Rosario Toledo, bailaora
«En Casa Castillo ponen unos guisos que no es normal lo bueno que están»

Cuando paseo por la parte parte nueva de Cádiz, cerca de la playa de La Victoria, me gusta parar en La Marea y degustar un buen marisquito -gambas, cañaíllas…- y su cerveza helada. Es un sitio ideal tanto para comer sus arroces en mesa como para degustar las tapitas en la barra.

Cerca de allí, en La Despensa, se come muy bien, ya que se dedican a la cocina mediterránea; lo mejor, las ensaladas, las carnes y los pescados.
En la zona de la Bahía, suelo parar en un embarcadero que es muy barato y ponen unas gambas buenísimas.
En Cádiz centro, suelo ir al Faro, en la calle San Félix, donde mis padres celebran cada año su aniversario. Nos hartamos de comer y nos tratan muy bien siempre; además, es un sitio donde se tapea de escándalo.
Antes de ir al Faro, hay que hacer una para en El Manteca, en calle del Corralón de los Carros, para probar sus exquisitos chicharrones.
En la calle Zorrilla, en Casa Castillo, ponen unos guisos que no es normal lo bueno que están; son de olla, de los de toda la vida y lo bueno es que también los sirven por tapitas.
Muy cerca, en la Alameda, está Balandro, un sitio más alternativo, que hace cocina mediterránea fusión.
Anécdotas he tenido muchas, ya que empecé a bailar muy jovencita en la academia de Eva González. Ella y Charo Cruz fueron mis maestras y con 13 ó 14 años ya trabajaba en fiestas privadas en restaurantes. Una noche, en el Ventorrillo del Chato, nos pusieron de comer antes de actuar. Todo estaba tan bueno, las tortillitas de camarones, las croquetas… que me harté de todo y me dio un ataque de hipo que hasta me atraganté.