Alejandro Magno es el protagonista de una de las novelas de la colección
Alejandro Magno es el protagonista de una de las novelas de la colección - ABC

De Alejandro Magno a Inés de Suárez: quince novelas para viajar por la historia y la intriga

Desde «Un lugar llamado libertad», hasta «Pompeya». Consigue cada domingo con ABC una colección de libros en los que el misterio y el pasado se mezclan de forma magistral

MadridActualizado:

A día de hoy no podemos comprar un billete que nos lleve a la época en la que Alejandro Magno quiso conquistar Asia con sus hoplitas. Igual de imposible es, por ejemplo, trasladarse hasta el año 79, cuando el Vesubio explotó y sepultó la ciudad de Pompeya bajo una gigantesca lluvia de cenizas.

Sin embargo, a partir del próximo 1 de octubre ABC ofrecerá a sus lectores la posibilidad de viajar al pasado de otra forma: a través de 15 novelas de historia y misterio que recorren más de cinco milenios de hechos determinantes para el devenir de la humanidad. Entre ellos, el enfrentamiento de los diferentes reinos de España allá por el siglo X.

Cada domingo los lectores de ABC podrán adquirir en su quiosco una de estas novelas por 4,95 euros. Obras de autores consagrados como Valerio Massimo Manfredi o Isabel Allende; y de nuevas promesas de la literatura como Gonzalos Garrido o Nerea Riesco. El viaje, para ser más concretos, comenzará con «Un lugar llamado libertad». Un «best seller» en el que el escritor británico Ken Follet adentra al lector en la Escocia del siglo XVIII a través de un minero de carbón llamado Malachi McAsh.

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  1. «La Biblia de barro»: en busca del Génesis

    «La Biblia de barro» mezcla de forma magistral acción, intriga y misterio. Su autora, Julia Navarro (con más de 30 años de periodismo a sus espaldas) publicó esta obra en 2005 tras el éxito de «La hermandad de la sábana santa». Y desde luego que no decepcionó a los lectores de novela histórica. Todo ello, a pesar de que -durante la presentación del libro- afirmó que su texto bebía más de la literatura de aventuras, que de los hechos pasados.

    «Es una novela de arqueología, guerras, traficantes de arte, codicia y venganza. Es un libro que invita a soñar, a meterte en un mundo de aventuras, pero también a reflexionar sobre la condición humana. […] Pero, aunque se apoya en la historia antigua y reciente, no es esclava de ella», explicaba en su momento.

    La obra de Navarro recorre, como ella misma señaló en su momento, 3.000 años de historia. Aunque su punto de partida no es precisamente cronológico, sino que se halla en los instantes previos a la invasión de Irak por parte del ejército de los Estados Unidos.

    Es entonces cuando una joven arqueóloga llamada Clara Tannenberg encuentra la pista de un verdadero tesoro: una serie de tablillas en las que se encuentra el Génesis (el primer libro del Antiguo Testamento) dictado por el mismísimo Abraham.

    Las tablillas son una auténtica Biblia de barro, pues albergan también (siempre de forma ficticia) el relato del profeta sobre la creación del mundo, los acontecimientos acaecidos en el diluvio universal e, incluso, la verdad sobre la construcción de la torre de Babel.

    Conocer el paradero de estas tablillas embarca a Clara en un viaje de aventuras e intriga a lo largo de la historia. Su primera parada se halla en Roma, ciudad a la que acude buscando el respaldo de sus colegas durante un congreso. En principio nadie cree a la joven ni a su esposo (un conocido arqueólogo protegido por el paraguas de Saddam Hussein). Sin embargo, la chica logra poco a poco los apoyos necesarios para iniciar las excavaciones.

    Tras superar el primer escollo, en la novela comienzan las intrigas y las traiciones de multitud de personas para hacerse con un botín millonario.

    «La Biblia de barro» inicia con ellos un viaje que -a lo largo de más de 700 páginas- llevará al lector desde la antigüedad bíblica, hasta el ataque estadounidense contra Saddam Hussein. Y todo ello, pasando por una época tan controvertida como la Segunda Guerra Mundial.

  2. «Pompeya»: antes de la catástrofe

    Un 24 de agosto del año 79. Esa fue la fecha en la que el volcán Vesubio hizo erupción acabando (y preservando, a su vez) la ciudad de Pompeya. Pocas semanas antes la naturaleza ya había avisado de la catástrofe con algunos temblores de tierra que llegaron a agrietar las paredes de las casas.

    «Ese día, la cima del Vesubio saltó por los aires como consecuencia de la explosión, lanzando al aire los fuegos del infierno, humo, piedras ardientes y lava, que se extendieron como un tenebroso paraguas sobre el cielo [de la urbe]», explica Ian Andrews en «Pompeya».

    El resultado fue el que todos conocemos. Las piedras del Vesubio se precipitaron de forma irremediable sobre Pompeya prendiendo fuego a todo lo que encontraron a su paso. Los más listos huyeron, pero otros tantos (los avariciosos o aquellos cuya edad era demasiado avanzada para escapar) se negaron a abandonar sus casas. Sobre ellos cayeron los deshechos arrojados por el volcán. Los mismos que les petrificaron para la eternidad.

