Dos pobres fumadores de opio
Dos pobres fumadores de opio - Wellcome Images

El tráfico de opio en China impulsó la industrialización occidental en el siglo XIX

La exportación ilegal de esta droga en el país asiático salvó a Gran Bretaña de la Bancarrota e inició una nueva era moderna

MadridActualizado:

El tráfico de opio en China tuvo dos caras distintas de una misma moneda. Oriente perdió fuerza y Occidente comenzó la gran carrera de la industrialización. El debilitamiento del imperio asiático permitió a las grandes potencias tener acceso a cada uno de los puertos más importantes, facilitando el desarrollo de la actividad económica.

Además de esta apertura financiera, el opio implicó una revolución cultural que, aunque sumió a muchos escritores en la desgracia, según señalaban los mismos, su consumo resucitó a una musa que creían muerta, legando maravillas literarias.

«Me había convertido en un esclavo preso de las redes del opio, y mis trabajos y mis planes cobraron el color de mis sueños», confesó una vez Edgar Allan Poe.

Bengala la cuna del opio

Durante la Guerra de los Siete años entre Francia y Gran Bretaña los anglosajones obtuvieron la victoria de Clive en Plassey, lo que les permitió obtener el control absoluto sobre la provincia de Bengala y su agitada producción de opio.

La Compañía de las Indias Orientales no había comenzado con buen pie su debut en la industrialización. La independencia de las Trece Colonias (la emancipación de Estados Unidos de la Corona británica) significó pérdidas en materia de exportación, tales como el algodón, el cual provenía de los estados sureños y abastecía a las fábricas inglesas.

Durante el siglo XIX la actividad expansionista de los ingleses en la India estaba menguando los fondos necesarios para continuar la construcción de su hegemonía imperialista. No obstante, en Bengala existía una importante producción de opio, el cual se convirtiría en el talón de Aquiles de la sociedad manchú.

Los asiáticos en el intercambio de su preciada producción –té, seda y porcelana– exigían el pago con plata. Lo cual resulta imposible para los ingleses, que estaban en bancarrota. La riqueza sólo regresaría de esta manera a las arcas de la Corona a través de los campos de Bengala, en el gran agujero negro en el mercado: el opio.

La recuperación financiera

El tráfico ilegal de esta droga les permitió reestablecer una economía fuerte allá por 1836, mientras los manchués entraban en un círculo desgraciado de consumo y demanda, que retaba a un viejo edicto imperial de 1729 (en el cual se prohibía su venta clandestina). Y más recientemente, en 1829 el emperador Daoguang prohibió rotundamente consumirlo al darse cuenta de que la población era víctima de una fuerte dependencia.

Además, el opio funcionó como una medida de cambio que facilitó la comunicación comercial con sus excolonos norteamericanos, cuya producción de algodón era, a su vez, fundamental para el desarrollo financiero de los británicos.

Para realizar este trueque, la Compañía de las Indias estableció una política de intercambio en la cual cedían títulos de propiedad en Bengala a los estadounidenses para que tuvieran acceso a la producción del opio, a cambio de algodón. De esta manera los yankees también participarían en el agujero negro del mercado.

Los franceses, quienes los habían ayudado a lograr su independencia de la Corona británica, se sintieron un poco incómodos frente a la nueva amistad política, en la que se acordó: algodón para los ingleses y trocitos de Bengala para los colonizados.

La histeria imperial

«Tengo un secreto: le llamo láudano y debe estar presente en todas partes, allí donde se desee suavizar la muerte» escribió Paracelso, un alquimista muy reconocido en la antiguedad, con respecto a esta droga.

El consumo de opio hunde sus raíces en la Antigüedad. «Durante muchos siglos, se administraba opio a los guerreros y soldados antes de entrar en batalla, Avicena fue uno de los primeros en descubrir que el opio ayudaba a mitigar todo tipo de sensaciones, entre ellas el miedo. Sin embargo, la droga producía también un efecto negativo desde el punto de vista militar: la pasividad que provocaba en aquellos que la consumían. Quedaba claro, por tanto que los turcos debían combinar el opio. Igualmente en la Indiase llamaba al opio “La miel de la guerra”, pues los ciudadanos del país solían ahogar con él su miedo a la guerra», explica el médico y escritor Marcos Gómez Sancho en su obra «Dolor y sufrimiento al final de la vida».

La demanda desmedida de esta droga permitió que Gran Bretaña sanara su deuda pública. Mientras las toneladas de opio exportadas a China favorecían el desarrollo de Occidente, el esplendor manchú se apagaba entrando en un periodo oscuro, donde se desataría la histeria del emperador Daoguang.

El soberano estaba aterrado frente al desorden en la moral y salud pública a causa del estupefaciente. La plata volvía a salir hacia el exterior con lo que principalmente pagaban el opio. La droga se había convertido en el «joker» que sustituía al preciado metal y proporcionaba una excelente jugada a los británicos .

Daoguand, harto de esta situación, tuvo la ocurrencia en 1839 de bloquear la actividad portuaria de los británicos en la provincia de Cantón. Los comerciantes se vieron obligados a entregar toda la mercancía (Motín del opio). Además de esto, mandó al comisario Lin que enviase una carta a la Reina Victoria I de Inglaterra. En esta se exigía con tono amenzante que cesaran la exportación del opio o las consecuencias serían muy severas.

El mensaje como la expropiación del producto molestó enormemente a la soberana. Ipso facto mandó lanzar una ofensiva para responder al insolente tono del comisario Lin y su señor emperador. Y finalmente, la reina Victoria tomó la justicia por su mano. De esta manera, ordenó el desembarco de sus tropas en los puertos chinos. Así iniciaría la primera de las contiendas, desatándose el conflicto bélico anglochino que estalló en 1839 y finalizó en 1942.

Los puertos de los nuevos horizontes comerciales

La dinastía Qing fue derrotada. Todo aquel esplendor que caracterizaba a China quedó reducido a cenizas. Aunque las guerras no tienen ningún aspecto positivo, la derrota de los asiáticos permitió dibujar un nuevo y gran horizonte, así como un cauce que permitiría la modernización.

La caída de la dinastía permitió florecer a Occidente debido a los duros términos que dejaban desnuda a China: el pago por indemnización de guerra y la entrega de Hong Kong a la Corona Británica por 150 años. Asimismo se le obligó a ceder otros cuatro puertos importantes para exportar y el comercio marítimo de los europeos y los norteamericanos. Como si de combustible se tratara, el opio alimentó al gran motor de la industrialización.