Eva Duarte de Perón
Eva Duarte de Perón - ABC

La radio, el arma más poderosa del peronismo

Los discursos pronunciados por la primera dama Eva Duarte consolidarían el poder de una dictadura paternalista

MadridActualizado:

Tras la victoria de los Aliados en la Segunda Guerra Mundial, Argentina viviría el movimiento obrero más importante de su historia: el peronismo. Sin embargo, esta fuerza política liderada por el general Juan Domingo Perón no sería una realidad hasta el 17 de octubre de 1945. Ese día sus fieles seguidores demostrarían al militar una lealtad inquebrantable; cuando tomaron la Plaza de Mayo (Buenos Aires) exigiendo su liberación.

A partir de esa fecha –la cual pasaría a convertirse en el «Día de la Lealtad Peronista»- se produjo una bipolaridad que dividió a la sociedad argentina entre dos movimientos: los seguidores de Perón y la oposición. Y aunque la Argentina se mantuvo neutral durante el conflicto en Europa, ambas fuerzas estaban moldeadas por la resaca ideológica de la posguerra entre los Aliados y el Eje.

Sin embargo Juan Domingo Perón vencería a la fuerte presencia mediática estadounidense en la nación gracias al eco peronista, el cual tenía su origen en una voz femenina: María Eva Duarte Perón. Los discursos pronunciados por «Evita» entrarían en los hogares de todos los argentinos gracias a la radio; lo que permitió que la futura mujer del general se labrase un complicado lugar en los sueños rotos de los más desfavorecidos. Ella simbolizaba la esperanza del cambio de la realidad obrera -los «descamisados»-. De esta manera, Eva Perón se convertiría en una precursora de la asistencia social a través de la cual dignificó a los pobres.

No obstante, el general no hubiera sido el elegido del pueblo obrero sin el emotivo discurso de su esposa. Pero Evita tampoco hubiera llegado a ser la madre de las causas perdidas sin la influencia mediática de la Radio.

A la edad de 33 años, Eva Perón no sobrevivió al cáncer uterino. Sin embargo, su muerte no tranquilizaría a los antiperonistas, porque aún fría y embalsamada seguía representando una fuerza que nunca podrían alcanzar.

«Si este pueblo me pidiese la vida se la daría cantando, porque la felicidad de un solo descamisado vale más que toda mi vida», pronunció Evita en su último discurso dirigido al pueblo.

La Radio, la poderosa arma del Estado

«Aquí está la mujer que nos define un movimiento, a través de su misma intuición de madre, esposa, hermana o novia... ¡Oídla!... Es ella», así presentaban a Evita durante las emisiones radiofónicas del verano de 1944.

El reconocido publicista chileno César Hidalgo Calvo en su obra «Teoría y práctica de la propaganda contemporánea» expone la importancia que tuvo en su día la radio, y denuncia al poder ejercido por los «mass media» durante el siglo XX.

«La radio no reconoce fronteras geográficas, ideológicas ni socioculturales y solamente está limitada por su potencia, calidad técnica y programación», escribió César Hidalgo explicando el poder de integración de este canal de difusión.

La democratización de la información realmente empezó con la radio. Muchos de los «descamisados» a los que se dirigía Eva en sus discursos no sabían ni leer ni escribir. De esta manera, sus emisiones llegaban sin discriminación a todos los hogares; para convertirse en un lazarillo popular o aquella voz que guiaba al pueblo.

Eva Perón da un discurso en la Casa Rosada
Eva Perón da un discurso en la Casa Rosada - C.C

Con esta poderosa herramienta de la comunicación se logró una mayor perpetración por parte de los líderes de opinión en la intimidad de las casas, y por consecuente de sus respectivas ideologías compartían la mesa con ellos; hasta el grado de inspirar modificaciones masivas de conducta, algo nunca visto con la prensa. De esta manera, en cada una de las apariciones radiofónicas de Evita se reforzaba la figura mesiánica del general respecto a la causa obrera.

El terremoto de San Juan

Ni Eva ni Juan Domingo tenían nada en común más que el capricho del destino. Perón era un hombre de 50 años, viudo, militar y de clase pudiente que estaba al cargo de la Secretaría de Trabajo y Previsión; mientras que ella tenía 23 años y su nombre apenas comenzaba a resonar en el radioteatro. No obstante, el fuerte terremoto ocurrido durante el verano de 1944 en la localidad de San Juan -donde fallecieron 7.000 personas y resultaron heridas de gravedad otras 12.000- los reuniría en un evento; en el cual se buscaba la recaudación de fondos para los damnificados.

El historiador Felipe Pigna relata en su obra «Evita: Realidad y mito»: «Se había producido la peor catástrofe de la historia de Argentina. Por orden del presidente Ramírez, la Secretaría de Trabajo y Previsión se puso al frente de la coordinación nacional de la ayuda a los sobrevivientes. La tragedia sensibilizó al país entero. La solidaridad fue inversamente proporcional a la pobreza de los donantes: daban más los que menos tenían.»

