Fotografía de archivo de un albanés de Kosovo durante una manifestación en Pristina
Fotografía de archivo de un albanés de Kosovo durante una manifestación en Pristina - AFP

La desastrosa declaración unilateral de independencia en Kosovo que quiere seguir la Cataluña de Puigdemont

Las grandes expectativas puestas en el nuevo Estado se han topado con los problemas económicos y legales derivados de una declaración que muchos países como Rusia, España o Grecia siguen sin reconocer cómo válida

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La declaración unilateral de independencia (DUI) es una variante de declaración de independencia establecida cuando el gobierno de una región se declara ella misma como estado soberano, sin un acuerdo formal con el estado del cual declara su secesión. Una forma de obtener la independencia a la que muy pocos países –la mayoría antiguas colonias del Reino Unido y entidades de la antigua Yugoslavia– han recurrido a causa de las calamitosas consecuencias que puede tener a nivel internacional este viaje a través del desierto. Kosovo es el ejemplo más reciente de este disparo al aire y una demostración de las dificultades legales vinculadas a una DUI.

Aunque considerado históricamente como la cuna del pueblo serbio, Kosovo tiene en la actualidad una población mayoritaria de origen albanés que promovió en 2008, con el apoyo de Estados Unidos, una declaración no consensuada de independencia respecto a Serbia. No en vano, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas llevaba una década buscando un encaje legal a la posición de Kosovo tras la derrota de Serbia en la Guerra de Kosovo (1998). Así, el territorio de Kosovo pasó a ser administrado de forma autónoma por la Misión de Administración Provisional de las Naciones Unidas en Kosovo (MINUK) mientras las consecuencias del conflicto eran paliadas. Entre estas heridas de guerra, los actos de venganza por parte de albaneses hacia la comunidad serbia, lo que provocó un éxodo de cerca de 100.000 afectados.

Fue en el año 2001 cuando la MINUK decidió entregar parte del gobierno a la comunidad albanokosovar, formándose las Instituciones Provisionales de Autogobierno dentro del nuevo marco constitucional, y celebrándose las primeras elecciones en Kosovo a finales de ese mismo año. El camino hacia el autogobierno empezó entonces, bajo la atenta mirada de la ONU y las presiones de Rusia, fuertemente vinculada a Serbia.

La «Serpiente» encabeza la independencia

Si bien los representantes de la República Federal de Yugoslavia (que en 2006 se convirtió unicamente en la República de Serbia) consideraban a Kosovo como una parte íntegra del país con diversos grados de autonomía, los líderes kosovares afirmaban que la única solución posible era la independencia. En 2007, las elecciones legislativas y municipales dejaron con un 35% de los votos ganador al antiguo guerrillero del UÇK (siglas en albanés de Ejército de Liberación de Kosovo), Hashim Thaçi, quien se hizo con el apodo de «Serpiente» por su brutalidad contra los serbios durante la guerra.

El Parlamento de la provincia serbia de Kosovo, donde la segunda fuerza política estaba representada por la Liga Democrática de Kosovo (LKD), con un 23% de los votos, también independentista, proclamó así el 17 de febrero de 2008 la independencia bajo el nombre de República de Kosovo. La comunidad internacional, que abogaba por la progresiva independencia de este territorio pero a través de un acuerdo con Serbia, quedó dividida entre los países que reconocieron el nuevo estado, como en el caso de Estados Unidos, el Reino Unido y Francia; y los que, como Serbia, Rusia, España, Grecia y China, la rechazaron totalmente.

Al día siguiente de la declaración de independencia de Kosovo, la Asamblea Nacional de Serbia aprobó una resolución por la que declaraba nula y sin efecto la declaración de independencia kosovar, después de que la Corte Constitucional de la República de Serbia hubiera declarado el acto ilegal, argumentando que no era compatible con los estatutos de Naciones Unidas. De hecho, las Naciones Unidas mantienen todavía hoy una posición ambigua respecto a la declaración de independencia Kosovar, sin que muchos de sus países miembros reconozcan su legitimidad.

La falta de reconocimiento unánime hace que el país no tenga una moneda propia y haya tenido que esperar siete años para acceder a cuestiones tan básicas como un prefijo telefónico nacional o un código IBAN

El limbo legal en el que se encuentra Kosovo, donde incluso una parte próxima a la frontera de Serbia siguen administrada como si de una provincia serbia se tratara, ha venido acompañado de un deterioro de la economía, ya de por sí deprimida históricamente. Kosovo, un estado sin apenas industria y que depende de las remesas de los emigrantes albaneses y de la ayuda internacional, sigue registrando una de las tasas de desempleo entre jóvenes más alta del mundo, un sueldo medio de 350 euros mensuales y una inflación galopante. Así, el paro subió del 40% en 2007 a un 54,3% en 2011, aunque a partir de 2013 empezó a registrar un fuerte descenso gracias a las ayudas internacionales (según datos oficiales, Kosovo ha recibido de Europa unos 2.000 millones de euros desde 1999).

Problemas básicos como los prefijos telefónicos

La falta de reconocimiento unánime hace que el país no tenga una moneda propia y haya tenido que esperar siete años para acceder a cuestiones tan básicas como un prefijo telefónico nacional o un código IBAN (el mecanismo que la UE emplea para rastrear el origen de las transacciones bancarias), lo cual ha sido muy celebrado durante estos años por las mafias locales.

En lo respectivo a su presencia en instituciones internacionales, incluso en las deportivas, la situación avanza superando muy lentamente los escollos legales. Como ejemplo, la FIFA autorizó por primera vez a la Federación de Fútbol de Kosovo (FFK) a disputar en el año 2014 partidos amistosos con selecciones y clubes de otras federaciones asociadas al máximo organismo mundial, pero no así partidos oficiales. El organismo, de todos modos, indicó una serie de requisitos especiales para la celebración de estos amistosos como que «los clubes y selecciones de la FFK no estarán autorizados a exhibir símbolos nacionales ni se interpretará himno nacional alguno». Finalmente, el día 3 de mayo del 2016 fue admitida como miembro pleno de la UEFA y poco después en la FIFA.

En perspectiva, las grandes esperanzas puestas en el nuevo Estado se han topado con los problemas derivados de una declaración unilateral que, pese a las argumentaciones de Serbia, no violó el derecho internacional según el dictamen de 2010 de la Corte Internacional de Justicia. La explicación dada por el organismo internacional para «avalar» finalmente la declaración de independencia tiene presente que Kosovo constituye un caso singular, que sufrió en el pasado una operación de limpieza étnica y una guerra, así como el hecho de que desde el principio países como Reino Unido y Estados Unidos apoyaron el proceso.

En cualquier caso, la situación de Kosovo no es comparable ni está vinculada a la de Cataluña en prácticamente ningún punto, salvo por las simpatías mostradas por CiU y ERC al proceso. Kosovo, una de las zonas más deprimidas históricamente de la región balcánica, era ya un territorio sin ninguna vinculación administrativa con Serbia y estaba gestionado desde 1999 por la ONU, con vistas a conseguir la futura independencia total de la zona. Aun así, la falta de créditos internacionales ha costado muy cara al país.