionalista Casa Judía, anuncia el voto de los vecinos.

Hay que cruzar todo el asentamiento para llegar a la parte antigua de Hebrón, la denominada zona ‘H2’ en la que 80 familias de colonos viven rodeadas de grandes medidas de seguridad en pleno corazón de la ciudad. A falta de menos de 24 horas para la apertura de las urnas las encuestas sitúan a la Unión Sionista del laborista Isaac Herzog como la fuerza ganadora y «esto es una auténtica catástrofe, un desastre porque no solo anuncia que nos va a echar, sino que piensa entregar nuestra tierra a los enemigos árabes», denuncia David Wilder, responsable de la comunidad de colonos.

Wilder llegó de Estados Unidos en 1981, primero vivió en Kyriat Arba y desde hace 17 años en la calle que los palestinos denominan «la ruta de los mártires», la arteria principal que une los barrios con presencia judía en H2, una calle que es una sucesión de comercios árabes cerrados y casas vacías «por motivos de seguridad», según Wilder, desde la Segunda Intifada.

En esta parte de Hebrón –ciudad situada cuarenta kilómetros al sur de Jerusalén y que tiene unos 160.000 habitantes, de ellos 500 israelíes- no son seguidores de Netanyahu, «pero si hay que elegir entre él y Herzog no hay duda», señala este historiador de 61 años que recuerda que fue el líder del Likud quien en su primer mandato como primer ministro firmó el Protocolo de Hebrón con Yasir Arafat y «entregó la mayor parte de la ciudad a los árabes cuando antes había prometido mantenerla unida».

Desde la firma de ese acuerdo Hebrón tiene un estatus único en Cisjordania ya que no hay otra ciudad dividida en dos partes, la denominada H1, administrada por la Autoridad Nacional Palestina (ANP), y H2, por Israel. Durante semanas se rumoreó con una posible visita del líder de Likud a la Tumba de los Patriarcas durante la campaña, lugar sagrado para cristianos, musulmanes y judíos, pero «Netanyahu no ha pisado Hebrón desde 1998 y si lo hace no será bienvenido», advierte el representante de la comunidad que entierra para siempre la solución de los dos estados y apuesta por «un Israel unido, con Judea y Samaria –nombres de las regiones históricas que ahora se conocen como Cisjordania- como una parte más de nuestra nación». Más de 250.000 israelíes viven en barrios judíos levantados en zonas ocupadas de Jerusalén Este, que fueron anexionadas por Israel al territorio municipal de la ciudad, y otros 300.000 lo hacen en las más de cien colonias que pueblan Cisjordania, también en pleno proceso de expansión pese a la condena de la justicia internacional

Wilder es partidario de anexionarse la tierra palestina y a todos los árabes que viven allí darles la opción de convertirse en ciudadanos israelíes «siempre que acepten nuestra existencia y rechacen el terrorismo». Las mismas ideas que comparten los miles de israelíes que asistieron anoche a la marcha de cierre de campaña convocada por los partidos más conservadores en Tel Aviv. Un acto que concluyó con el discursó de un Netanyahu que insistió en la teoría de la existencia de una «conspiración internacional» en su contra y en la indivisibilidad de Jerusalén como capital del estado judío.

Concesiones «cosméticas»

Frente al discurso de «ninguna concesión y ninguna retirada» de los territorios palestinos ocupados por parte de Netanyahu, Herzog ha insistido durante la campaña en la necesidad de retomar el diálogo. El líder laborista ha puesto sobre la mesa la opción de anexionar a Israel los tres grandes bloques de asentamientos (Gush Etzion, Maale Adumim y Ariel, además del río Jordán como frontera de seguridad) y «dejar secar a los más pequeños y aislados a base de cortarles las ayudas y servicios públicos. El laborismo será más respetuoso con la comunidad internacional, pero los cambios solo serán cosméticos», opina Meir Margalit, miembro de Meretz. Este es el único partido sionista que se opone a la ocupación y, según los sondeos, puede quedarse fuera del próximo parlamento, una muestra del consenso generalizado en la sociedad israelí sobre este punto.

Protagonista del debate, aunque al otro lado del muro parece que no se le tiene en cuenta, Saeb Erekat ha expresado este lunes su deseo de que el nuevo gobierno israelí que salga de las urnas «sea capaz de conseguir la paz». El jefe negociador palestino declaró a la emisora «Voz de Palestina» que «la paz se basa en el establecimiento de un estado palestino después de que Israel se retire de los territorios que ocupó en 1967, con Jerusalén este como capital», unos puntos tan claros sobre el papel, como difíciles de cumplir sobre el terreno como se percibe cada día en Hebrón.