Nuevamente la radio volvía a ser el escenario de acción; donde Perón convocaría a todos los argentinos para crear una gran recaudación en beneficio de las víctimas.

Eva al igual que otros personajes destacados del cine y del teatro desempeñarían la noble labor de las colectas en las calles para la reconstrucción de San Juan. Según la obra de Pigna, el general confesaría años después: «Vi en Evita a una mujer excepcional. Una auténtica apasionada, animada de una voluntad y una fe que se podía parangonar con aquella de los primeros cristianos. Eva debía hacer algo más que ayudar a la gente de San Juan; debía trabajar por los desheredados argentinos, porque en aquel tiempo, en el plano social la mayoría de los argentinos podía equipararse a los sin techo de la ciudad de la cordillera sacudida por el terremoto».

La política de bienestar para los «descamisados»

Sin olvidar que Perón ejerció una dictadura, en la cual se abolieron los partidos políticos y se enviaron presos a aquellos que mostrasen resistencia; se efectuó un sistema paternalista en la Argentina. Todos aquellos que estuvieron desprotegidos y marginados en su día se convirtieron en la motivación principal del régimen; a la que Evita se entregó sin descanso y sin importarle su salud.

Durante su periodo como primera dama, Eva se dedicaría íntegramente a levantar a sus «descamisados» de la miseria, de la enfermedad, del hambre, del analfabetismo y especialmente de la desilusión. Le devolvería la esperanza al pueblo gracias a los diferentes programas desarrollados junto con Perón.

Evita consideraba que la limosna era humillante y que además alargaba el problema de sus «descamisados». Sin embargo, la ayuda social era justicia, el derecho a recuperarse de la pobreza para incorporarse a la sociedad como «elementos dignos» y no como «resentidos». «La Fundación encamina toda su obra no como limosna sino como acción de justicia bien ganada por el pueblo y que durante tanto tiempo se le negó», manifestó Eva durante el Primer Congreso Americano de Medicina del Trabajo en 1949.

Eva Perón en la Fundación
Eva Perón en la Fundación - C.C

Durante los primeros años del peronismo la economía argentina iba en auge gracias a las exportaciones de carne y trigo, la posguerra en Europa había provocado que Argentina se convirtiese en el principal acreedor de estos países. De esta manera, los señores Perón establecieron una política de bienestar para los «descamisados», la cual centraba los recursos estatales y las donaciones de empresas a la Fundación Eva Perón.

Este órgano se convertiría en el principal motor de la gran revolución social que modernizaría al Estado con la fundación y mejora de los servicios públicos: colegios, hogares para madres solteras, planes de pensiones, vacaciones, programas de vivienda y centros de asistencia sanitaria; pues antes de la toma de poder de Perón únicamente había 57 hospitales y para 1950 ya eran 119 centros sanitarios.

La periodista argentina Alicia Dujovne Ortiz -a pesar de su posición antiperonista- elogia a estos hospitales en su obra «Eva Perón: la biografía», en el cual expone como la primera dama se había encargado de que la gente humilde fuese atendida en las mejores instalaciones, con la mejor tecnología médica y en las manos de los mejores doctores de la república.

No obstante, la premisa principal de la Fundación expresaba que Evita estaba siempre para atender a su pueblo. Su despacho funcionaba como un lugar de encuentro entre ella y los visitantes que acudían a ella con el fin de mejorar su calidad de vida; donde las peticiones consistían desde algo sencillo como unos gramos de medicina, a una vivienda. Ella misma atendía a sus «descamisados», evitando los intermediarios; como así recoge Felipe Pigna en la biografía de la primera dama.

La fuerza del adiós de Eva Perón

Evita se ganó el respeto y por consiguiente el amor de su pueblo; porque escuchó y respondió con obras al desesperado llanto de los niños, al lamento de las mujeres y al desaliento de los trabajadores.

Eva dejaba la fuerza de su adiós haciendo eco en la política posterior con su último discurso: «Mis queridos descamisados, éste es un día de muchas emociones para mí. Con toda mi alma he deseado estar con ustedes y con Perón en este día glorioso de los descamisados. Yo no podré faltar nunca a esta cita con mi pueblo en cada 17 de octubre ...Yo no valgo por lo que hice, yo no valgo por lo que he renunciado; yo no valgo por lo que soy ni por lo que tengo. Yo tengo una sola cosa que vale, la tengo en mi corazón, me duele en el alma, me duele en mi carne y me duele en mis nervios. Es el amor por este pueblo y por Perón. Y le doy gracias a usted, mi general, por haberme enseñado a conocerlo y a quererlo. Si este pueblo me pidiese la vida se la daría cantando, porque la felicidad de un solo descamisado vale más que toda mi vida.»

El 26 de julio de 1952 moría la intercesora de la justicia a la edad de 33 años.