Una mujer palestina se dirige a los agentes israelíes que patrullan la ciudad vieja de Jerusalén
Una mujer palestina se dirige a los agentes israelíes que patrullan la ciudad vieja de Jerusalén - reuters

Israel reabre parcialmente la Explanada de las Mezquitas de Jerusalén

Máxima tensión en la ciudad por el atentado contra un rabino ultra

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Israel ha decidido reabrir la Explanada de las Mezquitas en Jerusalén salvo para los menores de cincuenta años. Esta decisión se produce en la víspera del viernes, día del rezo musulmán.

Tensión contenida en Jerusalén tras otra noche negra que ha llevado a las autoridades israelíes a impedir el acceso a la explanada de las mezquitas en prevención de un nuevo estallido de violencia entre israelíes y palestinos. El destacado rabino ultraderechista Yehudah Glick, conocido por su constante reivindicación de una mayor presencia hebrea en el Monte del templo, lugar sagrado para judíos y musulmanes, fue tiroteado anoche a la salida de una conferencia que había pronunciado. Glick, de 50 años, recibió impactos de bala en el pecho y abdomen y ahora se debate entre la vida y la muerte en el centro médico Shaare Zadek de Jerusalén. Su presunto agresor, un árabe identificado por fuentes palestinas como Mutanaz Hijazi, murió horas después por disparos de la Policía, que había rodeado su casa. Los responsables policiales aseguraron Hijazi abrió fuego contra los agentes, por lo que estos se vieron obligados a responder.

Tras los acontecimientos, las fuerzas de seguridad israelíes están en máxima alerta. Simpatizantes de Glick, miembros de la extrema derecha israelí e incluso parlamentarios del gobernante Likud han anunciado su intención de marchar en masa sobre la zona del Monte del Templo. La inusual medida de cerrar a judíos, musulmanes y turistas el acceso esta parte emblemática y sagrada de la ciudad revela hasta qué punto la situación amenaza con desbordarse. El presidente palestino, Mahmud Abás ha calificado esta decisión de las autoridades israelíes de «declaración de guerra».

Después de un verano de guerra en Gaza, precedido del secuestro y asesinato de tres adolescentes israelíes en las cercanías de Hebrón y de la represalia de tres ultras judíos que hicieron lo mismo con un muchacho palestino en Jerusalén, los choques y el resquemor entre las dos comunidades se han convertido en la tónica habitual. Casi no pasa un día sin que en los barrios mayoritariamente palestinos de Jerusalén Este, se levanten barricadas contra las fuerzas de seguridad y la semana pasada los agentes mataron a tiros a un conductor palestino que causó la muerte de un bebé israelí tras lanzar su coche contra un grupo de personas que esperaba el tranvía.

Asentamientos

Los ánimos están más que encrespados y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, no ha dudado en responsabilizar directamente de las últimas muertes al presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abás, por su entendimiento con Hamás. En paralelo, Netanyahu continúa con su política de construcción de asentamientos en Jerusalén Este y en Cisjordania, denunciada por los palestinos y condenada por la comunidad internacional. Netanyahu trata de contentar a Naftali Bennet, su socio en la coalición de gobierno y ministro de Economía, que considera un sacrilegio la mera aceptación de la idea de un estado palestino. Hay voces, como la del columnista Akiva Eldar, que afirman que lo que Jerusalén necesita estos días «son bomberos y no quienes echen más gasolina» pero subrayan la paradoja de que cuanto más lejana esté la posibilidad de un nuevo proceso negociador, inimaginable ahora mismo, más estable será el Gobierno Netanyahu.

Pero si a nivel doméstico la política de firmeza del primer ministro puede verse fortalecida, en el plano internacional cuenta cada vez con menos simpatías. Hoy Suecia se convirtió en el primer país de la Unión Europea en reconocer al estado palestino, el consejo de Seguridad de la ONU debatirá próximamente si acepta a Palestina en su seno y los desencuentros con la Administración Obama, que se volcó en la última tentativa fallida de proceso de paz, se repiten.