Lenin durante su enfermedad, junto a uno de sus médicos y su hermana - Vídeo: Lenin, el machista y reprimido sexual sin amigos que vivió de su madre hasta los 40 años

La misteriosa y agonizante enfermedad de Lenin: el muñeco animado de Stalin

El georgiano fue declarado «cuidador» oficial del declinante Lenin, lo que, en lenguaje soviético, iba a significar sepulturero. El asesino de millones de personas rechazó reiteradas veces dar cianuro al líder bolchevique, porque no se sintió «con valor para cumplir con lo pedido por Lenin; por tanto, debo declinar esa misión, por humana e indispensable que sea»

Actualizado:

Se podría decir que Vladímir Lenin vivió en un constante ataque de nervios. Al menos así lo acredita su largo historial de jaquecas, insomnio y nerviosismo. La mitología comunista presenta la agónica enfermedad que mató al líder bolchevique, a los 53 años, como el precio de una vida de dedicación absoluta, frente a la sospecha de que fue la sífilis la que quebró su salud. Solo el diario de su médico Kramer clarifica una causa probable, un problema congénito en el cerebro que deterioró su flujo sanguíneo y le mató prematuramente como a su padre y a dos hermanos.

A partir de 1921, los síntomas de agotamiento nervioso en el jefe de Estado de la URSS se hicieron tan evidentes como para obligar a la propaganda a mantener en secreto su enfermedad. Tres años antes había sobrevivido a un intento de asesinato, con el coste de tres balazos en su cuerpo, pero el debilitamiento crónico lo atribuyó el mito comunista a las maratonianas jornadas de 17 horas de trabajo diario.

Federico Jiménez Losantos recuerda, sin embargo, en su obra «Memoria del comunismo» que los problemas «claramente psiquiátricos de Lenin» ya venían de tiempo atrás:

«Sus “nervios”, como él los llamaba, ya lo afectaban gravemente en 1900, provocándole continuos dolores de cabeza y ataques de ira. Esa debilidad, compensada por el magnetismo de su personalidad, mezcla de furia e impotencia, de ferocidad y fragilidad, hizo de todas las mujeres de su entorno se convirtieran en enfermeras. Y que mantuvieran en secreto la enfermedad de Lenin».

«Sus “nervios”, como él los llamaba, ya lo afectaban gravemente en 1900, provocándole continuos dolores de cabeza y ataques de ira»

Los frecuentes periodos de reposo aliviaron a Lenin durante años, pero a partir de su ascenso al poder ruso se vio obligado a asumir responsabilidades máximas. En mayo de 1922 la presión se materializó en un primer ataque cerebral, de modo que durante una temporada tuvo que retirarse de la vida pública. Su posterior regreso únicamente confirmó que, aun cuando articulaba largos discursos, su cerebro cada vez digería peor la información.

El que da o quita el cianuro

A la vista de que los problemas de circulación amenazaban con paralizar todo su cuerpo, reclamó a Stalin que, llegado el caso, le «consiguiera cianuro de potasio» para aliviar su dolor, según el testimonio de su hermana María. La hermanísima afirmó que ya en 1922 «Stalin lo había prometido [el veneno], se había abrazado [a Lenin] y Stalin se había marchado». Dudando que el georgiana fuera a cumplir su palabra, Lenin preguntó a su camarada: «¿No me están engañando?». A lo que Stalin contestó: «¿Cuándo me ha visto hacerlo?».

Iósif Stalin, Vladímir Lenin y Mijaíl Kalinin
Iósif Stalin, Vladímir Lenin y Mijaíl Kalinin

Al principio por recomendación de los médicos y luego por razones «políticas», Stalin guardó en un cajón la demanda del camarada Lenin, en lo que se convirtió hasta la muerte del bolchevique, hacia 1924, en un silencioso y a veces grosero pulso de poder entre el hombre llamado a dominar la URSS y un tipo moribundo.

