Grabado de guillotina durante el Reinado del Terror
Grabado de guillotina durante el Reinado del Terror - ABC

La gran metedura de pata de la Revolución francesa: el asesinato que desató el Reinado del Terror

La patriótica Madame Roland apuñaló a Jean-Paul Marat, lo que la mandaría a la guillotina y a la resurreción del jacobino como mártir de este sádico periodo

MadridActualizado:

Una mañana de 1793 Madame Roland apuñaló al hombre equivocado. Lo que ella consideraba como la gran solución para finalizar la hegemonía de los radicales jacobinos y su guillotina durante la Revolución francesa, pasaría a convertirse en una de las meteduras de pata más grandes de la Historia. Pues a causa de este crimen, mandaría a toda su patria a la más terrible oscuridad conocida como el Reinado del Terror.

Pancracio Celdrán recogió en su obra «Anecdotario Histórico» este pasaje de la Revolución Francesa: «Que de niña había sido un prodigio de precocidad intelectual, tuvo desde la infancia un profundo amor a la libertad. Cuando estalló la Revolución Francesa acunó la esperanza de que aquel hecho supusiera el final de la arbitrariedad política. Animada por su celo político engrosó las filas del partido de la Gironda, por lo que fue perseguida y conducida a la guillotina. Momentos antes de que rodara su cabeza por el patíbulo exclamó: ¡Libertad, cuántos crímenes se cometen en tu nombre!. Era el día 8 de noviembre de 1793. De esta misma dama cuyo apellido de soltera era el de Philipon, se cuenta que no queriendo que un compañero de suplicio la viera morir, le dijo: Pasad primero, pues acaso no podríais sufrir el ver como soy guillotinada. Quiso oponerse a esta precedencia el verdugo, y encarándose con él le recriminó de esta manera: ¿Dónde está vuestra cortesía? ¿Negaréis a una mujer, que va a morir ahora mismo, el ver cumplido su último deseo?».

La metedura de pata

«¡Libertad, cuántos crímenes se cometen en tu nombre!», éstas serían las últimas palabras Madame Roland que se encogían en un hilo de voz; pocos segundos antes de ser carne de guillotina en 1793, en el inútil intento de liberar a Francia del más radical de los revolucionarios: Jean-Paul Marat. Y bueno, físicamente se libró, pero ya conocemos que pasa con algunos difuntos; que valen más después de la sepultura que en vida.

Madame Roland
Madame Roland - C.C

De esta manera, Roland fue acusada de asesinato, pero no de uno de esos molestos girondinos para aquellos extremistas revolucionarios, conocidos como jacobinos; que se habían encargado de deformar el valor de la libertad con su sadismo. Sino al mismísimo hombre que había alimentado el fuego del odio de la revolución. Y es que Marat junto a Maximilien Robespierre condenaban -según saliese la luna- a todo civil, cuyas diferencias personales incomodasen a sus macabras premisas del poder popular, a la violenta muerte en la guillotina.

Camino a la «boulangerie»

Los intelectuales del siglo XVIII ya venían cuestionando la utilidad de los reyes, pues las injusticias sociales cada vez eran más notorias. Y entre esos ilustres, había un hombre que destacaría por una compulsiva participación -escondiEndo las malas intenciones a través de la honorable profesión del periodismo libre- sí, ese señor era Jean-Paul Marat, y aunque quizás en la «noble intención» de liberar a su país de la desigualdad y la jocosidad de María Antonieta y Luis XVI, desató el más negro de los infiernos en París. Logrando que la idea madre: la revolución, se bipolarizara entre jacobinos y girondinos. De esta manera las ideas de Marat tumbaron al Antiguo Régimen. Y esa soberanía popular –por la que según peleaba Marat- quedó sometida a uno nuevo: El Reinado del Terror, en donde los correligionarios de la causa se salvaban «aparentemente» de la condena a muerte sin juicio.

No obstante, la subjetividad de Marat variaba más que las mareas; y Madame Roland –como buena patriota- no podía dejar que Francia perdiera también la testa. Siendo así, un día se armó de valor y salió según por el pan; y encima de la «boulangerie» vivía susodicho. De esta manera, la señora se tomó la libertad de interrumpir el placentero baño de Marat -tenía una enfermedad en la piel, la cual aliviaba con agua tibia y jabón-, con la excusa de entregarle una lista de nombres que conspiraban contra el método del jacobino. Sin abandonar la tina y con las manos arrugadas de tanto remojo, la invitó a pasar; acto seguido Madame Roland le empuñó un cuchillo, cuya puñalada le causó la muerte «ipso facto».

La violencia es injustificable, eso no se debate. Pero ¿con qué ojos miraría Madame Roland a Francia si hubiera fallado, y en vez de matarlo le hubiera únicamente hecho una carnicería que lo enfureciese aún más de su estado natural?. Así que ya una vez cometido el crimen, no había vuelta atrás. Pero la verdad es que hizo un verdadero estropicio, pues aquel chiflado rápidamente resucitó de entre los muertos de la Revolución francesa como el mártir de tan memorable transición.

La muerte de Marat, Jacques-Louis David 1793
La muerte de Marat, Jacques-Louis David 1793-Royal Museum of Fine Arts of Belgium

Para gran desconcierto, no sólo se le rendiría homenaje a través de un cuadro, «La muerte de Marat», -una obra maestra, que estremece a cualquiera- pintada por su amigo, el también jacobino pero «cambiachaquetas» Jacques-Louis David; sino que con las numerosas copias de este lienzo y de las incontables reproducciones de su busto, se instauraría una nueva religión (Culto a la Razón) liderada por otro fanático llamado Maximilien Robespierre. Y durante el macabro espectáculo del Reinado del Terror, se sustituirían los crucifijos en todas las iglesias de París por la esfinge de Marat.

Es decir, en este arrebato patriótico de Madame Roland camino a la «boulangerie» desataría involuntariamente a las bestias de aquel circo. De esta manera, la puñalada letal, detonó uno de los episodios más oscuros de la historia francesa. Y para colmo del colmo, su cabeza terminó rodando por el patíbulo. Y ahora sí, ¿quién se acuerda de Madame Roland?.