    La tragedia de esta ciudad es más que conocida entre los amantes de la Historia. Por ello, el autor Robert Harris prefiere narrar las horas previas a la catástrofe en su obra «Pompeya» (2005).

    La obra

    El que fuera periodista de la BBC centra el libro en varias figuras como la de Marco Atilio Primo, el ingeniero encargado del acueducto de Aqua Augusta (uno de los más importantes de la zona por ser el que otorga agua a una buena parte de Nápoles).

    Este personaje, que ha adquirido el trabajo después de la extraña desaparición de su mentor, es el encargado de transportarnos hacia el mismo Vesubio.

    De su mano, el lector toma datos de las anomalías previas a la gigantesca erupción (como el recalentamiento de la tierra o el olor a azufre). A su vez, Marco Atilio Primo también es un profesor de excepción en todo lo que se refiere al funcionamiento de los acueductos, un ámbito en el que Harris se ha centrado especialmente.

    Documentada de forma magistral, «Pompeya» narra también de forma precisa las diferentes fases por las que pasó el Vesubio antes de explotar sobre la urbe. Además de explicar con crudeza el horror que debieron vivir sus ciudadanos.

    «La ceniza de la erupción del Vesubio, arrastrada por el viento, estaba cayendo directamente sobre la ciudad. […] La ceniza se endureció y llovió más piedras pómez. [...] Entonces la marea de fina ceniza de un metro de altura que viajaba tras la ola de fuego inundó la ciudad cubriendo el paisaje amoldándose a cada detalle de las víctimas. [...] En sus cobijos los cuerpos se descompusieron», se puede leer en la obra de Harris.

  3. «Un lugar llamado libertad»: en las minas del XVIII

    «Un lugar llamado libertad» es una de las novelas más breves del popular escritor británico Ken Follet, pues apenas cuenta con 400 páginas. Sin embargo, es esa característica la que hace del libro una obra única. Y es que, imprime al texto un ritmo vertiginoso que no tienen otros de sus libros más vendidos como la saga de «Los pilares de la Tierra».

    Más allá de esta característica, la obra se conforma alrededor de multitud de personajes. Entre todos ellos destaca Malachi McAsh, un joven escocés que nace en el seno de una familia de esclavos dedicada a la minería. A través de él, Follet adentra al lector en una mina de carbón del siglo XVIII y le explica desde su importancia en la economía de la época, hasta cómo se trabajaba bajo tierra en los primeros instantes de la Revolución Industrial.

    Lo determinante que eran estas minas lo corrobora Evaristo Álvarez Muñoz en su obra «Filosofía de las ciencias de la tierra: el cierre categorial de la geología»: «La Revolución Industrial se basó en la producción masiva de acero a partir del hierro y el carbón. […] Aquellas regiones de ]...] Escocia en las que abundaban los depósitos de hierro cerca de importantes paquetes de carbón se convirtieron desde 1760 en potencias industriales».

    Junto a McAsh destaca también el personaje de Lizzie Hallim, una joven procedente de una familia adinerada en la que los años de bonanza económica han tocado a su fin.

    Junto a ambos, el lector pasa por Escocia, Londres y Virginia Colonial. Recorrido en el que también queda un hueco para narrar las ideas que, a la postre, resultarían en la Revolución Americana.

  4. «Aléxandros»: el conquistador de conquistadores

    Alejandro III de Macedonia murió joven, pero vivió deprisa. En solo 13 años de campañas militares, levantó uno de los mayores imperios en la historia de la humanidad: afianzó su poder en Grecia, conquistó el imperio Persa y se hizo con un dominio que se extendía por Egipto, Anatolia, Oriente Próximo, Asia Central y se detenía a las puertas de la India. Y paraba ahí no por falta de ganas, sino de aliento y de recursos. Cuando finalmente murió, a los 33 años de edad, a su espalda dejó 70 ciudades fundadas (50 con su nombre) y un imperio demasiado grande para permanecer en manos de un mismo soberano. ¿Cómo conquistó una extensión de terreno tan grande? ¿Tuvo miedo de fracasar Alejandro Magno? ¿Había pensado la manera de que su imperio perviviera tras su muerte?

    Nadie puede ya contestar estas preguntas, solo especular con las fuentes disponibles. Valerio Massimo Manfredi, arqueólogo y escritor, está especializado desde hace años en novelas ambientadas en la antigüedad y en cuidar la documentación histórica a niveles obsesivos. En su obra dedicada al conquistador macedonio relata la vida de un hombre implacable que luchó por un poderoso sueño: convertir el mundo conocido en una sola nación bajo su mando. Desde su infancia a la sombra de una personalidad brutal como la de Filipo II, al histórico destino de derrotar al poderoso Darío, rey de los persas. No en vano, «Aléxandros» es también la historia de amor de Alejandro y Roxana, la única mujer que pudo salvarlo de la terrible soledad.