El 17 de diciembre de 1922, Stalin fue declarado «cuidador» oficial del declinante Lenin, que, en lenguaje soviético, iba a significar sepulturero. En esas fechas rechazó directamente la reclamación de cianuro, a pesar de su anterior promesa, porque no se sintió «con valor para cumplir con lo pedido por Lenin; por tanto, debo declinar esa misión, por humana e indispensable que sea».

Se podría pensar que Stalin, afectado por su amistad y admiración, no fue capaz de facilitar cianuro por cuestiones de sensibilidad humana a su amado camarada. Pero ni su personalidad fría, ni su amplia lista de asesinados, ni los acontecimientos documentados por el entorno de Lenin sostienen esta hipótesis.

A los pocos días de que Stalin fuera designado en su tarea oficial de cuidador, el georgiano se enteró de que Lenin había enviado una carta sobre comercio exterior a Trotski, con el que pronto iba a enfrentarse en un duelo al sol por el control de Rusia. Stalin no solo negó el cianuro a Lenin a modo de recordatorio de quién tenía el control, sino que advirtió a su esposa, Nadezhda Krúpskaya, de que en caso de una muerte asistida del enfermo sería sometida a juicio. Es más, en una llamada telefónica a Krúpskaya, a la que imaginaba aliada con Trotski, el georgiana la insultó hasta hacerla llorar. Luego amenazó con llevarla a la Comisión de Control del Partido para evaluar su actitud.

Fotografía de Nadezhda Krupskaya
Fotografía de Nadezhda Krupskaya

Si bien la esposa de Lenin ocultó en un primer momento a su marido enfermo la llamada telefónica, el creciente rechazo del líder comunista a cómo estaba gestionando Stalin la crisis de 1923 en Georgia animó a Krúpskaya a hablar. Todo lo furioso que le permitía su enfermedad, Lenin escribió al camarada Stalin:

«Ha tenido la desfachatez de llamar a mi mujer por teléfono y ofenderla. Aunque haya aceptado olvidar lo que se dijo, ha hablado con Kámerev y Zinóviev… Pero yo no tengo intención de olvidar lo que se ha hecho contra mí. Por tanto he de pedirle que decida si está dispuesto a retirar sus palabras o no y a pedir disculpas, o si prefiere romper las relaciones con nosotros»

La momificación en vida

En otra ostentación de su inapelable poder, Stalin se tomó más de un mes para responder a Lenin, al que se cuidó de que nadie le proporcionara la posibilidad de suicidarse. En una carta velada de amenazas hacia Krúpskaya, apuntó:

«[...]No me parece haber dicho nada brutal o intolerable, o dirigido contra usted, pues mi único deseo es su pronto restablecimiento. Y por ello me parece que es mi responsabilidad velar porque este régimen sea respetado. Mi conversación con Krúpskaya confirmó que mis sospechas no tenían fundamento y no podía ser de otro modo. Ahora si usted piensa que para mantener nuestras “relaciones” debo retirar lo que he dicho, lo retiro, pero no alcanzo a ver dónde está el problema, en qué consiste mi falta y qué se quiere de mí».

«No podía ser de otro modo», lo que traducido al cristiano significaba que más le valía a la esposa de Lenin no favorecer en nada más a Trotski, ni ayudar a su marido a quitarse la vida, pues él, solo él, en contra de lo que había prometido en el pasado, decidiría cuándo moriría. Tras aquel intercambio de correspondencia, el círculo cercano de Lenin no volvió a realizar más pulsos. A partir de entonces, el padre de la Revolución rusa se había convertido en una figura inanimada políticamente.

Animada; solo cuando así lo decidiera el nuevo poder. Desde el punta de vista médico, Lenin se transformó poco a poco en un muñeco, incapaz de tocarse la nariz con el dedo, hacer sumas y multiplicaciones o decir frases con sentido. Los espasmos que sufría de forma imprevisible podían alargarse durante horas. El dolor fue constante hasta su último día. Stalin, que luego ordenaría su momificación, hizo las veces durante esos agonizantes meses de ventrílocuo todopoderoso del muñeco.