Imagen de archivo del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu
Imagen de archivo del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu - REUTERS

Netanyahu y su búsqueda de su cuarto mandato para Israel

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Benjamin Netanyahu llega a las elecciones generales israelíes del 17 de marzo con el objetivo de revalidar su cargo de primer ministro en la que sería su cuarta reelección, su tercera consecutiva. Pero «Bibi», como también se le conoce, acude por otro lado a esta cita electoral después de meses de tensiones marcadas principalmente por la polémica vinculadaa su vida privada o el choque diplomático con Estados Unidos por la cuestión nuclear iraní, que ha convertido en el eje de su campaña electoral.

Al margen parece haber quedado entre las prioridades de Netanyahu y su partido Likud el estancado proceso de paz y, de hecho, ha pasado totalmente por alto la cuestión palestina y ha centrado sus esfuerzos en erigirse como único líder capaz de hacer frente a la seguridad de Israel. «La pregunta en estas elecciones es quién defenderá mejor los intereses de seguridad de Israel», repiten desde el partido sus dirigentes. De ahí que, el pasado 3 de marzo, el actual primer ministro israelí asegurara ante el Congreso de Estados Unidos que el que definió como «el mayor patrocinador del terrorismo internacional» (Irán) podría estar «a semanas» de tener suficiente uranio enriquecido para «un arsenal entero de armas nucleares».

Distanciamiento con EE.UU.

Es su tradicional «política del miedo» -en cuyo centro ubica ahora Netanyahu el programa nuclear iraní,- la que precisamente está incrementando sus diferencias con Obama. El propio presidente de Estados Unidos confirmó en una entrevista con la agencia Reuters que hay «desacuerdos fundamentales» con Israel. Eso sí, precisamente estas palabras y su postura frente a Irán parecen estar dándole ciertos réditos electorales en su país.

Con todo, Netanyahu ha admitido, durante una entrevista con «The Jerusalem Post» que puede perder estas elecciones y ha esgrimido el peligro de que la oposición se «capitule en todos los frentes» diplomáticos si gana el laborista Isaac Herzog, en un intento de movilizar a sus electores. Así, ha advertido que sus rivales aceptarán, por ejemplo, «retirarse de las fronteras de 1967, dividir Jerusalén o dejar de oponerse a un acuerdo nuclear con Irán».

Al margen de las tensiones más inmediatas, a sus 65 años, Netanyahu también llega a esta cita electoral convertido en el dirigente israelí con más años al frente del gobierno nacional y a día de hoy parece que sigue siendo el candidato que cuenta con más posibilidades de formar Gobierno. Esto es, precisamente, uno de los rasgos más característicos de su forma de hacer política: es capaz de dar forma a las más soprendetes alianzas y salir airoso de buena parte de ellas.

Fue de 1996 a 1999 cuando ejerció el cargo de primer ministro por primera vez. Venció entonces por un margen estrechísimo, pero supuso un cambio profundo en la política israelí. Lo que simbolizó fue una figura de su tiempo, era un joven capaz de hablar un fluido inglés y con una sobrada aptitud para dirigisre a los medios de comunicación. Sin embargo, una investigación contra él y su esposa por robo y sobornó acabó con su tan prometedor mandato. Son esos mismos fantasmas los que a día de hoy siguen persiguiéndole a él y a Sarah, con quien está casado en terceras nupcias y con la que ha tenido a dos de sus tres hijos. Eso sí, nada de esto ha impedido que siga en el centro de la política israelí.

A su padre, el historiador Ben Sión Netanyahu, le debe su manejo del inglés y sus estudios, puesto que fue él el que se llevó a su familia a Estados Unidos, donde estudió arquitectura y administración de empresas.

En 1982 se convirtió en embajador de la ONU diplomática de Israel en EE.UU. y seis años después regresó a Israel donde con 46 años se convirtió en el primer ministro más joven de la política nacional. En 2002 pasó a ejercer el cargo de ministro de Exteriores y más tarde el de Finanzas de la mano de Arie Sharón. Cuando este entró en coma y sus sucesor, Olmert, dimitió por casos de corrupción llegó, de nuevo, su gran oportunidad: en 2009 vuelve a ser primer ministro de Israel.