    Una novela por la que desfila toda una suerte de personajes secundarios tales como los compañeros de armas de Alejandro y los generales que heredó de su padre. El más célebre Rey de Macedonia completó el sueño inacabado de su padre y, quizá, lo arrastró más lejos de lo que éste hubiera imaginado. Para ello se valió de sus oficiales, entre ellos Antípatro, que fue designado por Alejandro para custodiar Grecia en su ausencia; Éumenes de Cardia, secretario de Filipo II y hombre de confianza de Alejandro; Parmenión, el principal general durante las grandes batallas contra el Imperio persa; y Clito el Negro, que también estuvo presente en las primeras fases de la campaña.

    Por su parte, entre los hombres de confianza de su misma generación destacaron por su importancia en las fechas próximas al fallecimiento del gran conquistador: Hefestión, amigo de la infancia de Alejandro; Crátero, el que más veló por la familia del conquistador a su muerte; Ptolomeo, fundador de la dinastía que reinó en Egipto hasta la llegada de los romanos; Seleuco, el fundador del Imperio seléucida, Pérdica, comandante de la caballería macedonia; o Lisímaco.

  5. «La canción de Mbama»: sobrevivir al terror en Guinea Ecuatorial

    Tras el tratado de San Ildefonso (1777) y El Pardo (1778), Guinea Ecuatorial pasó de manos portuguesas a españolas. Al principio como colonia, pero a partir de 1956 como una región de España con el nombre de Provincia del Golfo de Guinea. Y ya entonces empezaron a surgir tímidamente los primeros movimientos independentistas en el país, como el liderado por Acacio Mañé Ela. Para cuando en 1968, bajo la presión de los nacionalistas ecuatoguineanos y de las Naciones Unidas, España anunció que concedería la independencia el país africano ya contaba con un alto nivel de autogobierno.

    El escritor Javier Reverte, un enamorado de África, ambientó su novela «La canción de Mbama» en el tumultuoso periodo que transcurrió tras la descolonización española. El protagonista de esta tragedia es Luis Urzaiz, un joven médico navarro lleno de ilusiones, que desembarcó en África cuando todavía era una colonia. Cuarenta años después, un decepcionado y agotado médico permanece en el país mientras la salida de los españoles provoca un primer derrumbe y un viejo enemigo suyo, Teodosio Mbama, el jefe de la Policía del Congo, regresa para vengarse.

    En paralelo a la historia del médico español, se produce la proclamación de independencia por parte del presidente Francisco Macías y, en 1969, un golpe de estado contra su gobierno en el que se acusó a los españoles de ser cómplices de la intentona golpista. Siete mil españoles tuvieron que salir de Guinea, entre ellos la mujer del médico protagonista de la novela. A partir de esta fecha se instaló en Guinea un régimen de terror en el que Luis Urzaiz debe sobrevivir como puede. No obstante, en 1979 se produjo un nuevo golpe de Estado, el del coronel Teodoro Obiang, sobrino de Macías, que inició una nueva etapa de terror, alejándose progresivamente de la cooperación con España y aproximándose a Francia y Estados Unidos. Con Obiang en el poder, Luis Urzaiz vuelve a España.

  6. «Inés del alma mía»: una pionera perdida en Chile

    La extremeña Inés de Suárez fundó Santiago de Chile junto a Pedro de Valdivia y mantuvo una relación considerada escandalosa con este conquistador. En «Inés del alma mía», Isabel Allende relata su vida y su relación con Pedro de Valdivia y los obstáculos que tuvieron que superar.

    Tras quedarse viuda de su primer marido, un aventurero que llevó a su mujer consigo al otro lado del Atlántico, conoció a Pedro de Valdivia e inició algo más que una amistad con él, mientras la esposa de Valdivia, Marina Ortiz de Gaete, esperaba pacientemente en España. Cuando a finales del año 1539 Pedro de Valdivia inició su expedición a Chile, Inés no dudó en acompañarlo previa autorización del explorador Francisco Pizarro. Inés viajaría como sirvienta de Pedro para no escandalizar a la Iglesia, lo cual hizo igualmente. La principal ocupación de Inés durante las refriegas y enfrentamientos con los caciques locales fue la de asistir a los heridos y a las tropas.

    En uno de los episodios más oscuros de la conquista de América, la joven convenció a los conquistadores españoles para decapitar a los siete caciques que habían conseguido capturar y lanzar sus cabezas a los enemigos para amedrentar sus ánimos. Inés y Pedro de Valdivia mantuvieron una relación que se alargó más de diez años, aunque ni la Iglesia ni el virrey aceptaron aquella situación en ningún momento. Finalmente obligaron a Pedro a traer a su esposa a América. La extremeña también se vio obligada por la presión social a casarse por segunda vez, siendo el elegido el capitán Rodrigo de Quiroga, con el que terminaría sus días lejos de las contiendas militares de su juventud.