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¿Por qué la República de Macedonia no tiene nada que ver con la patria de Alejandro Magno?

A finales de 2006, la disputa entre Grecia y la República de Macedonia situó a Alejandro Magno en el epicentro de la polémica cuando la antiguo república yuguslava anunció su intención de rebautizar su principal aeropuerto con el nombre del conquistador

Mosaico de Alejandro Magno procedente de la Casa del Fauno en Pompeya
Mosaico de Alejandro Magno procedente de la Casa del Fauno en Pompeya

El rival de la Selección española en la fase de clasificación para el Mundial de Rusia vive con Grecia una larga disputa histórica a cuenta de su nombre, la polémica designación de República de Macedonia. Si bien los helenos de su tiempo consideraban extranjeros a Alejandro Magno, Filipo II y Aristóteles; lo cierto es que el Reino de Macedonia ocupaban el territorio griego actual y mantenían fuertes lazos culturales con sus vecinos. Grecia los reivindica hoy como propios y a estos personajes como algunos de los más ilustres de su historia. Por el contrario, el antiguo territorio perteneciente a Yugoslavia, llamado desde 1945 Macedonia, hunde sus raíces culturales en la tradición eslava y no tiene relación con el conquistador.

Una República yugoslava con raíces eslavas

La actual República de Macedonia se sitúa al norte de lo que fue el Reino histórico de Macedonia, aunque en algunos momentos se extendió parcialmente a través de este territorio. Durante la Edad Media perteneció al Imperio bizantino y en el siglo VI vivió la inmigración masiva de eslavos que superaron demográficamente a las poblaciones locales de orígenes ilirios, tracios y en menor medida griegos. También estuvo controlado durante un tiempo por Bulgaria, que influyó en su idioma y gran parte de la cultura.

Durante las guerras yugoslavas, la República de Macedonia declaró el día 8 de septiembre de 1991 su independencia de Yugoslavia, sin que el Ejército yugoslavo enviara tropas allí

Como honorable territorio balcánico, ha estado involucrado en siglos de guerras fronterizas y disputas imperiales. Hasta finales del siglo XIX estuvo bajo la ocupación turca. En la Primera Guerra Mundial su control fue disputado por Bulgaria y Serbia, quedando finalmente bajo soberanía del reino de Serbia. Asimismo, tras la Segunda Guerra Mundial se volvieron a barajar las cartas y la Macedonia eslava quedó en poder de Serbia esta vez como República Socialista de Macedonia, una de las repúblicas federadas de Yugoslavia.

Durante las guerras yugoslavas, la República de Macedonia declaró el día 8 de septiembre de 1991 su independencia de Yugoslavia, sin que el Ejército yugoslavo enviara tropas allí. Bulgaria fue el primer país de muchos en reconocer a Macedonia bajo su nombre constitucional. Pero no ocurrió igual con otro de sus vecinos. Desde el principio Grecia se negó a reconocer a Macedonia, al considerar que su nombre y su bandera se trataba de un apropiamiento indebido de la historia y símbolos helenísticos. No en vano, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) reconoció al estado en 1993 con la referencia provisional de Antigua República Yugoslava de Macedonia (ARYM).

Reino histórico con raíces helenísticas

A finales de 2006, la disputa entre los dos países situó a Alejandro Magno en el epicentro de la polémica cuando Macedonia anunció su intención de rebautizar su principal aeropuerto con el nombre del conquistador. Un territorio al norte de dónde verdaderamente nació Filipo II y su hijo Alejandro Magno. El Reino histórico de Macedonia era considerado en la Antigüedad un territorio de bárbaros y extranjeros. Atenas, Esparta, Tebas y otras ciudades estado helenas se negaban a aceptar que lo que hoy forma parte de la Grecia histórica estuviera habitado por compatriotas.

Filipo II convirtió por la vía de las armas un empobrecido reino –despreciado por Atenas y Esparta– en la gran potencia hegemónica de Grecia. Su hijo Alejandro completó la expansión prevista por su padre dirigiendo sus tropas al corazón de Asia.

Mapa con la Macedonia griega en gris y la República de Macedonia en rojo
Mapa con la Macedonia griega en gris y la República de Macedonia en rojo- Wikimedia

El más célebre Rey de Macedonia completó el sueño inacabado de su padre y, quizá, lo arrastró más lejos de lo que éste hubiera imaginado. En solo 13 años de campañas militares, levantó uno de los mayores imperios en la historia de la humanidad: afianzó su poder en Grecia, conquistó el imperio Persa y se hizo con un dominio que se extendía por Egipto, Anatolia, Oriente Próximo, Asia Central y se detenía a las puertas de la India.

Su muerte sin designar heredero fragmentó su imperio entre sus generales más cercanos. El lento ascenso de Roma como dueña del mundo fue progresivamente comiendo terreno a los macedonios y debilitando su poder. La batalla de Pidna marcó el punto final de este reino en 168 a. C y la derrota definitiva de la monarquía macedonia. Como resultado de la guerra, Macedonia fue dividida en cuatro repúblicas nominalmente independientes, que poco tiempo después fueron transformados en una provincia romana.

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